FETAL 25 años (2) / Teatro eres tú

La Zaranda en «Nadie lo quiere creer» 2011. Fotografía: Tor.

TAM TAM PRESS continúa con el homenaje, en tres entregas, al Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (Valladolid) que este año ha cumplido 25 años. Un primer cuarto de siglo caracterizado por la pasión, el trabajo a destajo y una imaginación desbordante. En esta segunda entrega, numerosos directores de compañías analizan esta etapa que se ha convertido en un laboratorio abierto a novedosas experiencias escénicas.

FETAL 25 años (2)

Teatro eres tú

Relato de dos décadas y pico de cultura en tres actos y quince cuadros

Por ISAAC MACHO

ACTO SEGUNDO
CUADRO SEXTO

Agosto. Anochece en Urones de Castroponce. Un grupo de vecinos charlan a la puerta de sus casas, camarillas de amigos se mueven con discreción dentro y fuera del bar de Angelines. De pronto, convocados por el reloj del Corral de Anuncia, numerosos aficionados empiezan a concentrarse a la puerta del teatro y guardan fila en la acera de la izquierda. ¡Faltan diez minutos para la representación!

Tras varios intentos para convencer a La Zaranda de que actuase en Urones, la compañía que entonces se denominaba Teatro Inestable de Andalucía la Baja y que luego pasó a llamarse Teatro Inestable de Ninguna Parte, desembarcó por fin en FETAL abarrotando el corral de Anuncia, como era de esperar. Además de su caché y su apretado calendario, los componentes de este grupo jerezano, en un primer momento, decían: “Cómo van a hacer un festival en un pueblo perdido de la vieja Castilla… nos sonaba a algo surrealista”, como confiesa su director, Paco de La Zaranda.

Pero allí estaban: Eusebio Calonge, Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos para su ritual a la búsqueda de la esencial teatral. Después de ofrecer Nadie lo quiere creer, la patria de los espectros presentarían Futuros Difuntos con sus personajes límite sacados de un riguroso proceso de creación colectiva.

Una vez en Urones, los componentes de esta escuela teatral entendieron a la perfección el proyecto teatral terracampino. “Es una maravilla que en un pueblo tan pequeñito la gente se pelee literalmente por entrar en el teatro, es fascinante”, dice Paco al despertar sus recuerdos de tantos años atrás. “Era como entrar en los abismos de la Castilla profunda, con aquellas casas de adobe, una experiencia que se te queda en la retina y ya no se olvida nunca, fue algo fuera de lo común”.

A estos teatreros, acostumbrados a asistir a los festivales más glamurosos del planeta, con una dinámica completamente distinta, les hechizó asistir a uno de los festivales más pequeños de Europa donde se relacionaron con las gentes del pueblo como si fueran unos paisanos más. “Yo creo que el teatro se tiene que manifestar desde lo más pequeño a lo más grande y lo grande es importante porque existe lo pequeño y lo pequeño es importante porque existe lo grande, es un hecho que no tiene vuelta de hoja”, remacha Francisco Sánchez, Paco de La Zaranda.

Cuando se le pregunta por el papel de las administraciones en proyectos de este tipo, el icónico comediante echa mano de su largo recorrido por los caminos de los escenarios: “Yo me quedo sin palabras cuando un pueblo como Urones, como tantos otros de España, pide cultura a gritos”, revela el actor y director andaluz. Y lo argumenta de este modo: “El ser humano es mucho más inteligente de lo que se creen los señores que manejan las cuerdas de la administración, del poder, y si en un pueblo de poco más de cien habitantes se reúnen varios cientos de personas para ver teatro, eso es un fenómeno increíble, no tiene parangón y hay que apoyarlo”, reclama sin circunloquios.

Montaje «La Charanga» de la compañía Circolando, 2012. Fotografía: Tor.

