“Cancamusa” o el arte de ver sin ser visto / José Ramón Vega y Víctor M. Díez

Víctor M. Díez y José Ramón Vega. Fotografía: Kokotera.

Conversamos con el fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez, que este viernes 14 de diciembre, a las 20 horas, presentan en el salón de actos del MUSAC su libro “Cancamusa” (Eolas Ediciones), surgido a partir de su sección conjunta homónima en TAM TAM PRESS. El fotógrafo leonés expondrá, además, a mediados de enero de 2019, una selección de sus imágenes en la galería de arte Ármaga.

Por ELOÍSA OTERO

Durante tres años, una vez al mes, José Ramón Vega y Víctor M. Díez se propusieron un reto singular: realizar juegos malabares con palabras e imágenes. Así, Vega seleccionaba tres fotos cada vez, en principio inconexas, para que sobre ellas Víctor improvisara un texto capaz de crear un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá: la chispa del poeta sobre la yesca del fotógrafo. De aquellas cancamusinas, publicadas originalmente en la plataforma cultural Tam Tam Press, ha salido este libro. Como una destilación.

—Seguro que lo primero que pregunta la gente al conocer el título de este libro es: ¿Qué es “cancamusa”? Al margen de la definición de la palabra, ¿qué es “cancamusa” para vosotros?

VÍCTOR: Encontré la palabra por azar. Creo que la oí en la radio. Me encantó su sonido, su eufonía. Tenía algo de animal familiar (al final, Vega la empezó a llamar ‘la cancamusina’ y así hablábamos de ella entre nosotros ). Cuando investigué el significado me pareció que era inspiradora y muy acertada para un proyecto como este. ¿Qué mayor honradez que declarar el ‘engaño’, señalar el trampantojo? En estos tiempos de postverdad, suena sincero.

—¿Cómo surgió este proyecto en común —ilustrar una vez al mes tres fotos de Vega con un texto de Víctor—, quién se lo propuso a quién, quién lo matizó…?

VÍCTOR: Hacía tiempo que me apetecía, como escritor, enfrentarme a un reto así, siempre me ha gustado trabajar con imágenes. Se lo propuse a un par de fotógrafos, que no acabaron de entenderlo o que les sobrepasaba. Con Vega la idea prendió de inmediato. Fue un flechazo. Supongo que lo matizó el tiempo y la dialéctica entre ambos. Se daba casi sin hablar. Había envíos. Como preguntas y respuestas. El alojamiento, aquí, en Tam Tam fue tan cómodo y acogedor que resultó hogareño. Después, teníamos seguidores, pocos quizás, pero muy fieles y que nos estimulaban.

VEGA: La idea de la Cancamusa partió de Víctor y me gustó desde un primer momento. Era como un juego para los dos, siempre he dicho que el mayor mérito corría de su parte, recrear una escena sobre una imagen, me pareció muy sugerente desde un principio.

Víctor M. Díez y José Ramón Vega. Fotografía: Kokotera.

—Mes a mes, durante tres años, 37 entregas en total… ¿qué ha supuesto para ambos llevarlo a cabo y por qué decidisteis finalizar?

VEGA: Yo creo que dejamos de hacerlo para darnos un respiro, además la idea del libro ya me rondaba por la cabeza. A mí me parecía que esa historia cómplice daba para editar un libro. Le di muchas vueltas, consulté con gente cercana y me pareció más atractiva la idea de que no todas las fotos llevasen texto, eso de foto-texto, texto-foto, no lo veía funcionar,  eso está muy visto.

VÍCTOR: Para mí ha sido muy especial, se ha creado una amistad potente y una simbiosis muy satisfactoria. Lo echo bastante de menos, pero decidimos que si se iba a hacer un libro había que centrarse en ello y dejar la regularidad de la correspondencia. Nos pareció que el proyecto estaba hecho.

—¿Cómo llegó a convertirse en un libro y, especialmente, en un libro como éste, en el que la fotografía cobra importancia frente al texto (un libro de Vega con textos de Víctor, más que viceversa, o que un libro conjunto, aunque sea conjunto)?

