Excusado público

Marcel Duchamp. “Mile of string” (1942).

Por LUIS GRAU LOBO

Con tanto milenario, centenario y cumpleaños redondo o redondeado, se nos pasan algunos más discretos pero no menos trascendentes. En 1917, Marcel Duchamp ponía ante los ojos de la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York, y ante el mundo, un urinario bajo el título de “Fuente” que habría de convertirse en la puerta de entrada a buena parte del arte del siglo XX y lo que llevamos del presente. Un gesto a la altura de la toma del Palacio de Invierno (más centenarios…) que, pese a ser censurado de inmediato, nadie pudo desactivar. Hasta ahora.

Han pasado cien años, lo que, según cierta legislación de Patrimonio cultural, convierte aquel retrete en obra a conservar aunque no hubiera sido exhibido como arte, aunque hubiera sido y servido como un mingitorio desde siempre y hasta hoy. Su mera pervivencia hasta el presente lo trueca en objeto patrimonial y cultural. De hecho, cualquier urinario centenario lo es, aunque algunos tienen más valor, sobre todo si se manifiestan “performativamente” con la debida oportunidad. Don Marcel tenía razón, por supuesto. O tal vez no, y es solo el tiempo el que la tiene.

Duchamp, mejor pensador que artista, quizás no acabó de sopesar el carácter fundacional de aquel gesto, acaso en su momento más una invectiva personal (todo es personal) que una proposición teórica de calado, pero su retrete vertical ilustraba la pregunta que él mismo formularía después con la fuerza de un icono categórico: ¿se pueden hacer obras que no sean de arte? Décadas más tarde, el último chamán del arte de vanguardia, Joseph Beuys, afirmaría que “cada individuo es un artista”, cerrando el círculo en que se encierra y despliega la imaginería de nuestra centuria, para bien y para mal.

Objetos encontrados (readymades) y cadáveres exquisitos hay por doquier, tan solo hace falta darse una vuelta, sin ánimo exhaustivo, por cualquier museo o galería de arte para percatarse del abuso de aquel inexcusable gesto del excusado que ha poblado esos espacios con toda suerte de hallazgos, invenciones y ocurrencias más o menos afortunadas. El tiempo inclemente pondrá en su lugar a la mayoría, ya que nosotros no podemos hacerlo por culpa de don Marcel. Como ya sucediera en otras épocas de la historia, hemos depositado nuestra capacidad de juicio artístico en manos de expertos que aún siguen hablando de la democratización del arte como si tal cosa tuviera un sentido o la cultivaran. La creación de nuestros días, tanto en las artes plásticas como en otras muchas, saquea el baúl de la historia para que el espectáculo continúe haciendo caja, de la misma manera que las demás industrias del entertainment lo hacen con todo fruto cultural aún jugoso o ahumado. El pasado y sus “fuentes”. Lo antaño revulsivo hoy es simple refrigerio, capaz de tan momentáneo pero necesario alivio como el que presta un urinario en el momento preciso. Así que pasen cien años.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 12 de noviembre de 2017,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

Tania Bruguera, putting Duchamp’s Fountain back into use at Queens Museum of Art.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: