Tres canciones que gustan a casi todo el mundo y que tienen jugosas historias 

Paul explicando a los músicos su idea del clímax sonoro.

Por CARLOS DEL RIEGO

‘A day in the life’ de The Beatles, ‘Ballroom blitz’ de Sweet y ‘Heart of gold’ de Neil Young son tres canciones emblemáticas, títulos que describen épocas concretas del rock y que gustan a todo el mundo, o al menos sería difícil encontrar iniciados en este género a los que no. Y tienen otro punto en común: las tres tienen interesantes y pintorescas historias a su alrededor.

A lo largo de las casi siete décadas de vida que tiene este negocio se han escrito muchos miles de canciones, y cada una tiene su propia vida: cómo la ideó su autor, en qué se inspiró, cuál era su circunstancia, quién le ayudó…, y también qué pasó con ella después, cómo influyó en otros músicos, qué impacto causó en el público, a qué se la asocia… Algunas de las que prevalecen pase el tiempo que pase, siempre tienen qué contar.  

Es difícil no caer en el hechizo del ‘Heart of gold’ (1972) de Neil Young. En principio era sólo un breve interludio, un pasaje colocado dentro de un tema diferente, el ‘A man needs a maid’, del mismo Lp. Pero poco a poco se independizó y evolucionó, hasta convertirse en el único single de Young en alcanzar el número uno en EEUU. Entonces, cuando allí sonaba por todas partes, había alguien a quien le molestaba, Bob Dylan, que no soportaba no haberla escrito él. El propio Dylan reconoció en 1985: “Odiaba cada vez que sonaba en la radio. Me gustaba Neil Young, pero me molestaba mucho escuchar esa canción, que sonaba continuamente, fue número uno muchas semanas. Me decía a mí mismo ‘mierda, ese soy yo, suena como yo, debería ser yo’; era como si otro hubiera cogido algo mío y se hubiera largado con ello. Nunca lo superé”. Ha pasado mucho tiempo, la canción sigue sonando y el gran Bob Dylan sigue rabiando por no haber tenido esa idea antes que Young. 

Sweet fue uno de los grupos de glam rock más importantes y con más éxito. En 1973 publicaron uno de sus grandes hits, ‘Ballroom blitz’, escrita por los geniales productores Chinn y Chapman. Es un tema divertido, intrascendente, saltarín, festivo y tan pegadizo hoy como entonces. Este ‘bombardeo en el salón de baile’ habla de un grupo que toca en una disco cuando, de repente, el público se vuelve loco y empieza a ‘bombardear’ a los músicos con botellas; tal cosa ocurrió a Sweet en un concierto ese mismo año, en el que la audiencia empezó a tirarles botellas sin que nadie supiera por qué. Ese suceso inspiró a Nick Chinn y Mike Chapman para hacer la pieza. Éste último contó: “Nick y yo queríamos canciones sin demasiado significado y ‘Ballroom blitz’ nos pareció muy bien, sugerí el título y nos pusimos inmediatamente a trabajar. En realidad va de un músico que tiene un buen colocón en una discoteca y sueña que su nuevo disco no se vende, no gusta. Todo lo que se nos iba ocurriendo nos parecía divertido y sin gran significado…, sin embargo no recuerdo muy bien cómo era lo primero que escribimos”. Y lograron su propósito, el tema y su letra son perfectamente divertidos e intrascendentes. Pero tienen encanto.

Uno de los máximos chispazos de genio de Beatles fue su insuperable Lp ‘Sgt Pepper´s’ (1967), el cual se cierra con una pieza emblemática e innovadora, ‘A day in the life’, que incluye ese clímax sonoro tan chocante. John tomó varias ideas para hacerla: la noticia de los baches de una carretera, la película ‘Como gané la guerra’ en la que él había actuado o el accidente mortal de una millonaria. En 2018 Paul desveló cómo solían hacer las cosas: “John la había comenzado, tenía el primer verso y me lo mostró; esto pasaba muy a menudo: uno tenía una vaga idea y, en lugar de sentarse a trabajar y sudar él solo, simplemente se la llevaba al otro y entre los dos le íbamos dando forma hasta que salía; era como jugar al ping pong, nos lanzábamos ideas alternativamente”.

Ese verso inicial dice: “Leí las noticias de hoy, chico”, entonces, sigue Paul: “Empezamos a jugar con esa idea hasta que sacamos el segundo verso, y seguimos aportando cosas, ahora tú, ahora yo. Hasta que la terminamos. Más tarde, a la hora de la grabación, se me ocurrió la idea del clímax y les dije a los músicos de la orquesta que empezaran desde la nota más baja posible para ir subiendo hasta la más alta, cada uno a su manera (había estado escuchando y leyendo sobre música de vanguardia). Y de repente pensé que esos músicos estaban acostumbrados a Beethoven y a los mejores directores, y ahí estaba yo, un tipo medio loco de una banda de rock. Pero una orquesta sinfónica sigue una partitura y a un director, y no hace cada uno lo que le parece, por lo que parecían despistados, sin atreverse a empezar; llegó George Martin y les señaló la nota inicial y la nota final y les dijo que simplemente fueran de una a otra”. Al fan de los Beatles siempre le interesa conocer el cómo y el por qué.

Y otro par de detalles de ese singular tema. David Crosby contó que él estaba en los estudios el día de las últimas mezclas y que, aparte de los cuatro, George Martin y los ingenieros, él fue el primer ser humano que alucinó al escuchar aquella canción. Finalmente, el manuscrito con el texto de puño y letra de John Lennon se vendió en 2010 por 1,2 millones de dólares.

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