Javier Codesal: “La representación explícita del cuerpo por el desnudo era algo que no había hecho”

Javier Codesal. Fotografía: Cortesía Musac

Javier Codesal. Fotografía: Cortesía Musac

Por CAMINO SAYAGO

“Ponte el cuerpo”, es el título de la retrospectiva con la que Javier Codesal (Sabiñánigo, Huesca, 1958), se ha reencontrado en el Musac con un tema central de su trabajo que hacía tiempo no exploraba: la representación del cuerpo. El célebre verso de “Los desgraciados” de César Vallejo, le ha puesto otra vez en órbita con lo corporal, con el desnudo en este 2015. Y de paso ha revisado lo hecho anteriormente: desde 1988 a 2001. Hablamos de ello en esta entrevista hecha a pie de exposición, con el creador totalmente relajado y abierto a matizar detalles sobre esta nueva vuelta de tuerca en su producción.

– Para empezar explícame porque no consideras “Ponte el cuerpo” una exposición retrospectiva…

– No es eso, es que para hablar de una retrospectiva faltan muchas cosas. No solo obras, si no ciertos temas que son tan importantes como este y no están aquí suficientemente subrayados, el trabajo va por otro lado.

– Pero sí se puede contemplar como una panorámica de lo que ha sido tu trabajo entorno a la representación del cuerpo, tanto en su dimensión íntima como social.

– La obra seleccionada va desde 1988 hasta el 2001, más la que he realizado este mismo año y que da título a la muestra. Esta exposición es una iniciativa de Manuel Olveira, que me propone trabajar sobre este tema. Luego, al revisar toda la producción, nos dimos cuenta que había una serie de trabajos que abarcan estos quince años y que, de manera explícita, tenían que ver con la representación del cuerpo. En parte porque había bastantes obras en las que el cuerpo aparecía desnudo. Luego, a partir del 2001, y sin que lo corporal haya dejado de interesarme, las normas de presentación habían variado un poco. Se daba más importancia a la voz, en el decir, en el relato incluso, se insistía más en el duelo, en la cuestión del dolor, es decir tiene que ver con el cuerpo, pero no había una mirada dirigida de manera tan directa a este asunto. Y a partir de ahí, lo que nos planteamos es hacer una obra nueva que vuelve a tomar de nuevo la representación del cuerpo, sobre todo del desnudo. Desde hace años he sentido cierta envidia de los artistas clásicos y de los contemporáneos, como Picasso, los impresionistas. En fin, toda esta gente que tenía una relación con la pintura a través del modelo desnudo que era muy demorada, de mirar durante mucho tiempo a ese cuerpo. Sin embargo en mi obra los tiempos tenían que ser muy diferentes, había que ir muy deprisa. No te podías permitir tanto tiempo también porque las técnicas, la fotografía, son más rápidas. A menudo me planteo que necesito más tiempo para grabar…

– Y a partir de ahí surge esta pieza…

– Si y me planteé a partir de todas estas reflexiones recuperar ese tiempo. Finalmente hicimos una serie de sesiones muy intensas, durante varios días para unas fotos que se podrían haber hecho en una sesión. Allí lo importante era el trabajo que hacíamos tanto el amigo que hacía de modelo como yo mismo.

-Se conoce más tu faceta de video creador, sin embargo la pieza central en este recorrido es obra fotográfica.

– Lo que pasa es que, si te das cuenta, hay algún aspecto cinematográfico, primero en el trabajo de creación de la escena, hay una escena, como pasa en el cine, y por otro lado la propia disposición de la serie que es una disposición narrativa. Son 25 fotografías articuladas en varios tramos y uno podría haber pensado que el primer tramo, que es el momento en el que la persona se desnuda, se podría haber contado con muchas menos imágenes. Pero no quería prescindir de ningún momento, y por tanto había una pequeña aproximación a lo cinematográfico.

– Incluso a lo teatral y escenográfico…

– La obra, como sabes, tiene dos partes. La que si titula “Ponte el cuerpo” que son las 25 fotografías y luego hay una segunda parte en la que se transporta, de alguna forma, la escena, porque se titula “La ropa por el suelo” y está la ropa que utilizó el modelo en el momento de comenzar el trabajo. Y además esa ropa es un elemento central en el sentido de que es un ropaje. No sólo es una pertenencia, es como una reliquia. Es, digamos, el vestuario que hace escenografía. Y hay un concepto espacial a través del sonido. Hay un sillón que te permite ver no solo la ropa tirada en el suelo si no que, a través de la vitrina, te permite ver el exterior. Me interesa mucho esa apertura, precisamente para no congelar esas prendas en una especie de clausura fetichista. Además en ese sillón hay dos altavoces y trabajo presentándonos, a cada uno de los dos, que estamos jugando ahí. Leemos a dos voces un texto que nos está hablando de una extensión, en cierto sentido audiovisual, porque lo auditivo también genera escena, genera cine.

– Al margen de esta serie, está tu producción anterior más relacionada con el vídeo. Me decías que tenías necesidad de pisar el suelo, de retrotraerte un poco a ese trabajo de pintor de estudio…

– Sí, es complicado porque no hay manera de escapar completamente ni del cine ni de la fotografía. Estos últimos años he hecho mucho más fotografía que vídeo, pero mi anterior trabajo a este es un vídeo en el que todos son fotografías excepto un par de planos que están rodados en vídeo y son estáticos. Me interesa la tensión entre los modos de producir fotos o la forma de rodar, cuando haces una foto y pasa un rato y haces otra. Pero también la reunión de todo eso, porque es una cadena que se va a presentar con continuidad, y por tanto va a generar un tiempo y un movimiento cinematográfico: es el tema sobre el que más he investigado en los últimos diez años. Es algo que en esta exposición no está presente, ese juego con los límites de lo cinematográfico a través de la producción de vídeos con imagen estática. Aquí la fotografía no es una fotografía sobre una pantalla, ni en una proyección, sino en un papel con un marco y todo eso le da cuerpo. También es muy interesante el momento de producir la foto. Porque, claro, tú tienes una foto, yo trabajo en digital, hasta un momento dado eso lo ves en pantalla, con la luminosidad y la evanescencia, esa especie de irrealidad que tiene la pantalla de volatilidad. Pero luego hay un momento que hay que pasarlo a carne, a papel, que manda muchísimo. El papel es un cuerpo, es un material y se llevan las cosas a donde quieren, a un lado u otro. Tú tienes que elegir, pero también tienes que pelear con él para saber dónde termina la cosa. Sí que hay como una pretensión de encontrar el cuerpo de la imagen siempre.

– Javier, ¿Cuánto hay de improvisación y de planificación en este trabajo?

– Bueno todo fue muy lento. El trabajo con otros formatos pasa por muchas fases. Cuando ya se encarriló la producción para el Musac tuve que buscar el modelo y eso es muy difícil porque no me interesa el catálogo de modelos. Para poder trabajar necesito tener una relación y que entienda que es la persona con la que quiero trabajar. Ya fue difícil dar con la persona y eso lleva mucho tiempo, hay mucho pensamiento por el medio. Otro problema fue buscar el escenario. No quería un plató, necesitaba un escenario que tuviera cierta naturalidad.

– Y entiendo que cierta privacidad…

– Hacia falta que fuera un espacio íntimo, pero tampoco quería un espacio demasiado vulgar, demasiado cotidiano. Bueno finalmente encontramos un hotel, El Conde Luna, aquí en León, que tiene unas habitaciones muy grandes, con una decoración aséptica, la decoración está mitigada por el tiempo y eso permite trabajar ahí sin que chillen las paredes. Tenía como estudio un espacio cerrado, cómodo, controlable pero también era un lugar casi público, en cuanto que son habitaciones por las que pasa mucha gente. El lugar resultó ser estupendo y volviendo a lo de la improvisación, claro salí de allí con más de mil fotos y reaccioné mucho a las cosas que ocurrían. Repetíamos muchas veces las mimas acciones. Por otro lado el proceso de selección fue difícil. Tenía que elegir entre mil. Yo no sé si eso es improvisar o es pensar, pero desde luego consume mucho tiempo. Primero pensar las que técnicamente no valen. Y luego las que consideras válidas. ¿Cómo hago para llegar a un número que sea razonable? Ahí entran muchas negociaciones conmigo mismo, la propia negociación de la narración, porque hay un elemento narrativo, son fotos pero tienen una continuidad.