Hasta estas llanuras llegaron también, desde la vecina Portugal, los integrantes de Circolando. Un laboratorio permanente en el que los artistas investigan, experimentan y asumen riesgos a lo largo de sus procesos creativos. Sus directores artísticos, André Braga y Cláudia Figueiredo entienden que la cita anual de Urones tiene que existir “porque arriesga, anticipa preguntas y debates, y prueba otras formas de hacer y de ser”. Y continúan con su exposición de motivos: “Una de las sensaciones más fuertes que recordamos de nuestra participación en FETAL fue el impacto de una experiencia distinta en el tiempo: el contexto, el paisaje, el silencio con un ritmo diferente de desaceleración, otra respiración… El debate actual sobre la necesidad de recuperar el tiempo para investigar, reflexionar, compartir, dialogar, FETAL lo ha adelantado desde hace tiempo”. Para Figueiredo y Braga “esa es una forma única de programar un festival”.

Y de la poesía del país que ama a Pessoa a las composiciones íntimas de los Títeres de María Parrato. “FETAL de Urones de Castroponce es para nosotros una joyita de los festivales por lo genuino y auténtico en nuestra Comunidad”, afirman María José Frías y Mauricio Zabaleta. Y lo justifican así: “Enmarcado en este pequeño pueblo de Tierra de Campos, el festival da valor al medio rural, a la belleza de esta manera de vivir, a las personas, a las formas, a los paisajes en los que se ubica y su innegable mérito al situar al arte en él”.

Frías agradece la invitación que los directores han hecho en varios momentos a su compañía porque “participar en un festival con esa filosofía tan poco habitual en las programaciones que parten de la curiosidad, el respeto y el apoyo a la evolución en la creación de los artistas” es un gesto impagable. Tan impagable, revela la actriz segoviana, que “allí se siente aprecio y cercanía con la organización y la gente del pueblo y los espectadores que llegan de los alrededores para ver las funciones”.

De sus actuaciones en este inhóspito lugar María José Frías descubre el instante que vivió en una de sus actuaciones en FETAL y que le transportó a un espacio de la niñez mil veces imaginado: “Tuve la oportunidad de actuar con Caminos en un pajar donde pude conectar con ese momento de creación pura en el sobrao de la casa de mis padres en mi infancia, con la suerte de que yo ya no era precisamente una niña y que allí… ¡Había espectadores!”, suspira.

Espectáculo “A través de los campos quemados” de Teatro Dran en Los Almendros. Foto: Alex Rodríguez.

CUADRO SÉPTIMO

Pequeño pueblo cerealista sin catedral, ni ruinas de algún claustro monacal, ni un castillo-fortaleza o lagunas esteparias. La coreografía de fondo muestra numerosos espectadores atónicos ante un milagro cultural a base de heroicidades que sirven para regar la mente de los habitantes de la comarca más extensa de España.  

La compañía Teatro Dran, codirigida por Ruth Rivera y Jaime Rodríguez, llevó hasta los escenarios de FETAL montajes como La balsa de la medusa, El nacimiento de mi violencia y A través de los campos quemados. Ellos hablan, por tanto, con conocimiento de causa de este punto de encuentro entre el arte y el teatro “en una zona que es casi un erial”. En sus estancias veraniegas por estos campos de cereal y maíz, advirtieron la singularidad del proyecto y “la calidad de los directores Raúl y Álex” que, además de llevar las riendas del festival son “buenas personas”. Pero no solo eso, “es poco frecuente tener un gran teatro, al estilo de una gran ciudad, poco frecuente que te den casa, que te inviten a comer, estás y te sientes entre amigos, pero es que, además, llevan años ofreciendo propuestas arriesgadas, han asumido muchos riesgos, y eso hay que agradecerlo porque atrae espectadores, algo que no se puede improvisar de la noche a la mañana”, dice Ruth.

La implantación de FETAL ha servido, en palabras de Jaime Rodríguez, para “democratizar el elitismo que se ve en muchos de los festivales de otros sitios, con grandes medios, y aquí no percibes esas diferencias sociales, han acercado el teatro al público, lo han hecho más esencial. Hay que reconocer que las etiquetas han hecho mucho daño a esta profesión y han llevado poco público”.

Pasados 16 años desde la puesta en marcha del Festival de Teatro Alternativo de Urones, Raúl Gómez deja la dirección por coherencia con el principio de tratarse de un certamen alternativo. “Un buen proyecto cultural no debe depender exclusivamente de una persona. Debe tener futuro en sí mismo”, señaló entonces. Toma las riendas Álex Rodríguez, que ya llevaba varias ediciones en la dirección artística.

