“Perros que duermen”. Juan Madrid

Perros que duermen
JUAN MADRID
Alianza Editorial. Madrid, 2017

Cuando acaban de celebrarse las primeras Jornadas de Negro en Astorga, y mientras se acerca la Semana Negra de Gijón (7 al 16 de julio de 2017), el escritor leonés Luis Artigue reseñará algunas de las novedades más interesantes, a su juicio, del género negro. Comienza por la última novela del escritor malagueño Juan Madrid, recién salida de imprenta: “Perros que duermen”.

Por LUIS ARTIGUE

Es la frialdad analítica del detective sobre un neblinoso fondo de misterio permanente, y algo más: la novela negra que uno prefiere siempre es la que se lee en perpetuo estado de tensión moral…

En su versión más pura, o menos contaminada por otros géneros, hoy la novela negra americana de estilo seco y personajes estereotipados diciendo frases agudas, y la racional novela negra enigma inglesa, y hasta la atmosférica novela negra sueca tienen su sello propio intransferible, identificable, y que, además, ha calado en el público lector.

Teniendo en cuenta esto no han sido pocos los intentos de conseguir, y creo que se ha logrado, una novela negra española con marchamo propio.

Tal conquista, saltándonos precedentes como García Pavón o Emilio Lacruz, empieza a culminarse definitivamente con Manuel Vázquez Montalbán y González Lesdesma, pasa por Andreu Martín, JM Gelbenzu, Lorenzo Silva, A. Giménez Bartlett y por ahí todo seguido, y ha cobrado un renovado vigor por parte de las últimas generaciones de escritores. Pero es justo y apreciativo (el reconocimiento es un terreno contiguo al agradecimiento) poner ahora en valor entre todos el nombre de ese maestro purista, pionero e inasequible al desaliento que es Juan Madrid (Málaga, 1947), cuando acaba de publicar la que quizás sea su más elaborada, certera y absorbente novela hasta la fecha: “Perros que duermen” (Alianza Editorial).

Se trata, lo anticipo, de una obra maestra del noir histórico hispánico cargada de genio prosístico trasparente, de tensión dramática, de finura ideológica, nervio, militancia y talento para el matizado retrato de una época –los años de plomo del siglo XX- y de las cicatrices que nos ha dejado a todos esa ensangrentada época.

Pero, más allá aún de la trama en tres planos (Burgos, 1936-37: Dimas Prado, falangista herido en el frente, recibe el encargo de eliminar los restos de un asesinato sórdido, el de un no identificado líder del Nuevo Estado, y en las pesquisas conoce a Ana, una viuda confidente con doble cara y trasfondo turbio; Madrid, 1945: los falangistas averiguan que Franco va a prescindir de ellos, y Dimas Prado se pone manos a la obra para reconstruir el crimen de 1936 con el objetivo de devolverles la traición a los franquistas; y Madrid 2011: los supervivientes de Prado y Ana se reúnen para intentar completar el puzle de sus vidas-, y más allá también de ese personaje Juan Délforo recurrente en la obra de Juan Madrid y trasunto del autor, destaca en estas páginas el talento compositivo para recrear con prosa cristalina esa época de la guerra civil española y la posguerra con su estética, sus colores, sus gentes, su atmósfera y sus extremas vicisitudes ideológicas repletas de implicaciones que nos conciernen…

La novela, como algunos best-seller de los años 80 –por ejemplo Dios salve su alma de Morrist West-, empieza con una herencia (la de ese comisario y viejo falangista llamado Dimas Prado que Juan no conoció) que el protagonista, el periodista y escritor Juan Délforo, acepta y, al aceptarla, está aceptando formar parte de una historia. ¿Por qué quiso el viejo comisario como última voluntad que Juan Déloro heredara su historia? Esa herencia situará a Juan Délforo en el centro accidental de un inquietante viaje familiar de regreso a la guerra civil y la posguerra que marcaron nuestro siglo XX (esta novela es en esencia una intrigante fabulación histórica que no oculta en ningún momento los oscuros retazos de realidad, y hasta de realidad personal del autor, en los que se inspira).

Como en La novela número trece de Francisco García Pavón, pero con el impulso de las novelas de postguerra de Ramón J. Sender y Max Aub, tras ese encuentro inicial que da arranque a la trama la novela se convierte, ya digo, en una intriga negra sobre la dignidad republicana en el marco de la guerra civil: todo un logro de precisión narrativa y de depuración formal que usa la analepsis y los diferentes grados de ficción con naturalidad virtuosa para, en definitiva, hacernos saber, o recordarnos pertinentemente, que en este país hubo y hay perros que muerden, los cuales a menudo se confunden con perros que duermen.

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Juan Madrid. © Fotografía: Andrea Abril.

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