Modesto Llamas Gil: “Necesito tocar el lienzo como si hiciera esgrima”

Modesto LLamas, Fotografía: Luis Miguel Ramos

Modesto LLamas Gil. © Fotografía: Luis Miguel Ramos

Por CAMINO SAYAGO

El pintor leonés Modesto Llamas Gil acomete la qué sin duda es la exposición más amplia y completa de su trayectoria. Una retrospectiva que abarca obra comprendida entre 1945 y 2013 y en la que el autor da cuenta de su prolija actividad. La muestra, desglosada en once salas, en los espacios del Centro Leonés de Arte y la Sala Provincia, reúne 180 piezas. Pinturas, dibujos, carteles y grabados seleccionados entre más de 800 obras. Un recorrido complejo que se adentra en sus distintas etapas de forma muy didáctica gracias a un montaje que, sin recurrir a la cronología, explica visualmente los momentos más significativos de su trabajo por medio de bloques temáticos.

Como en la galería de personajes que ha pintado a lo largo de su vida, su evolución, siempre palpitante entre la huella de lo simbólico y el trazo expresionista, continúa en perpetuo camino hacia la abstracción. Y la sombra de El Greco, al que copió en su época de estudiante de Bellas Artes en El Prado, no se ha hecho alargada, ni ha logrado oscurecer su pintura, que ha caminado desde las tinieblas hacia la luz, desde lo íntimo y cotidiano al sueño colectivo de las emociones, y ha dejado que el color se cuele definitivamente por la ventana de su mirada, ahora muchas veces atosigada por pequeñas hormigas. Unos insectos que en los últimos tiempos le acompañan, dice el artista, quizás como presagio de un futuro aún por desvelar.

Crítico, irónico y con un gran sentido del humor. Son solo tres pinceladas que perfilan la personalidad de Modesto Llamas; incombustible, y contestatario a la vez que cercano. Cada obra es un instante, un poso de la vida que sigue corriendo y sólo se detiene en el lienzo. De ello habla esta retrospectiva, de esos momentos que enhebran la producción del artista. Están ahí, son 70 años de trayectoria y, aunque él no lo quiera, ya forman parte de la historia de la pintura leonesa. Y en esta entrevista se adentra en todo ese camino recorrido.

—Casi 200 obras. La muestra es abrumadora, es un recorrido intenso. ¿Tanto han dado de si siete décadas?

—He sido muy disciplinado, sumando día a día una obra más otra, al final he reunido todas estas piezas. Al mismo tiempo simultaneando mi trabajo como profesor de instituto.

—Tiene una rutina, pero ¿de dónde saca el tiempo?

—Suelo pintar dos o tres horas al día y eso sumado día tras día supone mucho trabajo. La disciplina está en acudir a diario a pintar, no en hablar de las musas y en todas esas mandangas que no van a ninguna parte. ¡Es que las musas…! No, cuando te pones a pintar o a escribir, según vas pintando o escribiendo se te cruza la liebre y, como vas con la escopeta, cazas.

—La selección ha debido de ser ardua, había que elegir entre centenares de obras y además localizarlas.

—Están catalologadas casi 800, y han quedado algunas más. En la selección, que ha durado más de un año, hemos trabajado el director del Departamento de Arte y Exposiciones del ILC, Luis García, y yo. Hemos tenido que recuperar obra dispersa, algunas de Gijón, otras de Madrid. Me han puesto en orden toda mi obra y yo me he quedado un poco… ¡Jopela!, ¿pero qué es esto?

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

—La exposición muestra la evolución de su obra a partir de diferentes bloques temáticos. ¿Se intuye y comprende?

—Para visitar esta exposición se necesita cierto tiempo, no se puede mirar por encima, hay que entretenerse y entonces uno va descubriendo cosas, ayudado por la estructura didáctica que se le ha dado.

—Con motivo de esta retrospectiva ha donado varias obras a la Diputación Provincial. ¿Qué ha pedido a cambio?

—Lo que he pedido es que las conserve. Las he donado para agradecer cómo me ha tratado la Institución cuando comencé con una beca en los años 50 y ahora mismo con esta gran exposición. Son los cuatro retratos, que has visto, de cuatro influyentes escritores leoneses. La presidenta, Isabel Carrasco, me ha asegurado que los va a exponer al público, que no se van a guardar. Quiero que los vean todos los leoneses.

—Son retratos psicológicos de sus amigos…

…Son cuatro retratos de la historia de León: Victoriano Crémer, Antonio Pereira, Antonio Gamoneda y Francisco Pérez Hierro. Y, claro, hay mucha subjetividad mía en cada uno de ellos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

—De los retratos que ha pintado, ¿con cuáles se ha sentido más libre?

—Con los más cercanos, la familia y los amigos, me siento perfectamente a gusto. Cuando se trata de algún encargo mantengo contactos previos hasta que empiezo a dominar la situación. Oskar Kokoschka decía que “tengo que convivir con el personaje que voy a pintar para descubrirle”. Es lógico; estás tomando una cerveza con él, charlando y vas descubriendo la persona; él lo llamaba “el abrelatas sicológico”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

—Llama la atención la serie dedicada al erotismo, que ha expuesto muy pocas veces.

—Es que el erotismo, lo erótico, es algo que existe. Actualmente a mí se me alegra la vista mucho y si tengo que mirar a una gente guapa, joven… en realidad soy un pintor un poco viejo verde. Es que el verde es erótico, la naturaleza verde, cuando está en su máxima expresión, es erotismo puro.

—Y otra serie, “Galería de Disparates”, en la que derrama su mirada más crítica sobre la sociedad y que es casi un anacronismo en su obra…

—Es un contrapunto, más que un anacronismo. Un contrapunto desde el que se descubre mi personalidad, porque no solo estoy en una dirección determinada. Tengo unos registros que yo mismo me los descubro y digo ¡anda!, por aquí yo puedo ironizar, y empiezo a creer que mi ironía es un motivo a tener en cuenta en la obra.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

—La ironía y la crítica están unidas a su discurso, más allá de la pintura.

—Hay momentos en los que me he expresado con mayor libertad y otros con un poco más de recato. Pero ahí tienes el cartel de la Semana Santa de 1962 y otras piezas que demuestran que tenía sentido crítico de la realidad. Y esos trabajos que he hecho criticando actitudes de personajes ante los micrófonos… son actuales, todavía. Y en estos momentos son representativos de lo que estamos viviendo en el ambiente social y político.

723 [800x600]

—Lo figurativo ha evolucionado en su obra hacia el gesto expresionista pero nunca ha alcanzado la abstracción.

—El proceso ha sido paulatino. Sentía la necesidad de despegarme del oficio aprendido sin olvidarlo. Aquí ves un retrato de mi padre y de mi madre, uno enfrente de otro que pinte si mucha diferencia de tiempo. Y sin embargo, en el retrato de mi madre estoy jugando ya a lo que empiezo a descubrir en autores famosos de la época, postimpresionistas, y quiero incorporar una paleta muy fuerte. El retrato de mi padre, en cambio, es muy contenido. El de mi madre es el color por si mismo. Un verde en la cara, un rojo, el color que en si mismo tiene una expresión fundamental.

— ¿Le queda mucho por exprimir de la realidad?

—No es que me queden cosas, es que es un filón que no se acaba mientras no me proponga hacer geometría. Lo geométrico me sujeta demasiado. Me crea un problema demasiado rígido. No va con mi actuación vibrante del color y el gesto. En la estación geométrica lo del gesto me parece que ya no entraría con la libertad que me tomo cuando vibra la pincelada.

—¿Y qué pasa con la pincelada, se ha vuelto más nerviosa?

—La pincelada está más suelta pero no se trata de problemas de falta de pulso. Al contrario, es que necesito tocar el lienzo como si hiciera esgrima. Nunca me he sentado. Ataco el cuadro acercándome y alejándome un poco, desde una mancha inicial que no sabe a dónde va a llevarme, y según voy pintando esa mancha me lleva hacia mí.

—Dicen que es uno de los pintores más representativos de León.

—Son frases que me halagan pero sé calibrarlas. ¿El más representativo? Es que pertenezco al jurásico y me tienen en cuenta y me hacen esos elogios que sé medirlos, no me los creo al cien por cien. Tengo sentido crítico y cada uno puede pensar y decir lo que quiera, pero sé, más o menos, donde estoy.

¿Se arrepiente de haberse quedado en León? Sí ahora volviera a empezar, ¿qué haría?

—No es que me arrepienta pero estar en la periferia me ha limitado. He querido atacar varios frentes y uno es la familia, otro la enseñanza etcétera. Si estos frentes los hubiera dejado y, como alguno de mis compañeros, me hubiera comprometido con el arte en sí, no se qué hubiera pasado. Podría haberme quemado las alas porque hay gente que se lanzó a esa aventura y se quemó las alas. Hay compañeros de esa época que palmaron rápido y otros han tenido la suerte de poder llegar más lejos. Es una aventura muy dura y quizá no he sido suficientemente valiente. Y además, como estaba con Petra, mi mujer, nos hicimos novios y eso ya de alguna manera nos encauzó. Digo una frase que ya por repetida resulta tópica y es que empezamos a tener niños llegó un momento en el que me dije, “vamos a pintar porque tenemos más hijos que cuadros”.

—Comenta que siempre ha estado con la mosca detrás de la oreja y ahora con la hormiga a la espalda.

—Es que la aproximación a los insectos me tiene preocupado porque cuando me preguntan por mi salud digo que tengo carcoma y eso es ya la gusanera.

—Una última pregunta. Petra, su mujer, preside desde distintos lugares la exposición. Ella ha sido el motor, en todos los sentidos, para que usted siguiera pintando.

—Si, sin duda. Ahora mismo que ella no puede pintar yo sigo pintando y entiende que lo haga y me anima a que siga; para mi Petra ha sido fundamental.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

: : Un poema de Antonio Gamoneda dedicado al pintor:

Modesto

Llamas a la luz y la luz viene como
un animal transparente. Tú
la acaricias y ella lame tus manos. Se
incorpora a tus ojos y
en tus ojos se enciende
los números dispersos.
Ante tí, la pureza y sus rectángulos:
un abismo creado por preguntas blancas
en apariencia inmóviles.
Van a surgir rostros que quizá has amado.
Sí, surgen rostros habitados y exactos
y te posee una pasión: ahora es
visible lo invisible.
Otras veces, sucede
que la luz se desprende de tus manos y
busca su libertad y se convierte en
pulsaciones, en
colores cautivos que carecen de nombre.
Sí:
Proceden del abismo. Son
frutos incandescentes, entregados
a la libertad por tí.
Y pintas lo que no existió nunca: has visto la inexistencia
y la incorporas y
la inexistencia es real y es libre
incluso de sí misma.

Antonio Gamoneda

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

  1. Excelente entrevista…..enhorabuena

  2. Pingback: La retrospectiva de Modesto Llamas viaja a Astorga | Tam-Tam Press

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: