Manuel Olveira: ‘El arte ha de ser el espacio donde la imaginación poética y política nos señale otros paradigmas y otros horizontes’

Manuel Olveira. Fotografía: Javier Codesal.

Por CAMINO SAYAGO

Hace quince años, el 1 de abril de 2005, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, MUSAC, abría sus puertas en medio de una gran expectación. Los Príncipes de Asturias lo inauguraban oficialmente y daba sus primeros pasos con la exposición ‘Emergencias’, un título que ahora, bajo el manto invisible de la COVID-19, resulta premonitorio de lo que habría de suceder en este gran contenedor de arte, baluarte de la cultura de la Comunidad. Manuel Olveira, su director desde 2013, reflexiona sobre su futuro y hace balance de los años transcurridos, en los que el Museo ha dejado de ser un mero espectador de aquellas emergencias que les ocurrían a otros, para convertirse ahora en protagonistas de ellas.

Sus salas han albergado más de dos centenares de exposiciones y la Colección MUSAC ha crecido hasta reunir 1.144 obras de 426 artistas nacionales e internacionales, entre ellas 140 de 41 artistas de Castilla y León. Pero la actual crisis derivada de la pandemia que nos afecta ha ensombrecido su XV aniversario que se celebrará, cuando la temple la tempestad, entre otros proyectos con uno muy especial, Tráfico de arte. Galería, ciudad y periferia.

– El edificio del MUSAC, obra de Emilio Tuñón y Luis Mansilla, es una referencia de la arquitectura mundial. De hecho fue seleccionado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) para una exposición antológica que recorría los últimos cien años de la arquitectura contemporánea en España. Además se erigió como símbolo cultural de la autonomía. ¿Cree que su papel institucional sigue siendo relevante en la Comunidad?

– La construcción del edificio a partir del año 2002 y su inauguración en 2005, hace ahora 15 años, fue un hito, no sólo por la relación que los arquitectos plantearon con elementos de la tradición como las calzadas romanas o las vidrieras de la catedral, sino sobre todo por haber sabido conjugar esas referencias con un planteamiento formal totalmente contemporáneo. La arquitectura del museo, más allá de algunos problemas prácticos, es de mucha calidad por lo que el edificio es probablemente la primera obra de la Colección MUSAC. Por ello, ha generado mucho interés en Castilla y León o en España y también más allá de los Pirineos. No sólo fue seleccionado para la exposición que mencionas, sino que en 2007 se le concedió el Premio Mies van der Rohe, el máximo galardón arquitectónico que se concede bianualmente en Europa, haciendo que el museo del barrio de Eras de Renueva se sitúe así entre los mejores edificios europeos de los últimos 30 años.

Todo esto es innegable. Como también lo es que probablemente el edificio y el proyecto museográfico inicial del museo ejemplifican los años de bonanza económica y pelotazo, boom urbanístico y burbuja financiera. Su espectacularidad y su tamaño son expresión de los años inmediatamente anteriores a la crisis bancaria de 2008 y al cambio de modelo económico y social que le siguió. De hecho, parece que esa crisis fue inducida para que el paradigma del estado del bienestar que garantizaba el servicio público (en beneficio de la comunidad), el reparto de responsabilidades (cada uno según su capacidad) y la igualdad de oportunidades (cada uno según su necesidad) fuese sustituido por el paradigma neoliberal que destruye lo público, acumula los recursos en unas pocas manos y restringe las oportunidades en beneficio de unos pocos privilegiados.

El edificio es expresión de ese momento, pero el museo no es el edificio sino lo que proponemos y planteamos en él. El modelo de trabajo, sus objetivos y su función dependen del proyecto que se esté desarrollando. Últimamente, y hasta este momento, el MUSAC es la única institución cultural de la Junta de Castilla y León con responsabilidad en toda la comunidad autónoma en relación con el arte contemporáneo. Creo poder decir que, con un proyecto sólido, definido y coherente con los tiempos y las circunstancias, el museo se ha adaptado a una situación radicalmente diferente de aquella ostentosa apertura en 2005. El modelo diferencial, pero también espectacular, que guió sus primeros pasos se mostró inviable tras la crisis de 2008, que, como digo, en realidad fue un cambio de modelo cuyas consecuencias aún están por determinar. Al menos hasta este momento.

Fachada del MUSAC, el pasado 7 de marzo, con pintada en las vidrieras (“Rezan los artistas”) de Carlos de la Varga (Tráfico de Arte). Foto: Eloísa Otero.