– Además deben tener coherencia…

– Claro y esto hizo que algunos de los temas que trabajamos los dejáramos fuera. Podían ser cosas interesantes pero quería generar un discurso, que empezara y terminara…y ahí hay mucha reflexión. En la segunda pieza hay un texto que consta de dos partes; por un lado un texto que escribí el año pasado sin pensar en esta exposición que se titula “Finito Pornográfico” y que, cuando estaba empezando a escribir un nuevo texto, lo recuperé porque, de alguna forma, anticipaba la producción de esta obra. A partir de que empezamos a rodar, generé otro texto en estos dos meses donde pensaba cosas que tenían que ver con lo que ocurría, con las cuestiones técnicas, narrativas. Y al final con esos dos textos adjudiqué uno al modelo, el anterior, y yo me quedé con el nuevo y hemos hecho una lectura que no es un diálogo, pero sí una especie de intercambio de pensamientos. Por tanto esos textos que están escritos con cierta técnica de improvisación tienen detrás un trabajo de lectura y corrección muy largo. Se mezclan las dos cosas, lo que surge y te sorprende y a partir de ahí lo que tú vas pensando. Creo bastante en la función del inconsciente en todo el trabajo del arte y por eso le tienes que dejar sitio para que el lenguaje hable por si mismo, para que lo que tú no controlas aflore. Evidentemente eso tiene que pasar por un proceso de artesano y te planteas, bueno, con esto hay que hacer algo.

– Una simple reflexión, si con las 25 fotografías de “Ponte el cuerpo” haces un fundido, el resultado es un vídeo.

– El trabajo justamente anterior que se titula “Retrato de Francisco del Río”, es muy diferente a este. Está hecho con 500 fotografías incorporadas en un vídeo, no hay papel, todas están metidas en un tiempo y construyen una película.

– Hablabas del antes y el después de lo corporal, ¿qué ocurrió para que retomases el interés por el tema del cuerpo, y en concreto por el desnudo?

– Nunca abandoné el tema del cuerpo. Lo que pasa es que se fueron abriendo otras cosas. En este tiempo he hecho muchos retratos. Uno, por ejemplo, de Maite Martín que para mí es muy interesante. Está cantando, es un trabajo sobre el rostro y sobre el canto. Otro con José Menese que no puede ser más corporal, es un cuerpo en el momento en el que canta, en el que está delante y cuando cuenta, son fundamentales las manos, el rostro, el pelo, en fin todo. Lo que faltaba era focalizar el cuerpo en el trabajo. El cuerpo estaba ahí pero aparecían relatos, otras cosas, bueno es una apreciación mía. De hecho cuando nos decidimos a trabajar sobre el cuerpo inicialmente no había un marco corporal, empezamos a juntar obras y esto también es muy interesante. Al final nos dimos cuenta que el periodo que abarcaban esas obras justo iba desde 1988 hasta 2001. Y empiezo a trabajar en el 88, es decir no son los primeros años, son los segundos años. La representación explícita del cuerpo por el desnudo era algo que no había hecho. Estaba intentando producir esta pieza, pero lo que pasaba es que no lo tenía muy claro, la movía hacia lugares que no eran este. Este es un lugar muy sencillo, es el lugar clásico de la relación de una mirada y un cuerpo, uno de los temas más básicos. Creo que mis trabajos iniciales, en estos que se ven en la sala cuando aparece un cuerpo desnudo, es verdad que está ahí, pero también es verdad que ese cuerpo está haciendo un trabajo metafórico, en cierto modo. Esta colocado en un dispositivo que también habla de otra cosa. Sea la enfermedad, sea la política. En este caso no había argumentos, este es un cuerpo desnudo sin argumentos, y es lo que más me interesa de este trabajo.

– Recuperas la corporalidad y subrayas los gestos, el pelo, es decir esos detalles que hacen que algo se convierta en personal. A través del cuerpo se aprecia la identidad, el placer y el dolor, la enfermedad…

– Bueno la idea del cuerpo siempre tiene que ver con lo concreto. Es verdad que socialmente, y esta exposición pelea contra esa idea, los cuerpos son casi insignias, son elementos, son signos y por tanto se producen sobre idea de igualdad. Hay una gran presión social porque todos los cuerpos sean iguales y eso significa valorar de una manera determinada una forma de cuerpo y eso abarca desde los géneros del cuerpo hasta la tipología. Siempre me he interesado por lo corporal, en tanto que marca la diferencia de una persona respecto a las demás.

Días de Sida. Javier Codesal

Días de Sida. Javier Codesal

– Como en el caso de “Días de Sida”, la fotografía del sarcoma. Para identificar la enfermedad, el colectivo… ¿en qué te fijabas?

– En aquel caso se trataba de luchar contra las metáforas que públicamente circulaban contra el SIDA, metáforas muy destructivas que presentaban el cuerpo como una especie de enemigo, y como un castigo. El trabajo era sustituir esa especie de roncha roja por una forma que nosotros asociamos a la delicadeza, a la elegancia, a la belleza y que por otra parte no dejaba de producir esa sensación irritante de una piel levantada. Yo no quería, cuando hice esta foto, prescindir de la realidad del SIDA que era una realidad muy dolorosa, muy grave y arriesgada. La idea era quitarle esa connotación peyorativa, de culpa y de castigo, y colocar, en su lugar, una idea de un cuerpo afectado, pero posible, un cuerpo bello, a pesar de todo.

– Otra parte de tu obra refleja esa España del pasado que, a menudo, sigue siendo la España actual y es como una vertiente más documental, diferente…

– El documental siempre me ha interesado. Una de mis primeras obras que se puede ver aquí, “Sábado legionario”, de 1988, es un documental, pero no un documental informativo. No es que no me interese el documental de corte informativo, periodístico o de investigación; me interesa pero no es mi trabajo. Me interesa la imagen de tipo documental en tanto que investigación, pero artística. Me acuerdo que cuando hicimos “Sábado legionario”, lo producimos a través de una televisión y tuvimos muchas discusiones porque no quería que hubiera una voz en off explicando imágenes. Para la televisión era importante y me negué en redondo y esto hizo que aquel programa estuviera mucho tiempo sin salir. Hay formas de trabajar lo documental.

-Lo que quería destacar es que eres un artista muy interesado por los temas sociales

– Todo el trabajo de días de SIDA evidentemente tenía ese componente. Había artistas que trabajaban desde la denuncia directa, con una pancarta, diciendo pasa esto. Yo no trabajo de esa manera. Trabajo a través de una reflexión sobre el imaginario, no hay nada más colectivo que una imagen. Las imágenes que nosotros trabajamos son sociales, se pueden comprender por cuanto están inscritas en el lenguaje, entendemos lo del mantón de manila porque hemos visto mantones de manila en muchos contextos.

-Por último, decías que la poesía está muy unida a tu trabajo. Esta muestra la incluye. También tus dibujos.

– Comencé escribiendo, no haciendo imagen, de niño, como se empieza siempre. Lo que ocurre es que luego fui personalizando mi trabajo en formato audiovisual y durante muchos años fui muy pudoroso con la producción poética. Sin embargo ha sido un trabajo continuo. Para mí la lectura de poesía o pensar sobre la poesía o la propia escritura poética ha sido un trabajo permanente. A partir del momento que sale publicado mi primer libro empiezo a abrirme más a la posibilidad de relacionar abiertamente una cosa con la otra. En 1995, en la exposición titulada “Mario y Manuel”, uno de los trabajos era una habitación donde se podía leer un libro que acababa de salir y que tenía que ver con los mismos temas que luego ponía en juego en una instalación de vídeo que había en otra sala. Y en esta exposición también me ha gustado que a Manuel Olveira le pareciera bien incorporar un libro, literalmente, a la exposición, que está en un pequeño atril donde la gente lo puede tocar.

Dibujo. Javier Codesal

Dibujo. Javier Codesal

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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