Félix Fradejas: “La ola de conservadurismo que vivimos es preocupante”

Félix Fradejas, director Ghetto 13-26. Fotografía: Juan A. Berzal.

La compañía Ghetto 13-26 ha estrenado en el XIX Festival de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC) el espectáculo Underground, una versión de la obra El Público de Federico García Lorca. Un montaje complejo, libérrimo, con poderosas imágenes y símbolos envueltos en la poesía lorquiana que, en ocasiones, superpone ficción y realidad. Su director, Félix Fradejas, afirma que llevar a las tablas esta pieza es uno de sus sueños sobre los escenarios y declara que detrás del juego de máscaras, detrás del deseo, detrás de las dificultades sobresalen el amor, la homosexualidad, un teatro contemporáneo y una sociedad abierta frente al conservadurismo que baña la actualidad.

Por ISAAC MACHO

—Primero fue “Bodas de Sangre”, ahora una versión de “El Público”. ¿Con esta adaptación se ha cumplido uno de los sueños de Ghetto 13-26?

—¡El primero! Desde que conocí El Público hace más de 20 años, en una versión que hizo Nina Reglero en la Escuela de Arte Dramático me quedé entusiasmado con la enorme poética de Federico García Lorca. De hecho, empecé a apreciar su obra a partir de El Público porque había visto Yerma, Bodas de Sangre y me parecían textos costumbristas, aunque luego vas escarbando y ves que se esconden muchos aspectos más de los que aparecen a simple vista, como ocurre con cualquiera de los clásicos. El Público es la obra cumbre y, además, uno de los leitmotiv de nuestro trabajo. Aunque a todos nos gusta, lógicamente, el éxito, la intención es huir de la condescendencia. No nos interesa. Que me digan que este espectáculo es mejor o peor, me da un poco igual. Quiero, sobre todo, que los mensajes golpeen al espectador.

—Aseguraba García Lorca que esta obra no la entendería la gente de su época. ¿Crees que en la actualidad sí la comprenden los espectadores?

—Tengo la sensación de que estamos peor que cuando la escribió. En un aspecto, no, desde luego, porque tenemos la tecnología al alcance de la mano y disponemos de otras sensibilidades que nos hacen percibir la vida más abierta, pero la ola de conservadurismo que vivimos es preocupante. En el ámbito cultural, no hay hambre, no hay necesidad de aprender, nada… ¡Qué pena! Yo creo que nuestro montaje es comprensible si tenemos en cuenta que Lorca lo planteaba de forma mucho más surrealista. Todas las versiones de El Público que he visto tenían esa carga incomprensible de texto inacabado y desde Ghetto hemos intentado suavizar esa apreciación.

—Lo primero que llama la atención de “Undeground” es que se mueve en un gran campo de experimentación. ¿Cuáles son las dificultades del montaje?

—A grandes rasgos, las dificultades son las de todos los montajes: el tiempo, la escasez de medios, la dedicación… los actores hacen de todo para sobrevivir y en esas condiciones confieso que no es fácil acometer una obra de la complejidad que tiene el original de El Público. Si a eso añadimos el déficit de infraestructuras, la verdad que las cosas se complican. Cuando nos planteamos este proyecto lo más complicado fue darle la vuelta a la propuesta escénica ya que habitualmente otras versiones, no todas, edulcoraban la poética de Federico García Lorca y yo quería evitar esa deriva. Es evidente que la poética del autor granadino es incuestionable pero mi intención era no echarle más azúcar a la pieza sino al revés, más vinagre. Costó un poco que los actores entendieran el proceso de pasar de una estética tan vieja a otra tan renovadora, contemporánea, pero al final logramos estar identificados con ella. Humildemente, creo que ha funcionado.

El actor Santiago Blanco durante la representación de “Underground”. Foto: Juan A. Berzal.

—¿Consideras que el teatro del futuro pasará por esta fórmula escénica basada en los símbolos, el juego de la máscara, la farsa?

—No sé si realmente es el teatro del futuro o es el teatro de siempre. El teatro es una combinación de elementos y todos hemos admirado espectáculos muy interesantes y al mismos tiempo sencillos. Cuando existía la añorada Muestra Internacional de Teatro de Valladolid asistí a un montaje de la compañía italiana Piccolo Teatro di Pontedera titulado “25 Uomini”. Su puesta en escena se reducía a un actor, una rejilla de alcantarillado y un foco. Hablaba de la libertad de los presos en las cárceles de Brasil. Eso me abrió la mente: un discurso y un objeto son suficientes para experimentar y mezclar símbolos, contextos y contenidos que emocionen al espectador.

