Precarios todos

portada precaria

Por VÍCTOR M. DÍEZ

Comentaba yo en mi última entrega de mi columna Desesperando a Godot la precariedad como nueva forma de vida. Algo sobrevenido para lo que nuestros actuales gobernantes habían trazado un plan concreto y efectivo: quiénes (casi todos) iban a vivir los rigores de esa vida sin trabajo, sin dinero, sin derechos, sin servicios. Y quienes (sólo algunos, los elegidos, los privilegiados hijos de…) seguirían viviendo como casi todos hace poco, o mejor. Esto, con una grave responsabilidad nunca bien ponderada: hacerse cargo de sus siervos o esclavos, casi todos, la mayoría. Me pareció que esa retórica del esclavo y el señor, podía sonar algo exagerada y, así, perder su efectividad de alerta, de llamada a la reflexión.

Buscando un ejemplo concreto, algo más tangible, menos abstracto, encontré a un muchacho de treinta años a la intemperie, con carrera y con máster, que contaba su historia con mucha gracia en un libro titulado Yo, precario. Javier López Menacho, periodista y escritor, gaditano de Jerez, cuenta “con una mirada triste que hace sonreír” su situación actual. A pesar de su formación vive sin ingresos fijos, en una habitación y su mayor activo es, según él, no tener hipoteca ni, de momento, familiares a su cargo. “Tengo casi treinta años y siento que me han robado la esencia. Tiene que ver con el trabajo. En algún momento interioricé que sólo es hombre quien trabaja y puede hacerse cargo de sí mismo. Yo no tengo trabajo estable y ni siquiera he aprendido a cuidar de mí. Mi único activo es no poseer nada. No tengo hipoteca, no tengo familiares a mi cargo, no tengo coche, no tengo piso, no tengo trabajo.” El libro está publicado en Libros del lince y viene con un prólogo de Manuel Rivas y una portada del dibujante Manuel Brieva.

Mezcla de novela y reportaje Yo, precario es una crónica “cargada de humor, acidez, de ternura y desesperación”. Oyéndole relatar la lista de sus últimos Infra-empleos no se puede evitar cierta risa culpable que no oculta la preocupación. Hacer de chocolatina gigante (de una conocida marca de chocolatinas, él no suele mencionar marcas), speaker de los partidos de la selección española en la última Eurocopa para un cine de San Cugat. “Como los jugadores de la selección son tan buenos ahora y llegan a las finales, me gané trescientos euros. Así es el fútbol: ellos son estrellas millonarias y yo el extrarradio del deporte rey”. También fue controlador de los que se cuelan en el metro (ocho horas sentado en un escalón, pulsando cada vez que alguien se cuela; algunos le pedían que les ayudara a saltar el torno), vendedor de cromos en los partidos de fútbol de los niños, controlador de máquinas de tabaco, gancho para una conocida marca de telefonía (la más cara de Europa, según él) sorteando una bici in situ…

“En 2012 llevaba un año realmente miserable. Lo pase muy mal a nivel laboral, deambulando de un trabajo a otro, con poco dinero y mucha, muchísima incertidumbre. Tampoco fue un buen año para mis amigos y mi familia. Mi única salida, pensé, tenía que surgir de mi pasión, la literatura”, comenta López Menacho.

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