VÍCTOR: Creo que ninguno de los dos veíamos la reproducción literal del trabajo ya hecho. Se trataba más bien de replicar el espíritu, de hacer una decantación. Vega podría haber hecho el libro solo. Me consta que tuvo ofertas para hacerlo. Que lo diga él. Para mí, el libro es una mezcla de generosidad por su parte y de creencia en el proyecto común… Yo encantado, los santos son más vendibles que la letra, pero la letra también irradia su glamour ¿no?

VEGA: Como verás hay textos que ya salieron en el Tam Tam y otros creados específicamente para el libro, al igual que las fotos. Le presenté la idea a Héctor de EOLAS, le gustó y poco a poco la idea fue tomando cuerpo. Creo que ha quedado muy bien el libro. Hoy me decía un enteradillo de estos de León, que le parecía caro. Le dije que a mí me parecía barato, no se dan cuenta el trabajo que hay detrás, no digo por el trabajo de Víctor y el mío, hablo de la maquetación de Mr. Griffin, de la fotomecánica, de la cuatricomía, tapa dura… En fin. Luego ves librillos de tres al cuarto que deberían valer menos que un periódico sin suplemento.

—¿Qué se siente cuando uno toca por primera vez este volumen ya impreso, cuando os llega recién salido de imprenta?

VÍCTOR: Ha sido muy emocionante. Yo lo vi primero, por circunstancias. Vega se comía las uñas. Le tuve que reportar un minucioso relato sobre el recién nacido. Creo que se ha hecho con mucha seriedad y agradecemos efusivamente a Eolas su esfuerzo por jugársela con este tipo de libros.

Víctor M. Díez y José Ramón Vega. Fotografía: Kokotera.

—¿A quién va dirigido este libro?

VEGA: Aunque es un libro muy fotográfico, me gustaría que llegase a más gente que aquellos que tienen una inquietud por el mundo de la imagen. Creo que es una edición conseguida, un libro especial y diferente.

VÍCTOR: Es como un mensaje en una botella. No creo que tenga un ‘target’. Espero que encuentre su público, pero no me es fácil imaginar un perfil. Esa diversidad de públicos también puede ser una ventaja.

—¿Habrá más proyectos conjuntos?

VÍCTOR: Espero que sí, que surja la oportunidad. Pocas son las veces en que encuentras alguien con quien te entiendes tan bien desde el primer fotograma y te apetece quedarte a ver juntos el final de la película.

Víctor M. Díez y José Ramón Vega. Fotografía: Kokotera.

—VEGA, ¿cómo has llevado a cabo la selección de las fotos para el libro? ¿Las has elegido a partir de las que se fueron publicando en TAM TAM o entre otras? ¿Hay o has buscado un hilo narrativo?

VEGA: Hay fotos del Tam Tam y otras no publicadas. He ido buscando aquellas fotos que fuesen como una cróncia sensorial de estos últimos años.

—Tu primer libro, La mirada cercana, mostraba retratos en blanco y negro. En este predominan los paisajes (¿emocionales? ¿sentimentales?) en color, aunque en la sección también hubo entregas en blanco y negro.

VEGA: No hay retratos como tal. Son escenas improvisadas. Hay más color que blanco y negro, pero a mí no se me puede entender sin el blanco y negro. Cuando disparas ya tienes claro si la foto va a ser en color o en blanco y negro. El color es muy delicado, porque tiene que haber una armonía, un equilibrio. El blanco y negro es más subjetivo, yo lo utilizo porque me muevo mejor en él, llevo toda la vida trabajando en blanco y negro, en el laboratorio, ya sé el gris que va a dar un verde o un azul, aunque soy daltónico perdido y puede ser un azul y un verde. Yo utilizo el blanco y negro para un tipo de fotografía más reflexiva, para el retrato por ejemplo, o para un momento en lo que único que quiero significar es la luz, porque el blanco y negro es sombra y luz, nada más.