—“Underground” reúne todo eso…

—El hueco que vimos en El Público es que nos permitía hablar de muchos planteamientos a la vez: la homosexualidad, los muertos de las cunetas, la lucha del teatro comercial con otras ofertas de mayor necesidad personal… Eran aspectos a los que podíamos añadir la poética maravillosa de García Lorca. Otro aliciente era que este montaje nos permitía descuadrar todo, romper las cuatro paredes del drama.

—Llama la atención la idea de Lorca –y la versión de Ghetto– de romper con el teatro convencional a favor del teatro “al aire libre”…

—El teatro que Lorca propone está hecho con las tripas, por eso cuesta sudor y lágrimas sacarlo adelante. Como dice el director, en la obra, cuesta la vida a todos sus intérpretes, ese es el teatro verdadero, en mi opinión. Evidentemente, esto no deja de ser un negocio y, a veces, tienes que trabajar para sobrevivir o intentar que no haya pérdidas para lo que necesitas al público. Pero si no hay un deseo de crecer como artistas al final no te conviertes en un artista, te transformas en una factoría de entretenimiento, totalmente lícita, por otro lado, pero para nosotros nada sugestivo.

La actriz Clara Parada en primer plano durante el espectáculo “Underground”. Foto: Juan A. Berzal.

—“Underground” rezuma amor por los cuatro costados…

—La obra original de Lorca nunca plantea el amor, presenta la homosexualidad masculina pero no la femenina, un asunto que para la época, cuidado, era impensable… Puestos a introducir innovaciones, decidimos jugar con todos los personajes y cambiar su rol. Cristo en el texto inicial era un hombre y en Underground aparece una mujer; Federico García Lorca se mostraba dentro de la escena y también lo hemos situado fuera, como director; el amor libre se manifiesta en toda su libertad, mujeres y hombres entran y salen del armario cuando y como quieren. Para mí, es una de las escenas que más me gusta, aunque sea una decisión que corresponde juzgar el público.

—En la adaptación, juegas constantemente con situaciones que transcurren entre la realidad y la ficción… ¿Cuál es la lectura?

—Es una dimensión en la que llevo pensando años. Me motiva mucha que los actores tengan doble personalidad, que, unas veces, hagan teatro y, otras, no. Lo hemos incorporado al equipo de trabajo desde el comienzo de los ensayos. Son gestos sine que non, imprescindibles, para entender el espectáculo que montamos a partir de El Público. Es una particularidad escénica que no suele utilizarse mucho en los espectáculos, pero aquí hemos querido que sea un pilar fundamental.

El actor Pablo James en “Underground”. Foto: Juan A. Berzal.

—¿”Underground” es “un teatro imposible” como el mismo Lorca calificaba a “El Público”?

—Se dice que cuando Lorca regresó del viaje de Nueva York y Cuba enseñó los bocetos del texto de El Público a los más allegados y la respuesta fue variopinta. Algunos amigos le reprendieron: dónde vas con eso, eso es imposible que lo hagas, guárdalo, tíralo… y que incluso colegas homosexuales se sinceraron para indicarle que su escrito teatral no tenía futuro. Hubo, no obstante, personas que dieron su aprobación más efusiva. Esas diferencias artísticas se han visto en todas las épocas. Pasaba también con Brecht o Valle-Inclán de quienes se afirmaba que sus textos eran novelas irrepresentables. Estamos hablando de hace 83 años en una España en la que, imagino, las visiones del teatro europeo surrealista eran muy diferentes. Nos daban lecciones por todas partes tanto desde el punto de vista literario como escénico. Yo creo que cualquier obra puede representarse si encuentras el cómo hacerlo.

—¿Qué tiene Ghetto en común con el teatro de Lorca?

—No quería yo llegar tan lejos… Honestamente, lo que intentamos hacer con las obras de García Lorca, caso de Bodas de Sangre o El Público, es escarbar e intentar encontrar qué razones le movían a él para escribirlas. Tampoco soy tan iluso como para pensar que él iba a dar como definitivas las adaptaciones que nosotros hemos realizado. Sería estúpido, absurdo y pretencioso. Partimos de algo tan sencillo como procurar ser honestos con nosotros mismos y probar que el discurso que queremos contar esté dentro de unos parámetros escénicos innovadores. La ventaja que tiene el teatro es que cualquier obra de arte es 100% interpretable y no existe una fórmula cerrada.

Una escena del espectáculo “Underground”, de Ghetto 13-26. Foto: Juan A. Berzal.

