El amuleto, el armario de postguerra y la intrigante ventana falsa del libro “Informes y teorías”

Tomás Salvador e Ildefonso Rodríguez en la Fundación Segundo y Santiago Montes, el 5 de abril de 2019.

Reproducimos el texto leído por el escritor Tomás Salvador González, en la Fundación Segundo y Santiago Montes de Valladolid, durante la presentación de Informes y teorías’ (Eolas Ediciones), el último libro de “prosas que cuentan y piensan” del músico y poeta leonés Ildefonso Rodríguez. El acto tuvo lugar el pasado viernes 5 de abril de 2019, fecha en que se cumplía el octavo aniversario del fallecimiento de Catalina Montes, Caty.

El amuleto, el armario de postguerra y la intrigante
ventana falsa del libro “Informes y teorías”

Por TOMÁS SALVADOR GONZÁLEZ

Hace años, aunque no soy capaz de precisar la fecha ni la ocasión, seguramente en una de las visitas que me hacía cuando yo vivía en Zamora o en La Parra, Fonso me preguntó si tenía algún amuleto. Ante la cara que puse y mi respuesta negativa, sacó del bolsillo un atadijo de telas y otros materiales que las arrebujaban en una especie de riñoncito que le cabía en el puño. “Yo no salgo de viaje sin alguno de los amuletos que fabrico para que me sirvan de protección”.

Cuento esta anécdota porque revela algunas de las características de Fonso que son aplicables también al libro que hoy presentamos.

LA SORPRESA, la capacidad para sorprender y la afición o el gusto de hacerlo, es una cualidad que con frecuencia nos regala tanto el personaje como su obra.

En cuanto al personaje casi se podrían denominar disfraces las transformaciones a que somete su imagen pública. Yo lo he visto rubio y barbilampiño casi como un escandinavo, con la barba mormona de Thelonious Monk, con el barbón de un leñador, con patillas de bandolero, con gorra, con caftán, con sombrero, con traje príncipe de gales, con un mono de mecánico portugués, en fin, hasta con pantalones de cuadritos escoceses…

Todo esto habla de un fondo de armario envidiable, pero sobre todo de una necesidad de romper con lo convencional, con lo esperable, habla de la resistencia a ofrecer una identidad unívoca que se repita en sus apariciones.

En su obra es lo mismo, creo que redoblado por los muchos años dedicados a los sueños, a su inventario minucioso y al relato diario de sus saltos espaciales y temporales, a sus sorpresas de toda índole.

Hay en la obra de Fonso una sintaxis de fractura que concatena elementos heterogéneos sirviéndose de una lógica que los reúne como reúne sus piezas un coleccionista, o como lo hace el visitante de un museo: demorándose en una escena domestica de Vuillard, para a continuación enfatizar sobre el culo de la Venus de Velázquez y para preguntarse actos seguido, en un salto sin red “de qué hablaban esos tres hombres que ocupan el ángulo derecho de la Natividad de Piero della Francesca” (pág. 93) etc., etc.

En Informes y teorías estas sorpresas se ven incrementadas por la índole y el origen disperso de los materiales que componen el libro. Pero esto tiene más que ver con la segunda de las características que quiero hacer desprender de la anécdota inicial.

EL RECICLAJE. Sin que se pueda hablar del síndrome de Diógenes, a Fonso le cuesta un mundo desprenderse de aquello que de una manera o de otra ha entrado en su vida. Poco importa la pobreza o nobleza de los materiales (trapos, cordeles, un papel pintarrajeado, un alambre reciclaba en mi recuerdo el amuleto de marras y materiales parecidos, que la mayoría de nosotros consideraría de desecho, conformaban la pequeña colección de amuletos que más tarde pude reconocer en una repisa de su estudio). Ante este apego solo caben dos soluciones si no se quiere caer en el caos: ordenarlo todo en colecciones o reciclarlo, es decir, volver a darle un uso, el mismo o distinto al que poseían y por el que llegaron a sus dominios. No quiero dar ejemplos porque esta presentación se extendería en exceso, pero podría; sí que quiero añadir que si este apego se produce con unos trapos, imaginad el apego y la resistencia a desprenderse de aquello que se escribió, que se anotó, aunque fuera vuela pluma, en una libreta, en una hoja de papel, en los márgenes de un libro. Y Fonso es un grafómano. No ha parado de escribir desde que su abuelo le enseñó.

Este libro es una colección de colecciones y una forma de reciclaje de esas anotaciones de índole diversa que Fonso ha ido reuniendo a la largo de su vida y que gracias al libro va a conseguir desprenderse de ellas al darles un uso público, ellas que formaban parte de su intimidad, de su uso privado.

Informes y teorías no es solo sorpresa, es también una forma de fidelidad a los temas de siempre de Fonso: el amor, la música, los viajes, los amigos, pero muestra dos novedades que hasta este libro permanecían inéditas: Fonso es un lector poderoso, lo ha demostrado, en sus críticas, en sus prólogos, pero nunca hasta ahora había mostrado las notas de lectura en bruto y aquí nos las ofrece en el epígrafe titulado “El alma primitiva” donde se recoge el proceso de lectura, el proceso de apropiación

Y los hallazgos obtenidos al leer el libro del mismo título de Lucien Levy- Bruhl: a la vez que nos invita a leerlo nos da por adelantado los frutos, la mejor cosecha que se puede sacar de su lectura.

La segunda novedad es la portada, porque la portada es de Fonso aunque no haya constancia en los títulos de su autoría.

Enlazo la portada con la anécdota del principio porque el recuerdo del amuleto me vino a la cabeza cuando recibí el libro y vi en la portada ese atadijo donde se mezclan plásticos, rafias, un tubo, un frasco y dos llaves, que seguramente son las del armario que les sirve de fondo.

Ese armario de postguerra es una imagen de la escritura de Fonso. Toda su escritura acaba dirigiéndose a esa época que es la de su infancia y adolescencia, que es la cueva del tesoro a donde caminan todos los pasos.

“Me fijo en las estatuillas de unos perros asirios. Nos han llegado los nombres que sus amos pusieron a aquellos perros: “el que ladra fuerte”, “el mordedor”. Cedí ante el recuerdo de los perros de mis abuelos. También son ahora mis muertos el Moro, el Vigilante, el buen Camués”, pág. 92 (de una visita al Museo Británico en 1987).

Como muestra la cita, partan de donde partan las flechas, todas se dirigen a ese armario de postguerra.

Lo que me intriga de la portada es ese trampantojo, esa ventana falsa, al lado del primo de mi amuleto. ¿Qué hace ahí, qué es, qué significa? Espero que Fonso nos lo aclare esta noche.

Portada del libro.

Informes y teorías
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
Eolas Ediciones, León, 2018.
18 €.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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