—VEGA, ¿cómo valoras el trabajo de escritura que ha realizado VÍCTOR a partir de tus imágenes?

VEGA: Qué te voy a decir de Víctor y su escritura. Yo no podría haber hecho este proyecto con otro escritor que no fuese con él. Mi acercamiento a Víctor fue primero a su escritura y luego a su persona. Me parece un autor que se mueve muy bien en varios registros. Me llega de una manera inmediata. Esta experiencia de Cancamusa nos ha llevado a rascar poco a poco el uno en el otro. A veces, iluso de mí, me parecía que fuese yo quien había escrito los textos de las fotos. No nos conocemos personalmente desde hace mucho, apenas unos años, pero hemos forjado una sólida sociedad, una “joint venture”, como le comentaba yo hace meses. Hemos bebido de las mismas fuentes, tenemos referentes compartidos, unas creencias y una mitología en común fraguada en nuestro deambular nocturno y noctívago. Nos llevamos bien, tenemos el mismo credo y una sensibilidad pareja, nunca discutimos, hasta ahora, jajajá.

Víctor M. Díez y José Ramón Vega. Fotografía: Kokotera.

—VÍCTOR, ¿qué textos aparecen en este libro y bajo qué criterio los has esc ogido? ¿Ha habido reescritura o una mera selección entre losya publicados?

VÍCTOR: De todo ha habido. Rescates de lo ya publicado, reescrituras y textos nuevos para nuevas imágenes. El libro lo ha montado mi socio y con gran criterio. Ineludible el agradecimiento a ese personaje sosegado, invisible, delicado, lleno de gusto y paciencia que es Mr. Griffin. También a Camino Brasa que nos dio, a través de sus sugerencias y consejos, un máster comprimido de edición.

—¿Cómo describirías a VEGA como fotógrafo?

VÍCTOR: Tiene algo que tiene que ver con el clasicismo en el buen sentido. Se lo he comentado algunas veces, me encanta su lirismo geométrico: como consigue combinar una solidez equilibrada en la composición que tiende a la simetría, pero que se difumina con los puntos de fuga temblorosos, curvados, que le otorgan una poética, no sé, como americana. El camino, lo inesperado (un sofá abandonado, una portería sola, el color de una silla perdida), los ambientes brumosos, los personajes. Me gusta mucho, en general, su contención, ese menos es más. Hay una musicalidad en penumbra, una búsqueda a lo Tom Waits. Y después está esa pregunta, dónde se ha puesto el jodido para ver sin ser visto.

© Fotos: Kokotera / Montaje: Murciego.

:: Sobre José Ramón Vega

José Ramón Vega. Fotógrafo. León, 1962. Su primer viaje a París, a los 18 años, cambió su vida. Allí se topó con los grandes de la fotografía en los puestos de postales y souvenirs (Kertesz, Doisneau, Brassaï, Boubat…) y descubrió que un fotógrafo podía ser un poeta de lo cotidiano. Inició entonces su formación autodidacta, disparando con la analógica y trabajando en el cuarto oscuro. Siempre ha cultivado el retrato en blanco y negro con especial predilección, como muestra su libro “La mirada cercana” (EolasFoto, 2015). Sus fotos tienen alma, cuentan historias, exhalan emoción y desprenden magia.

:: Sobre Víctor M. Díez

Víctor M. Díez. Poeta e improvisador. León, 1968. De poeta precoz a poeta multidisciplinar. De escritor y pensador a artista de acción: versátil, reversible. Su capacidad de hacer de la crisis una ‘forma’ no solo se desvela en sus libros y antologías (más de una docena publicados), sino en su trayectoria vital: columnista en prensa, escritor de guías de viajes, conductor de talleres de escritura y otras artes, programador de ciclos culturales, actor de cine y teatro, guionista, dramaturgo, performer… Colabora en múltiples causas creativas y forma parte del colectivo de músicos improvisadores Sin Red.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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