Mariano Calvo Haya vuelca sus vivencias en la comarca del Curueño en el poemario ‘La madera que arde’

El poeta cántabro Mariano Calvo Haya.

Este jueves 2 de enero, a las 20.30 horas, en El Gran Café de León tendrá lugar la presentación del poemario ‘La madera que arde’ (Eolas ediciones), del que es autor el escritor afincado en La Mata de la Bérbula (León) Mariano Calvo Haya. El autor estará acompañado de su editor, Héctor Escobar, y de varios amigos escritores. Entrada libre.

:: Sobre Mariano Calvo Haya    

Nacido en Santander, en 1961, completó sus estudios como maestro, aunque nunca llegó a ejercer profesionalmente la docencia. Por ello suele decir, con cierta ironía, que él es un “maestro en retaguardia”. No obstante es en su época universitaria cuando comienza a publicar sus primeros poemas en algunas revistas de estudiantes.

En 1997 queda finalista de la primera edición del Premio Alegría (llamado así en homenaje a uno de los libros más conocidos del poeta José Hierro), patrocinado por el Ayuntamiento de Santander. Al año siguiente gana este mismo premio con el libro titulado “El privilegio de los pájaros”. Ha publicado dos libros de poesía más: “La nube en la boca. Crónicas mexicanas” (Editorial Otramérica, 2014), como rememoración de su viaje a México en 2001 con ocasión de la Marcha Zapatista del Color de la Tierra, y “Las fronteras del aire” (Amargord, 2015).

Algunos de sus poemas han aparecido en diversas antologías: “Voces poéticas de Cantabria (1977-2004)”, “Poemas para cruzar el desierto”, “Voces del Viento Sur. 30 poetas de la conciencia crítica”, “El Curueño Literario”, “Voces del Extremo. Antología 2012-2016” o “Poesía Contra Corriente”.

Viajero empedernido, ha visitado buena parte de los países de América y de Europa, algunos de África, como Malí, Burkina Faso, Etiopía o Senegal, y parte de Asia, con especial mención para Siria o Irán, lo cual le ha permitido no solo incorporar multitud de experiencias en su discurrir poético, sino también colaborar en revistas digitales, como “Amberes”, con crónicas sobre algunos de esos lugares.

A lo largo de los años ha militado en Comités de Solidaridad con los pueblos del mundo y ha colaborado a través de sus escritos con la Asociación Cantabria por el Sahara. En los últimos tiempos ha dedicado gran parte de su  actividad a la recuperación de la memoria colectiva e histórica de Cantabria a través de la asociación denominada Desmemoriados. Con este colectivo y junto al resto de sus integrantes publica mensualmente en el diario.es Cantabria artículos relativos a la recuperación de la memoria olvidada de la región. Con los compañeros de esta asociación y en alianza con la Librería La Vorágine de Santander, ha coordinado la edición y publicación del libro de relatos titulado “Relatos de la Memoria Herida”.

Sus vínculos con León, a pesar de su nacimiento cántabro, son estrechos y vienen de largo. Desde hace años pasa largas temporadas en la montaña leonesa del Curueño. Muchos de los poemas que aparecen en su nuevo libro, ‘La madera que arde’, son fruto de sus vivencias en esa comarca.

:: Sobre el libro

‘La madera que arde’, el poemario que ahora publica con Eolas Ediciones, está articulado en tres espacios y un epílogo que se encuentran ligados íntimamente con las preocupaciones y las inclinaciones del autor. El primer apartado refleja la supervivencia en tiempos difíciles de los espacios naturales que acostumbra a frecuentar, teniendo un trato especial el mundo ornitológico y las montañas que lo acompañan desde sus años más jóvenes. La segunda parte se acerca a territorios más personales, en los cuales se procura retratar con unas cuantas pinceladas su infancia, crecimiento y madurez. El tercero de los apartados se centra más en los ámbitos sociales y políticos que le han tocado vivir, o al menos vislumbrar, y con ello, aun sin querer, se acerca a la esencia viajera del autor.

En este recorrido, el título del libro, ‘La madera que arde’, no es inocente, pues en todos los ámbitos detallados el autor cree advertir el fulgor de lo que pervive, pero también la decadencia de lo que se consume, de lo que se agota hasta convertirse, si no se remedia, en cenizas imperecederas.

Incluso la fotografía que ilustra la portada, que puede ser considerada también un poema visual, conlleva la misma idea. Fue tomada en un barracón de los que aún se conservan en el campo de concentración de Majdanek, en el oriente de Polonia; metáfora sin duda de la capacidad del ser humano para convertir en ceniza esa madera viva que, en definitiva, somos todos.

:: Un poema del libro

La rama quieta, como dormida,
y esa tela de aire que nace del sueño
y que inunda con su líquida aversión
aquello cuanto miro.

No hay luz ni espejo que aguante el pulso
de las hojas últimas que caen al suelo como piedras.

Cada piedra un paso,
un tañido reverberando en la superficie helada de los días,
el dolor, al principio tenue,
golpeando en los dientes.

Pájaros enmudecidos que se posan en la corriente
y contemplan cómo todo va ocurriendo
con la severidad de los presagios.

En ellos somos
la madera que arde.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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