Dos poemas de Raúl Deustua

Continuamos en TAM TAM PRESS con la sección de poesía antológica, denominada “LOS POEMAS COLGADOS”*, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez Eloísa Otero. El vigésimo segundo autor que llega a esta sección es Raúl Deustua (El Callao de Lima, Perú 1921-Ginebra 2004), uno de los secretos mejor guardados de la poesía peruana, que fue parte del grupo que conformaban Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren y Jorge Eduardo Eielson a fines de los años 40.

Raúl Deustua se fue del Perú en 1949, definitivamente, y nunca volvió a residir en su país. Apenas se encuentran fotos suyas en la Red. De New York (donde se ganó la vida como traductor hasta 1956) se fue a Ginebra (donde trabajó como traductor freelance para la ONU hasta que cumplió 70 años), y de allí a Viena, Roma (ahí trabajó para la FAO), Nairobi, Roma y otra vez Ginebra, donde falleció, según recuerda Ricardo Pochtar –escritor y traductor argentino afincado en Gijón, que fue muy amigo suyo y que también trabajó como traductor para la ONU–. El tiempo que Deustua vivió en Kenia fue muy especial para él, por ello pidió a una de sus hijas que, después de morir, sus cenizas fueran arrojadas al mar de Mombasa.

Pese a su escasa bibliografía es un autor de culto. Su colega Américo Ferrari lo consideró uno de los más grandes poetas en lengua española. Tradujo a Pound, Eliot, Baudelaire y Catulo. En vida publicó la plaquette “Arquitectura del poema” (Roma; edición de autor, 1955), con una tirada de 200 ejemplares, que luego fue reproducida por las revistas Hueso Húmero (Lima, 1998) y Fórnix (Lima, 1999). En 1997 la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) publicó “Un mar apenas”, dentro de la célebre colección ‘El manantial oculto’, volumen que reúne diez breves cuadernos que Deustua escribió durante sus viajes por Europa y el Mediterráneo.

En 2015 salió a la luz “Sueño de ciegos. Obra reunida de Raúl Deustua”, en edición de Ana María Gazzolo (Lápix Editores y Biblioteca Abraham Valdelomar), con los poemas aparecidos en periódicos y revistas desde 1940 hasta 2000, los publicados en “Arquitectura del poema” (1955) y “Un mar apenas” (1997), y los inéditos pertenecientes a “Nueva York de canto”. Incluye también traducciones de poesía; la pieza teatral Judith, que nunca fue publicada, y una selección de estudios críticos y otros artículos.

Deustua no escribía para nadie. No pretendía algo en particular con respecto de sus textos”, acota Gazzolo. “Sospecho que aún no tenemos completa la obra de esta singular figura. No tenía el ego de dar a conocer su obra. Incluso tenía mucho reparo en publicar sus traducciones. Tenía esta conciencia de no haber logrado las cosas como quería”.

:: Dos poemas de Raúl Deustua

AGRIO EL GRITO DEL PÁJARO, GRAZNIDO

Agrio el grito del pájaro, graznido
matinal que arrancaba
la piel del sueño, la mañana insólita
brotada de mis párpados
a la vigilia permanente, estéril.

Nos rodeaban las voces, las extrañas
lenguas, fonemas puros
–piedra angular del diálogo de castas–
que convertíamos en fuentes ávidas
de sol y sal, de sueño.
Vivíamos unidos a la sombra,
el agua, descubriendo en el granito
el corroído amor de las estatuas.
El mineral de la ciudad llegaba
a deslumbrarnos –desnudez de ciegos
en el candente asfalto –nos ahogaba
la huella de sus signos.
En el páramo
descubrimos los dados que rodaban,
vertiginosos naipes –amor lejano–
en el hastío de la tarde.

PLAZA LUNAR

Rotundidad de noches, piedras que alzan
su latido lunar. Ásperamente
ha vibrado el silencio entre los muros
altísimos de nieve.
Un caminante
ha circundado la fuente. Agua negra
en la cual todo espejo se deshace.
El oscilante rostro ha navegado
como un pesado pez de sangre ajena.

[Poemas tomados del libro “Surrealistas & otros peruanos insulares”. (César Moro, Carlos Oquendo de Amat, Martín Adán, Emilio A. Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Raúl Deustua, Javier Sologuren y Leopoldo Chariarse). Prólogo de Julio Ortega. Edición de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo. Llibres de Sinera, Colección Ocnos, Serie Antologías nº2; Barcelona, 1973].

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“LOS POEMAS COLGADOS”

NOTA de Eloísa Otero e Ildefonso Rodríguez: Esta sección quiere ser una Miniantología (que puede alargarse hasta donde nos den las fuerzas y las ganas). Un doble criterio nos guiará: El primero, serán poemas que los autores no podrían colgar por sí mismos, por ser ya de aquellos que Joyce sin más llamó fantasmas (“… alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”). O por decirlo con Quevedo, en nuestra Miniantología viviremos “en conversación con los difuntos”. Y segundo: nuestros propios gustos, que ojalá sepan recoger el hermoso Babel de la poesía, la Gran Republicana.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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