– Desde 2013 asume la dirección del MUSAC y ha asegurado en más de una ocasión que tuvo que dar una vuelta de tuerca al concepto museístico fundacional: su línea de acción y la programación de actividades y exposiciones.

– El lanzamiento del MUSAC a manos de Rafael Doctor bajo mi punto de vista supuso, como ya he manifestado en varias ocasiones, construir un modelo diferenciado y espectacular en Castilla y León y en todo el Estado español; pero también supuso la promoción de una visión del arte ligada a dinámicas económicas especulativas y/o a dinámicas estéticas marcadas por lo banal y lo llamativo, muy características de algunas manifestaciones culturales españolas, como la Movida, que resultan improductivas o incluso dañinas.

El cambio económico vino a hacer imposible un modelo espectacular que necesitaba de los enormes presupuestos y el aire de novedad que el museo ya no tenía. De hecho, Doctor dimite justo cuando llegan los efectos de la crisis. Después, el breve paso como director de Pérez Rubio, el conflicto con el personal del DEAC en 2010 y el ERE de 2012 dejaron el museo en una situación de fragilidad, provisionalidad e inestabilidad. Esa situación debería haber sido solucionada con el concurso de dirección convocado a finales de 2012, pero, como ya es sabido, la directora escogida dimitió a los dos meses de ser elegida en abril de 2013 y a mí me llamaron por ser el siguiente en la lista de profesionales seleccionados en dicho concurso.

Por eso, en el verano de 2013 comienza una “segunda fase” con la implantación de una línea de trabajo que incluía la redistribución presupuestaria, la reorientación de la programación, la reactivación de las adquisiciones para la Colección bajo una nueva definición y un nuevo marco cronológico y, finalmente, la implementación de iniciativas orientadas al trabajo contextual que había sido desatendido y a una necesaria reformulación de los horizontes programáticos y conceptuales que habían de guiar las nuevas bases estructurales de la institución que hoy, después de siete años de trabajo, creo que se muestran con claridad.

Este es el proyecto que hemos estado desarrollando hasta ahora. Queda por ver si a partir de aquí es un punto y seguido, un punto y aparte o puntos suspensivos…

– En estos años además se palpa una mayor implicación con la sociedad leonesa, un trabajo con las galerías de arte, en un principio muy sectorizado,  y se ha creado un programa de ayudas a la producción (Convocatoria Laboratorio 987), antes inexistente. ¿Qué balance hace de ello y que planteamiento y estrategias se plantea de cara al futuro?

– Contexto era una de las palabras clave del proyecto con el que me presenté al concurso de dirección y ha sido un horizonte que ha guiado el trabajo todos estos años. Los museos no pueden ser platillos volantes que aterrizan desde un lejano planeta, los proyectos no pueden ser franquicias clonadas de no sé qué metrópoli, los contenidos no vienen de abstractos cánones internacionales y los directores no deben estar deseando irse a dirigir otro museo en no sé qué ciudad más cosmopolita.

Toda institución cultural debe arraigarse en el lugar al que sirve, en su tradición y en su situación contextual y debe contribuir a entenderla y a transformarla escuchando y proyectando el sinuoso potencial y la difusa energía que se está moviendo y que el propio museo contribuye a mover. El MUSAC, concebido de esta manera, es un dispositivo con el que la propia sociedad se dota a sí misma para pensarse en el presente y proyectarse en el futuro. Es un agente, uno más, con su misión y función específica, que forma parte de un contexto muy concreto cuyas cuestiones escucha y a la vez contribuye a producir.

Es por ello que concebí una iniciativa, que primero llamé Carta blanca y que acabó denominándose Convocatoria Laboratorio 987, como un dispositivo de escucha, como un “espacio” de producción y, también, como un agente que opera en y para la trasformación del contexto. Pese a las limitaciones presupuestarias, todavía más patentes si tenemos en cuenta la extensión de Castilla y León, se han producido proyectos y sobre todo experiencias en sintonía con elementos locales, siendo a la vez novedosas e innovadoras para generar transformaciones en la proximidad.

De la misma manera se han producido proyectos y actividades muy variadas que han deseado seguir la estela marcada por el proyecto Toda práctica es local, primero organizado por Javier Hernando y después por Víctor del Rio, y que han dado lugar a exposiciones como Sector primario (2015), De ayer a hoy (2016), Feminismos León (2016), A partir de fragmentos dispersos (2017), Región (2018) o Tráfico de arte. Galería, ciudad y periferia que estamos preparando como uno de los proyectos especiales con el que celebrar el XV aniversario del MUSAC en 2020.

