El trabajo a través del cristal del rock

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Bob Dylan, un gran trabajador, siempre ha abordado el tema del trabajo con onocimiento y lucidez. 

Por CARLOS DEL RIEGO

El Día del Trabajo. Eso que (casi) todo el mundo desea para disponer de efectivo cuando se mete la mano en el bolso, pero también eso que tantas veces es el ‘puñetero’ trabajo. La esfera del rock, claro, no ha dejado de reflexionar sobre el asunto.

Hace años en una entrevista le preguntaron a un veterano actor italiano si la suya era una profesión dura, a lo que él respondió que sí, que muchas veces tenía que repetir la misma escena ochenta veces, que otras tenía que besar hasta la saciedad a una mujer que apestaba a ajo, que abrazar fraternalmente a un actor con el que se llevaba fatal, que rodar semidesnudo con temperaturas bajo cero o estar a cuarenta grados durante horas…, y finalizaba el artista su explicación con un elocuente “el cine es una profesión dura, pero cualquier cosa antes que trabajar”. Es una forma de entender que el trabajo, como prácticamente todo en este mundo, es algo muy relativo e incluso contradictorio, pues en no pocas ocasiones se mantiene con él una relación de amor-odio. En el hábitat de los músicos de rock, que no dejan asunto sin tratar, son abundantes las diferentes perspectivas que se ofrecen acerca de lo del ‘curro’.

Beatles, infalibles, frecuentaron este terreno. Inevitable es el ‘A hard days night’ (1964), una auténtica pieza maestra de la cultura del siglo XX con una letra divertida, despreocupada y positiva: “Después de trabajar como un perro (…), debería dormir como un tronco, pero cuando llego a casa contigo me encanta lo que haces, así que ¿por qué demonios tendría que quejarme?”; el mensaje es evidente: si tienes trabajo y amor no protestes. John Lennon, ya en solitario, tocó la cuestión con un tono más bien derrotista en el ‘Working class hero’, publicado en su Lp de debut en solitario en 1971; transmite la idea de una vida deprimente en la que (alguien) te necesita para que trabajes y produzcas, y te mantiene drogado con religión, sexo y televisión, de modo que aunque creas lo contrario “eres un puto paleto” y sólo puedes aspirar a ser un héroe de la clase trabajadora. ¡Lennon en estado puro!

Eso de ganarse el pan con el sudor de la frente es cuestión recurrente en el ideario del  cantautor clásico, siempre atento a denunciar las injusticias que sufren obreros, jornaleros y asalariados en general. Bob Dylan lo hizo varias veces, como en ‘Maggie´s farm’ (1965), uno de los títulos imprescindibles de su repertorio. Configurada más como blues, esta ‘granja de Maggie’ es algo así como una representación de los males que asolan a la sociedad occidental (según él): el estado opresor, el racismo, el capitalismo explotador… Como casi todas las composiciones del Premio Nobel de Literatura (¿), su letra es kilométrica; empieza con un rotundo “no voy a trabajar más en la granja de Maggie”, sigue explicando que “es una vergüenza cómo me hace fregar el suelo”, y luego va describiendo cómo lo tratan el hermano, el padre y la madre de Maggie en la dichosa granja. En medio de la primera estrofa deja caer un enigmático “tengo la cabeza llena de ideas que me están volviendo loco”, y al final denuncia: “te dicen que cantes mientras trabajas como un burro”. En todo caso, Dylan sí que ha trabajado duro, escribiendo, grabando y embarcado en una gira interminable.

¡Cómo no!, The Clash, por boca de su compositor más combativo, Joe Strummer, también dejó su sello en una materia tan sensible como esta. En su primer Lp (1977) aparecía la potente y agresiva ‘Carrer opportunities’, en la que señalan las malas condiciones de curro de los jóvenes y sus negras perspectivas (aunque también tiran contra la policía y el ejército); dice que le ofrecen trabajar en una oficina, en una tienda, como conductor de autobús o de ambulancia, como revisor…, pero “las oportunidades de empleo nunca llegan, los trabajos que te ofrecen son para deshacerse de ti”; finalmente sueltan un resignado “ok, no tengo elección”. En el mismo disco estaba la fugaz (dura minuto y medio) ‘48 Hours’, en la que trataban de describir la angustia del chaval que ‘sólo’ tiene 48 horas para divertirse, sábado y domingo, antes de volver el lunes al tajo (¡pobres, es terrible!), y por eso buscan la diversión rápidamente, desesperadamente, ya que “el lunes viene como una cárcel sobre ruedas”.

Las pizpiretas Bangles, en su ‘Manic Mondays’ (compuesta en 1986 por Prince, quien tenía un don para idear melodías atractivas con muy poco) también presentan la visión juvenil del mal rollo que supone volver a madrugar, a la rutina del trabajo, a las obligaciones… después de la diversión y la fiesta en la cama con Valentino.

Springsteen (que siempre ha mostrado gran inquietud por la problemática del ‘currante’) propuso en su ‘Working on the highway’ (1984) una reflexión sobre cómo el trabajo puede resultar agobiante, cómo puede atrapar e incluso desesperar al que desea algo mejor pero no sabe cómo salir de ahí; luego la letra de la canción gira y se convierte en la huida con la chica, la detención, el juicio, la cárcel…, todo ello insertado en un ritmo vivaracho y alegre que contrasta con lo filosófico del texto. Los hay que se contentan con que los versos rimen, pero este hombre es capaz de contar hasta dos historias completas en una sola canción.

El evocador ‘Takin’ care of business’ (1974) de los canadienses Bachman Turner Overdrive  describe al típico ‘currito’ que se levanta a primera hora, se echa a la calle y camina maquinalmente hacia el metro, siempre igual, la misma gente, el mismo curro…, y mañana otra vez; sin embargo, deja un resquicio a la esperanza: “Consigue una guitarra, siempre hay oportunidades”. Podría añadirse que sólo hay que buscarlas.

El mismo trabajo puede ser una bendición para unos y un castigo para otros. En cualquier caso, ¿cómo resultará el trabajo de estrella del rock?

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