Pensar el ‘Mar Menor’ desde el Arte y la Ciencia

Imagen de satélite del Mar Menor, verde por la contaminación

Por CAMINO SAYAGO

Susana Cámara Leret y María Boto Ordóñezllevan su proyecto ‘Tierra de Diatomeas’, desarrollado dentro de la Convocatoria Laboratorio 987 del MUSAC, a los cursos de verano de la Universidad de Murcia. Bajo el título ‘Mar Menor Lab: Arte y Ciencia para un paisaje en crisis’, investigarán del 11 al 16 de septiembre, en la Residencia Arbolar de Cartagena, las diatomeas que forman parte de la fisonomía de este mar, un mar de cristal que en los últimos años se ha estado transformando en una sopa verde.

‘Mar Menor Lab: Arte y Ciencia para un paisaje en crisis’ está organizado por la Universidad Internacional del Mar, y reúne a diferentes colectivos -artistas, científicos, pensadores- interesados en explorar el potencial de las conexiones Arte-Ciencia en la creación de nuevos imaginarios para el Mar Menor y su entorno.

La artista Clara Boj Tovar es la responsable de este proyecto multidisciplinar y el taller ‘Tierra de Diatomeas’ es una de las actividades ideadas para repensar el grave deterioro que padece este paraje natural, uno de los más denigrados y contaminados de la Región de Murcia.

“El Mar Menor es una laguna de agua salada, en la que acaban gran parte de los vertidos de los cultivos agrarios de Cartagena. Explotados de forma intensiva, los nutrientes facilitan la proliferación de algas que están cambiando la fisonomía del mar”, explica Susana Cámara Leret (artista e investigadora en el ámbito del arte y la ciencia). Su relato, compartido con María Boto Ordóñez (Doctora investigadora de KASK / School of Arts of University College Ghent), para comprender y responder desde una nueva perspectiva a la situación por la que atraviesa el Mar Menor, pone su foco en la investigación de las diatomeas en varias zonas de este mar de cristal, ahora convertido en una sopa verde de algas.“Las diatomeas son bioindicadores de que se está dando una alteración ecológica. Sí el medio en el que habitan se está transformando, a pesar de ser microscópicas, pueden volverse visibles. La apariencia de sopa verde del Mar Menor se debe, por una parte, a la formación de macro estructuras de diatomeas, colonias de millones de estos organismos unicelulares que se congregan en una misma masa”.

Han pasado de investigar las diatomeas de agua dulce (en su proyecto en León) a las diatomeas de agua salada. “Sobre todo nos interesa ver qué tipo de alteraciones se han dado entre especies bentónicas que habitan en el fondo de ecosistemas acuáticos como el Mar Menor y especies pelágicas que proliferan en aguas libres. Desde ahí abordaremos cómo y qué es el agua, de dónde procede mediante procesos migratorios de distintas especies y qué tipo de alteraciones se están dando, por ejemplo en zonas de puertos náuticos, donde convergen una serie de actividades que transforman las poblaciones locales a nivel microscópico. Según nos comentaba nuestro colaborador del proyecto en León, el diatomólogo Saúl Blanco Lanza del Laboratorio de Diatomología de la Universidad de León, precisamente en los puertos náuticos se constata más biodiversidad y más proliferación de distintas especies de diatomeas. Los barcos parten y regresan cargados de agua y diatomeas de otras zonas; y todo eso se vierte en los puertos y genera una zona más biodiversa.

Su propuesta se centra en desarrollar un laboratorio móvil de investigación, pensado a través de un recorrido que realizarán entre La Rambla del Beal, Las salinas, la isla de La Perdiguera y la zona de La Manga que divide el Mar Menor con el Mediterráneo. Recogerán muestras de diatomeas para su posterior análisis en un espacio temporal de trabajo habilitado por la Universidad de Murcia cerca de Los Urrutias, contando además con el apoyo del Instituto Español de Oceanografía de Murcia (Las Salinas) para el procesado de las mismas. “Vamos a experimentar con el formato de laboratorio móvil, y ver de qué manera Tierra de Diatomeas pude subsistir en distintos espacios de investigación, más allá del ámbito científico,  generando y archivando distintos tipos de contenido. Nos interesan otras formas y formatos a la hora de procesar las narrativas locales que vayamos recopilando así como pensar en su archivo y cómo podemos situarnos frente a los distintos factores que afectan el agua donde habitan las diatomeas”.

Para este trabajo cuentan con el apoyo de Marina Aboal, catedrática de la Universidad de Murcia, del laboratorio de Algología. “Nos va a apoyar en la investigación Marina Aboal, una de las principales diatomólogas asociada a la Universidad de Murcia y esperamos contar con el apoyo del Instituto de Oceanografía para poder utilizar sus instalaciones a la hora de analizar algunas muestras de la zona”.

Una vez realizado el análisis, compararán los tipos de diatomeas que viven en el Mar Menor: “Tenemos un listado de especies que proliferan en esta zona y lo que nos interesa es entender qué tipo de patrones se están dando en el tipo de especies que viven anexas o sujetas a superficies como pueden ser las del género Cocconeis que estudiamos en León, o las diatomeas que suelen vivir en aguas libres, como por ejemplo las del género Navícula que es una diatomea con forma de barco, como su nombre indica, que y tiene la capacidad para moverse entre sí y sobre superficies duras, como por ejemplo el portaobjetos del microscopio. Dentro de un espacio tan contenido como el Mar Menor, donde se están vertiendo todo tipo de desechos agrícolas y contaminantes, afectado también por el auge del turismo y la construcción descontrolada, queremos entender que tipo de alteraciones se están produciendo en el agua mediante las alteraciones y de distintas poblaciones de  diatomeas”.

Ecologistas, asociaciones de vecinos y de protección de los vertidos agrarios y grupos científicos están investigando este cambio ecológico.

Diatomeas marinas

Cajitas de cristal

Todas las diatomeas son como una cajita de cristal; es un alga unicelular capaz de realizar la fotosíntesis y están recubiertas de un caparazón de sílice. Tienen una base y una superficie de cristal.

Se encuentran en cualquier entorno, donde hay o hubo agua y se estima que hay entre 20.000 y 2 millones de especies. La mayoría viven en aguas libres (Pelágicas), otras sobre el fondo marino (bentónicas), e incluso en entornos extremos. Es muy importante su función como biomarcador biológico, su cubierta de sílice permite que se puedan analizar una vez muertas y observar los cambios que se han producido en su medio natural.

Se cree que están en la Tierra desde el periodo del Jurásico, aunque los primeros fósiles datan del Cretácico.

:: Sobre las investigadoras

María Boto Ordóñez es investigadora de la Real Academia de Bellas Artes de Gante (KASK), donde a través del estudio del color investiga interacciones arte-ciencia y su capacidad para generar conocimiento. Susana Cámara Leret aborda las formas y contenidos que pueden revelarse del territorio mediante procesos híbridos y experimentales de investigación, partiendo de un interés por la idiosincrasia, experiencia y representación del medio ambiente.

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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