Todo este trabajo contextual comparte con el trabajo educativo una temporalidad extendida porque sus efectos sólo serán apreciables a la larga. Por ejemplo, el taller realizado por Antoni Muntadas, La metodología del proyecto, llevado a cabo en 2012 desencadenó dos obras: la serie fotográfica Corea de Alejandro S. Garrido que fue incluida en la muestra Cómo vivir con la memoria en 2017 y la obra de Miriam Isasi que fue presentada en la exposición Monumento (in)material en 2019. Esos datos nos permiten entender que este tipo de actuaciones, que van más allá de la actualidad o de la epidermis, necesitan tiempo para producir efectos. Como dije en algún lugar, lo más decisivo en arte no es inmediato ni manifiesto, pero, parafraseando al proyecto de artes vivas que hacemos regularmente, ahí está.

“REGIÓN_Los relatos”. Fotografía: Juan Luis Garcia.

– La actual muestra con la que el MUSAC pretende dar visibilidad a su colección ‘Cinco itinerarios con un punto de vista’, finaliza con las teorías y prácticas decoloniales, que reflejan como repensamos el mundo , incluido el mundo de los museos. Desde aquí, desde León, la periferia, ¿cómo lo veremos?

– Las diferentes manifestaciones del pensamiento crítico, sus relaciones con el arte y con el contexto, sin olvidar su articulación con un amplio horizonte internacional, constituyen las bases del modelo de museo que hemos desarrollado y que ha guiado la programación de exposiciones y actividades y el incremento de la Colección MUSAC en esta segunda fase. La exposición de la Colección lo refleja y, por ello, la hemos estructurado en 5 itinerarios que dan una idea muy clara de las líneas programáticas del museo durante los últimos años que, considero, son además apropiadas para las condiciones presupuestarias actuales del museo.

Uno de esos itinerarios es, como mencionas, todo lo relacionado con lo decolonial. Ello es así porque globalmente es importante reflexionar sobre la historia y la herencia colonial que determina muchas cuestiones geopolíticas actuales a nivel mundial, y también porque localmente tiene raíces muy directas en nuestra tierra. Por ejemplo, muchos misioneros (hemos de recordar que se colonizó con la espada pero también con la cruz) salieron de Castilla y León y una de sus huellas es el Museo oriental de Valladolid, por ejemplo.

Es importante investigar y visibilizar críticamente esas raíces locales de la colonización histórica, como también lo es analizar las expresiones neocoloniales actuales a nivel global. Quizás alguien podría pensar que esa cuestión queda lejana en el tiempo y en el espacio, pero no es verdad porque nos atañe de múltiples maneras. Por ejemplo, ¿cómo entender actuaciones como las de Riaño cuyos pobladores fueron desplazados a Cascón de la Nava o cómo entender la realidad de la España vaciada si no es como expresiones de un ejercicio de colonialismo interior? De las teorías decoloniales podemos aprender muchas cosas para entender y evitar ese tipo de fenómenos que nos afectan local y directamente. Todo ello está muy presente en muchos de los proyectos del MUSAC como expresión, entre otras, de los muchos problemas y emergencias de nuestros días.

Gerardo Custance. Turcia. De la serie Órbigo, 2007
Colección MUSAC.

– El MUSAC abrió sus puertas con la exposición ‘Emergencias’, una muestra de claro contenido social, que abordaba, curiosamente, las alarmas planetarias. Con ella se pretendía impulsar, desde el arte contemporáneo, una conciencia colectiva, la reflexión y la conciencia social. Fue un punto de partida para el Museo, ¿La realidad ahora ha superado las utopías y es hora de plantear otras cuestiones al espectador?

– El arte contemporáneo mantiene múltiples relaciones con la tradición y la historia y, como es obvio, con más fuerza con todo aquello que le es coetáneo, a él y a todos nosotros. Por ello, es habitual que de maneras muy diversas las preocupaciones, ansiedades, dramas e injusticias cotidianas asomen en las obras de arte, bien por compartir un aire de época bien por mantener una posición comprometida con los desheredados y/o invisibilizados. Eso ocurría en 2005 cuando abrió el MUSAC y sigue ocurriendo ahora en 2020 porque tanto el arte como las instituciones –en este caso, un museo- y los agentes que trabajamos con él estamos comprometidos con los problemas de nuestros días.