El ya ex director habló entonces de que “era el momento” de entregar el testigo. Durante cuatro legislaturas (1995-2011), Raúl Gómez simultaneó su responsabilidad artística al frente de FETAL con la de alcalde de la localidad encabezando una lista de independientes, “todo por amor al arte, sin remuneración alguna, salvo la satisfacción personal”. Por eso, confesaba la “esquizofrenia en la que había vivido” al tener que ganarse la vida, al mismo tiempo, con su compañía. “Después de haber dedicado mucho tiempo al trabajo para los demás, considero que debo dedicarme a mí mismo, y a las personas que quiero. Creo que he cumplido con la comunidad”, reflexionaba.

El nuevo capitán del barco, Álex Rodríguez, llega con la intención de “alargar las acciones del festival durante el año”. Y adelanta: “Urones está dentro de la red de Circuitos Escénicos y es una preciada herramienta para que FETAL y Circuitos sigan siendo una referencia para los espectadores de la comarca de Tierra de Campos a lo largo de los doce meses”. Junto a esas intenciones, también apuesta por “residencias para creadores y creadoras, con la finalidad de conocer los momentos críticos, límites y de reconocimiento en los últimos días de creación de una compañía”.

Intervención artística con la población de Andrea Milde, 2015. Foto: Tor.

CUADRO OCTAVO

Saber que se sabe / Pez Luna Teatro / Valdunquillo. Juana, la reina que no quiso reinar / Histrión Teatro / Medina de Rioseco. Juana la siempre novia / Cabeça de vento / Villalón de Campos. Al otro lado del muro / Intactes y Bambú / Valderas. Jazz / Malandro Club / Mayorga de Campos.

El Festival de Teatro Alternativo de Urones descentralizó su programación a partir de 2011 abriendo escenarios en otras localidades tanto de Valladolid como de León, empezando por Valdunquillo y Cuenca de Campos. En siguientes ediciones, llegó la oportunidad a las localidades vallisoletanas de Villalón, Mayorga, Santervás de Campos, Medina de Rioseco y Tiedra, así como a Valderas (León). ¿El objetivo? Que los habitantes de la zona participen también de este proyecto que pretende dinamizar la comarca y profundizar en el debate cultural, la crítica y aumentar las libertades.

Uno de los núcleos de mayor fervor teatral en esta descentralización es Valdunquillo. Aunque el ayuntamiento se ha desentendido históricamente de las actividades culturales, la Asociación IV Centenario Valdunquillo 2007 se ha implicado activamente en esa meta hasta el punto de organizar anualmente diez días de actividades culturales. Su presidenta, Míriam Santos Bernardo, agradece que FETAL sea sensible a este sentir de los lugareños compartiendo espectáculos en la ermita de esta localidad. Allí, hay que levantar un pedestal a Andrés Fernández Pellitero, alma de ese espacio donde con ilusión a paladas fue capaz de rehabilitar la antigua iglesia y el convento de Santa María de Valdunquillo y convertir el inmueble en un corral de comedias de hasta 300 espectadores, en ocasiones.

“FETAL es una gran motivación para nosotros porque siempre comparte espectáculos que se representan en la ermita y, desde luego, los miembros de la asociación cultural estamos dispuestos a participar en todas las propuestas que lleguen a Valdunquillo”, promete Santos Bernardo. Además, explica, “traer cultura a la zona es superimportante porque favorece que la gente vuelva a sus pueblos, a sus raíces”. De hecho, señala, “antes en verano había visitantes que solían marchaban fuera en su periodo de vacaciones y desde que hacemos la Semana Cultural nos preguntan las fechas de su celebración para combinarla con sus etapa de descanso”.

Y es que… ¿dónde está escrito que los habitantes del medio rural no tengan los mismos derechos que en la ciudad para disfrutar de la vida cultural? Moncho Enríquez, codirector artístico de Baychimo Teatro, nos recomienda leer el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos para entender de un vistazo que el desarrollo de la dignidad humana pasa por el acceso a la cultura y el gozo de las artes en el marco amplio de la libertad.