—Entre la variedad de planteamientos que incluye el espectáculo, Ghetto 13-26 reivindica desenterrar a los muertos que continúan en las cunetas

—Llevaba años dándole vueltas y nunca me había atrevido porque necesitaba un elenco enorme, pero viendo El Público dirigido por Álex Rigola el año pasado en el teatro Calderón de Valladolid me di cuenta de que Federico García Lorca es el verdadero protagonista de la obra. Es él quien habla consigo mismo, él encarna al actor y al director: no hagas esto, haz lo otro, comprométete, mójate, búscate la vida, métete en el fango hasta la cintura… Era el poeta granadino luchando con su homosexualidad, unas veces de cara a la galería, otras, para salir o entrar en el armario, teatro y deseo en el juego a través de las máscaras. Recordé que Lorca seguía sin encontrarse, continuaba debajo de la arena, debajo de la tierra. Me parecía que lo interesante de nuestra propuesta era reivindicar las víctimas, la necesidad de que emerjan las personas desaparecidas. Luego nos pusimos en contacto con los componentes de la asociación de la Memoria Histórica y recogimos sus puntos de vista. En Underground apenas pudimos utilizar una parte de la grabación por lo que tenemos la idea de elaborar una pieza sonora para colgarla en la red y que la conozcan quienes lo deseen.

—Con qué facilidad sacamos el hacha de guerra los humanos…

—¡Tremendo! Con los años, te crees que conoces la historia de la guerra civil, pero la realidad es que luego te das cuenta de que los motivos por los que se produjeron tantos enfrentamientos eran absolutas tonterías. No es la supervivencia de un pueblo, es la lucha por el poder político o socioeconómico, gente que no quería perder los privilegios y una parte del pueblo estaba harta y decidió que también quería un trozo del pastel. Eso es lo que dio pie a la guerra, un sinsentido que se ha prolongado hasta ahora y que tiene a miles de personas bajo tierra en las cunetas.

—¿Hasta cuándo?

—Mientras haya personas en el poder que piensen que esta reivindicación es puro revanchismo no tenemos nada que hacer. Lo curioso del caso es que tampoco es una cuestión de ideología política ya que la Junta de Castilla y León, por ejemplo, está dispuesta a sacar a los muertos de las cunetas y lleva las siglas del PP. Más bien parece un tema de sensibilidades. Me parece estúpido considerar que esta demanda está orientada a reabrir heridas, a escarbar en el pasado. Todos queremos ver enterrados a nuestros padres, a los hijos, a los familiares…y es un anhelo universal que todo el mundo aspira a saber dónde están sus seres queridos. Es de justicia.

La actriz Marta Ruiz de Viñaspre en “Underground”. Foto: Juan A. Berzal.

—Federico García Lorca entre los buscados

—Efectivamente, uno de los más de 100.000 desaparecidos que hay en España. Y se dan otras paradojas. Los integrantes de la Memoria Histórica afirman que disponen de un centenar de cuerpos exhumados pero no saben qué hacer con ellos porque no existe voluntad política, ni de izquierdas ni de derechas, por resolver la situación. Esa forma de actuar te hace pensar en algo raro. Algo como que este asunto no da réditos políticos y se deja correr… Muy triste porque no es una cuestión política ni de bandos, se trata simplemente de la necesidad de cerrar heridas. La gente solo quiere abrazar a sus muertos, recoger unos huesos, llorar.

—Estrenado Underground, llega la hora de los programadores. ¿Qué les dices?

—¡Que despierten! A quienes velan por la cultura, concejales y programadores, les pido buena voluntad. Si la cultura sigue estancada, pudriéndose, fragmentándose y desgarrándose la culpa es de ellos. Pueden acusarnos de que los profesionales de las artes escénicas no nos arriesgamos, es lícito que alguien lo piense, pero la realidad es que hemos demostrado que nos estamos dejando la piel y que realizamos un trabajo serio. A mi juicio, hay que encontrar un lugar de encuentro entre las administraciones y el sector teatral para evitar encontrarnos con un desierto cultural más del que padecemos, que ya es decir. Es lamentable que ahora que la mayoría de las Comunidades Autónomas empiezan a despuntar, de nuevo, haya dos o tres regiones entre las que está la nuestra que mantienen ahogado al teatro. Que la Comunidad Autónoma más grande del Estado no tenga una industria audiovisual como Andalucía, Baleares, Galicia, etc. no dice nada a su favor. En Galicia, los actores viven de hacer televisión. ¡Es terrible! ¿Qué pasa, que nosotros no tenemos actores e historias que contar? La respuesta es que nuestros actores han tenido que emigrar a Madrid. Es muy lamentable que haya una máquina pública como la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León, formando actores todos los años, y realmente nos cueste tanto esfuerzo, luego, encontrarlos para trabajar en Valladolid. Lógico, por otra parte, se están buscando la vida. Es preocupante que no haya tejido cultural sostenible en Castilla y León. Y hablamos de Valladolid, pero con certeza es un oasis si lo comparamos con Palencia, Soria o Zamora, por citar otras provincias. Todos los días constatamos que no existe voluntad política ni de los programadores ni de los concejales de cultura ni de las alcaldías en reivindicar el papel de la cultura, algo básico en cualquier sociedad moderna.

 

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