La gran diferencia entre 2005 y 2020, en el caso del MUSAC, aunque seguramente también en buena parte de los museos y agentes artísticos occidentales, es que aquellas emergencias les ocurrían a otros y las actuales nos suceden a nosotros. Mientras que en 2005 éramos espectadores de las emergencias de otros, en 2020 somos parte de ellas y las vivimos en propia carne. Ya en 2009, pero claramente en 2020, ahora, empezamos a tener claro que existe un “nosotros” y que nos afectan las crisis de una forma muy directa, mientras que cuando en 2005 se analizaban y visibilizaban algunos problemas dramáticos del mundo, tengo la sensación de que eran vistos como las crisis y las calamidades de “nuestros otros”, personas por las que sentíamos empatía. Eran “nuestros otros”, pero no “nosotros”.

Sé que es duro lo que digo, pero creo que es importante afirmar que desde nuestra atalaya primermundista y bienintencionada situábamos los dramas lejos, como si fueran cosa de otros, y ahora nos vemos obligados a sentirlos y sentirnos parte de ellos.

Por ello, es hora de que experimentemos las crisis de forma directa porque formamos parte del mismo sistema que las origina. La deslocalización de producciones baratas sostenidas por la explotación laboral y la expropiación de recursos, la contaminación debida a la producción y la distribución globalizada, los excesos del capitalismo impaciente y los todavía más voraces comportamientos neoliberales que privatizan bienes básicos que son de todos como el agua o las semillas son la causa última de todo lo que está pasando. Ha llegado la hora de pensar que hemos estado siendo, en mayor o menor medida, “parte del problema” y ahora, en plena crisis sanitaria, debemos actuar para “ser parte de la solución”.

– ¿Qué papel juegan la ecología y el feminismo?

– Todas las posiciones que defienden un modo de vida sostenible basado en la igualdad y la corresponsabilidad entre todos los seres que están sobre la Tierra son parte de la solución. Es imposible obtener resultados diferentes si partimos de lo mismo y hacemos lo mismo. Llevamos siglos oprimiendo a obreros, mujeres y otras minorías políticas, privatizando y monopolizando los bienes públicos, expoliando los recursos que sostienen la vida, esquilmando ecosistemas, colonizando gentes y territorios, actuando de forma egocéntrica y supremacista y permitiendo la concentración de poder y riqueza en grandes corporaciones. Eso no sólo es parte del problema, sino el origen de las crisis y los sufrimientos que genera. Si queremos resultados diferentes hemos de actuar con otros parámetros. Con toda seguridad las teorías y las prácticas que derivan de las diferentes posiciones de la ecología y el feminismo son referencias que nos pueden ayudar a actuar de otra manera y, así, obtener también resultados diferentes, más justos y sostenibles.

Feminismos León.

– La globalización ha sido uno de los detonantes de esta actual pandemia que parece que nos ha llegado de repente, por supuesto unida a otros factores como la degradación del medio ambiente y los movimientos migratorios, así como políticas económicas incontrolables. Esta realidad va a implicar un cambio de paradigma en el escenario económico, ¿también en el del arte?

La pandemia del coronavirus no nos ha llegado de repente. Lleva anunciándose desde hace tiempo. Quizás podríamos retrotraernos hasta más atrás, pero basta una mirada a los últimos años para ver que hemos estado viviendo una serie de crisis: el desastre de Chernobil en 1986, el hundimiento del Prestige en 2002, el accidente de Fukushima en 2011, la crisis financiera de finales de 2008, las crisis migratorias y las crisis sanitarias del mal de las vacas locas, del ébola, de la gripe porcina o de la gripe aviar, por citar algunas muy conocidas. A ellas habría que añadir el cambio climático que ha estado produciendo incendios, sequías e inundaciones. La crisis del coronavirus es una más en esta cadena y dejará lugar a otras que se sucederán cada lustro o cada década si no hacemos algo. Es probable que a una minoría de privilegiados estas crisis no les afecten porque creen que sus riquezas, sus muros o sus cuerpos de seguridad les mantendrán protegidos; pero para la mayoría de nosotros serán fuente de enormes sufrimientos. Espero que como colectividad reaccionemos para cambiar un sistema que objetivamente no funciona, o no al menos para la mayoría.

En este momento nos urge buscar soluciones a esta crisis sanitaria derivada del COVID-19, pero al mismo tiempo tendríamos que reflexionar sobre el sistema que la causa, para cambiarlo. Toda la ciencia, el pensamiento y la cultura en general han de ser los laboratorios donde buscar soluciones tanto reales como utópicas y el arte, sobre todo el arte, ha de ser el espacio donde la imaginación poética y política nos señale otros paradigmas y otros horizontes.