“FETAL se desarrolla en un pueblo muy pequeño de Tierra de Campos con el adobe abandonado, pero vivo, de personas que actúan en su entorno y que cumplen con sus obligaciones. El festival trata de reivindicar los derechos de esos ciudadanos en un ejercicio de igualdad, de justicia social necesaria para una vida digna”. Enríquez pone como ejemplo también a Abizanda, transformado por la acción de los Titiriteros de Binéfar, donde es palpable el impacto económico y sus posibilidades como motor de desarrollo de las zonas rurales.

A porta do cante en “Canto alentejano y fado” en iglesia Sta. Mª de Mayorga. Foto: Gerardo Sanz.

CUADRO NOVENO

Por las calles engalanadas de Urones desfilan en la clausura de FETAL —en un aparente desorden ordenado, según programa—, compañías con reconocimientos nacionales de teatro; con premios Max; laureadas en Fetén; con trofeos en el TAC; recompensadas oficialmente en la Fira de Titelles de Lleida; mejor interpretación femenina por tal; mejor interpretación masculina por cual; premio a toda una vida en Ciudad Rodrigo y otras sin agradecimientos, ni falta que les hace, porque rezuman teatro por los cuatro costados…

Precisamente, una de esas oportunidades la aprovechó un buen día el joven Pau Rosell que veraneaba en el vecino pueblo de Villavicencio de los Caballeros. Llegó a Urones de casualidad ante la insistencia de “una vecina del pueblo que llevaba veranos insistiéndonos en que fuéramos a FETAL”. No recuerda los detalles de la primera representación que presenció, solo que se trataba de “un espectáculo de teatro de máscara, un coche, una era y el atardecer…” aunque sí le dio tiempo a pensar: “¿Pero qué maravilla es esta? Somos unos privilegiados”, asumió enseguida.

El chaval, hoy con 20 años, acaba de comenzar Interpretación en el Institut del Teatre de Barcelona. Pese a vivir lejos de Tierra de Campos, considera que “la programación de FETAL interpela al presente de los pueblos de la España rural y nos habla de la vejez, de revisitar el pasado histórico y cuestionar la actualidad política, del pilar de la mujer, de abrazar el folclore, de cuidar nuestros recuerdos y de habitar el mundo campesino”.

Para este estudiante, esta vía hacia el empoderamiento es «un oasis de les artes escénicas entre girasoles, casas de adobe y el sol de agosto. Un lugar donde encontrarse. A mí me emociona ver cómo el teatro, la danza o la performance llegan a lugares recónditos y aportan vida, y la gente acude. Que el teatro llegue a lo rural pienso que abre mentes y caminos hacia la contemporaneidad y el debate de pensamiento. No es un teatro “facilón”, FETAL sacude y abraza a partes iguales, provoca. A veces, los habitantes de los pueblos pequeños se cierran en su burbuja, FETAL rompe con eso y se convierte en una ventana al mundo”.

Rodrigo Cuevas en “Trópico de Covadonga”, teatro Corral de Anuncia, 2019. Foto: Gerardo Sanz.

La inusual percepción que tuvo la bailarina y coreógrafa Nuria Sotelo y las integrantes de la compañía, cuando acudieron en 2016 al Corral de Anuncia para presentar el espectáculo Ensaio amor fue transformándose a medida que se acercaban al pueblo. Con las escuetas indicaciones que les iba dando Google no se hacían idea de cuándo y dónde aparecería Urones, algo muy diferente a la poblada geografía gallega. Cuando por fin entraron en la población y conocieron a sus gentes y la filosofía de FETAL, todo cambió. “Me parece un lugar muy hermoso, poco frecuente. Me gustó la calma de estar en un pueblo de Castilla, fantástico, con un festival muy acogedor y llamativa la implicación de la gente del pueblo”.

Tras la representación de su pieza de música, danza y palabra en la que cuatro mujeres se cuestionan los papeles femeninos que les ha tocado vivir, esta artista quedó gratamente sorprendida porque el público que asistió al montaje fuera tan receptivo a propuestas tan innovadoras. Agradeció “que nos hayan dado la oportunidad de compartir este trabajo con ellos y es muy gratificante comprobar cómo se desplazan hasta aquí, un pueblo tan pequeño, espectadores de Madrid y de otros lugares de la comarca para compartir estas propuestas, es muy bonito”. Sotelo despacha su peripecia teatral en FETAL con las expresiones: “es muy amoroso, muy acogedor, muy lindo”.

