La humana fragilidad de los astros del rock&roll

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Resulta difícil aceptar que ‘Manolenta’ esté perdiendo el control de sus manos.

Por CARLOS DEL RIEGO

A la sucesión de músicos de rock que saltan a las páginas de la prensa por su retirada definitiva de la música y de la vida, se unen los anuncios de enfermedades incapacitantes de grandes nombres. Todo ello es muestra de su humana fragilidad.

Inquietante es el rosario de bajas que está afectando al rock & roll y su entorno. Entre las más recientes está la súbita muerte de la cantante de The Cranberrys, Dolores O’Riordan, y también la de los menos conocidos Mark E. Smith, del excelente aunque desconocido grupo británico The Fall, la del que fuera batería de Judas Priest Dave Holland, la de Jim Rodford, que integrara bandas como The Kinks o The Zombies, o la del trompetista sudafricano Hugh Masekela, que participó en el histórico festival Monterey Pop…, por citar sólo los fallecidos en los últimos días de enero del 18.

Pero es que, además, otros grandes nombres de la historia del rock anuncian su pérdida irreversible de facultades. Hace unos cuantos meses el gran Keith Emerson, teclista de Emerson, Lake & Palmer, se pegó un tiro cuando comprobó que sus manos ya no le obedecían y que, irremisiblemente, la cosa iría a peor (su compañero Lake le siguió, aunque por causas naturales). Pues algo parecido le está sucediendo a otro músico superlativo como es el legendario guitarrista Eric Clapton. Como todo interesado sabe, el conocido como ‘Mano lenta’, de 72 años, anunciaba recientemente en una entrevista que padece diversas dolencias que, poco a poco, terminarán por apartarlo definitivamente de la interpretación. Explicaba el artista que se está quedando sordo, algo que ya lo alejaría definitivamente de escena; pero es que además sufre neuropatía periférica, que le produce sensación de descargas eléctricas en las extremidades inferiores y, como él dice, “la mayor parte del tiempo mis manos apenas funcionan”, y por si fuera poco, padece lo que se conoce como acúfenos, un mal que consiste en escuchar todo tipo de sonidos (desde zumbidos hasta estruendos) que sólo están en su cabeza. Tal vez los excesos con los que castigó su cuerpo durante dos décadas le estén pasando factura. En todo caso, ¿qué puede ser peor para un guitarrista o un pianista que perder el gobierno de sus dedos? ¿Volverá a escucharse a Eric Clapton interpretar en vivo la prodigiosa entrada de ‘Layla’?

También acaba de conocerse que el neoyorquino Neil Diamond (77 años), uno de los autores más exitosos de la historia del pop y el rock, se ve obligado a abandonar los escenarios porque padece el mal de Parkinson. Aunque muchos puristas nunca han sabido reconocer sus innumerables virtudes, basta echar un vistazo a los títulos que llevan su firma para que se imponga la evidencia: pop y rock, pero también con otros géneros como el reggae, el funk o el jazz, Neil Diamond ha logrado clamorosos números uno en todo el mundo; por no hablar del ‘pequeño detalle’ de que ha despachado más de 120 millones de discos a lo largo de las últimas seis décadas, y que muchísimas grupos y solistas del más variado pelaje han grabado versiones de su temas. Hace unos días el propio artista comunicó que la enfermedad le obliga a dejar el directo “tras un viaje de más de cincuenta años”, aunque afirma que seguirá componiendo y grabando. Desgraciadamente, el autor de maravillas como ‘Sweet Caroline’, America’, ‘Play me’, ‘Girl, you´ll be a woman soon’, ‘Red red wine’, ‘Kentucky woman’, ‘I am a beliver’…, poco a poco irá perdiendo facultades, ya que los síntomas (temblores, desequilibrios, descoordinación, lentitud de movimientos, rigidez) suelen ir a más.

¡Qué humanos son, después de todo, esos que a ojos de la mayoría parecen estar siempre en un pedestal y vivir en un sueño! En realidad, la diferencia entre quien tiene verdadero talento para la creación artística y el resto de los mortales está en lo que queda después de su muerte, pues la mayoría del personal será olvidado en unos cuantos años, mientras que quien deja obras de arte con mérito vivirá en la mente de todo aquel que se asome o revise esas obras sin importar el tiempo transcurrido.

Si alguna vez se sintieron indestructibles en el Olimpo del rock, si alguna vez sus admiradores los vieron como si fueran seres superiores, unos y otros ya se habrán dado cuenta, sin duda, de que incluso las grandes estrellas son tan frágiles como el más común de los habitantes de este planeta.

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