– ¿Cómo va a afectar a la gestión y producción del museo?

– Nadie puede saberlo porque nunca nos habíamos encontrado ante algo semejante. Objetivamente hemos de transformarnos tanto o más que todo el sistema social, económico y político. Pero no creo que sea cuestión de gestión y números, o no sólo, sino de posiciones, planteamientos o ideas que conforman eso que llamo de una manera difusa imaginación poética. Quizás lo primero y urgente es buscar soluciones prácticas a la crisis, reacomodar nuestras programaciones y formas de trabajar y prepararnos para lo que se nos echa encima. Pero después ha de venir lo importante: la imaginación.

Leía el otro día en El País un artículo en el que aparecían declaraciones de colegas de museos y sorprendentemente todos hablaban de “gestión” mientras que yo me pronunciaba con reflexiones –seguramente demasiado precipitadas- sobre causas y consecuencias, principios, enfoques o visiones sobre el sistema que tenemos y el que habríamos de tener. En definitiva, intentaba aludir a la reflexión y a la imaginación como herramientas. Este es el momento de utilizar esas herramientas críticas que, de manera más bien teórica, se esgrimen en prácticamente todos los espacios dedicados al arte contemporáneo. De lo contrario ¿qué hemos aprendido del arte?

No sé si podremos hacer algo ni si podremos cambiar las cosas. Entiendo que hay una maquinaria gigantesca en funcionamiento para que nada cambie y posiblemente seamos muy pequeños para pararla y redirigirla, pero al menos habremos dicho, formulado y planteado algo. Nuestra función, cuando menos, es o debería ser esa.

Soy consciente de que vendrán años de crisis y restricciones como probablemente no hemos conocido nunca y que habremos de adaptar nuestra forma de trabajar, producir, comunicar, exhibir y hacer rentable social y artísticamente nuestro trabajo. Los museos tenemos una función cultural, artística y social, y lo mejor que podemos hacer por el arte y la sociedad es ponernos a su servicio -y no servirnos de él o de ella- para, a través de la imaginación poética y política, encontrar y generar otro sistema que sea parte de la solución y no del problema.

– ¿Y de dónde van a surgir las soluciones para soñar otro mundo?, ¿Cual va a ser el planteamiento y la estrategia de cara a un futuro inmediato?

– Supongo que hay soluciones de muchos tipos, desde las más prácticas hasta las más utópicas y desde las más contextuales a las más contingentes. Estos días estamos inmersos en la urgencia de las soluciones más directas relacionadas con la crisis sanitaria, pero hay cuestiones de otro orden, con otro calado y con diferente temporalidad. Ahora lo que parece mandar es la actualidad y las noticias del día a día, del número de personas infectadas, fallecidas y sanadas, del pico de la curva y de los test que llegan o no llegan. Pero el arte tiene una temporalidad que excede la actualidad. Lo que nos está pasando ahora, llegará un momento que habrá pasado. Pero, cuando pase, ¿qué pasará? Quiero decir que superaremos esta crisis, no sé a qué precio ni qué consecuencias se derivarán de ella; pero hemos de comenzar a pensar en lo que pasará y vendrá o en lo que queremos que pase y venga tras ella.

La imaginación como herramienta tiene una larga tradición. En el caso español, por ejemplo, fue una herramienta de supervivencia y superación durante el Franquismo. A pesar de que la dictadura prohibió tanto libros de política como de poesía, tanto a Marx como a Joyce, la ciudadanía busco en ellos una salida. Partes importantes de la cultura española de los asfixiantes años sesenta y setenta creían que el arte y la poesía no sólo expresaban aspiraciones individuales y colectivas sino que tenían capacidad para cambiar la vida porque consideraban que la forma y el lenguaje, que permiten nombrar los deseos, anticipaban una realidad y una esperanza que había de venir.

Las artes y la poesía nos enseñan a otorgar valor a lo aparentemente inútil e improductivo en medio de un sistema implacable capaz de rentabilizar y capitalizar crematísticamente todas las dimensiones de la vida y de la muerte. La imaginación poética y política es la capacidad de proyectar un mundo a través de la forma y el lenguaje o, lo que es lo mismo, la capacidad de producir mundo ampliándolo y expandiéndolo. Es muy real que estamos viviendo una crisis sanitaria a la que seguirá otra económica y social, sin precedentes inmediatos, ante la que habremos de tomar una importante decisión. Podemos adaptarnos a ella o intentar adaptar la realidad a esa imaginación política capaz de producir (un nuevo) mundo.

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