Félix Fradejas, director de Ghetto 13-26, conoce de sobra los cimientos sobre los que se levantó el festival. Por eso su admiración es mayor: “No podíamos ni siquiera imaginar, sospecho que Raúl tampoco, que 25 años después ese festival, ese feto del FETAL se convertiría en un muchacho con un cuarto de siglo de vida, un festival que cumple 25 años programando teatro, en muchas ocasiones, del denominado “raro”, demostrando que el mundo rural no está reñido con el gusto por el teatro de calidad, cosa que prueba el lleno en cada representación de cada edición”.

Su compañía, precisamente una de las consideradas de teatro raro, actuó en cuatro ocasiones en Urones y, según reconoce, ha disfrutado “de ese oasis cultural en mitad de esos amarillos campos de Castilla, que ha logrado “contaminar “ de cultura y teatro a los pueblos de su alrededor, logrando duplicar su censo poblacional en el aforo de cada función”, remacha.

La compañía Ghetto 13-26 en «Se prohíbe mirar al césped». Fotografía: Tor.

CUADRO DÉCIMO

Premio a la Programación más Innovadora en la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca (2007) / Premio Amayuelas de Abajo (Palencia) al Compromiso con el Medio Rural (2017) / Premio Rosa María García Cano a la Iniciativa y Programas de Artes Escénicas ligadas al Medio Rural en la Feria de Teatro de Castilla y León (2018) / Premio de Teatro Provincia de Valladolid de la Diputación Provincial (2018).

Poner en marcha el camión o la furgoneta para ir a actuar al Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce es como coger los bártulos y emprender el viaje a una estancia mágica de verano para los componentes de las compañías. Un crucero imaginario donde se puede disfrutar de las olas del mar, del apacible horizonte, y dejarse acariciar por la brisa marina de esa Castilla donde se junta el cielo con la tierra. Algo de eso al menos le pasó a Ana Meabe.

Observadora, la actriz y confundora de la compañía Marie de Jongh conoce y percibe las palpitaciones de esta cita teatral a la que describe como “un festival donde la arquitectura del paisaje, la gente y el arte se funden y cogen de la mano. Un rincón, calle estrecha o cabaña de Urones de Castroponce que se convierte en un improvisado escenario. Todo el pueblo compone una peculiar escenografía”.

Los componentes de la premiada Marie de Jongh acudieron a esta plaza terracampina con la obra Amour, teatro infantil para adultos y de adultos para niños. “Nosotros, amor es lo que recibimos por parte del público y del equipo que hace posible que cada año salga adelante este festival tan hermoso”, expone Meabe.

Concierto «Para la guerra nada», con Marta Gómez. Fotografía: Tor.

Compartir el teatro suele ser el deseo íntimo de la familia de los comediantes, una aspiración, sin embargo, que no siempre se convierte en realidad por parte de instituciones y programadores. Los intereses del público y de los organizadores, a veces, llevan caminos opuestos. No en el caso de FETAL, “un festival donde quiero estar”, reclama convencida Lucía Miranda, directora de The Cross Border Project.

La responsable de este grupo de artistas que desarrolla proyectos en el ámbito del teatro, la educación y la transformación social estima que ir a este festival, alejado del club de las grandes citas de renombre, se justifica porque “sientes que trabajas para el pueblo”. Acude, puntualiza, por “el placer de volver unos días a casa, de estar en Tierra de Campos, de irme al pueblo como si FETAL fuera tu pueblo al que vas de vacaciones”.

Pero, ¿qué hace distinta a esta fiesta del teatro en relación con el panorama de otros festivales de artes escénicas? ¿Qué duerme bajo el juego de estas sábanas de lana de cordero aterciopelado y de franela? Sencillamente “es un festival para la gente, no para la profesión”, responde con contundencia Miranda.

“Hay muchos festivales de verano, maravillosos por distintos motivos, pero cuando actúas en FETAL lo haces mayoritariamente para la gente de Urones y de los pueblos de alrededor. Eso es importante. Es necesario. Eso es único en el panorama teatral”, dice la creadora. “Por eso creo que resiste y que debe pervivir”, subraya.

(Del techo desciende una luz naranja suave que termina con el escenario en negro)

Telón.

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