Jean-Yves Bériou: “En poesía no entiendo de fronteras, idiomas, sociedades…”

Jean-Yves Bériou, siempre con un libro entre las manos.

Jean-Yves Bériou, siempre con un libro entre las manos.

El poeta y traductor francés Jean-Yves Bériou publica en castellano una antología de su poesía, “El arrebato de las cosas” (Paralelo Sur Ediciones). El martes 14 de julio viajará a León, donde viven algunos de los poetas que más le gustan, para ofrecer una lectura de su libro en la cripta romana de Cascalerías, dentro del ciclo estival “Roma en el espejo” que organiza la Concejalía de Cultura y que coordina el poeta Víctor M. Díez.
Le entrevistamos, vía mail, con la ayuda de varios colaboradores de Tam Tam Press que aportaron algunas preguntas.

Por ELOÍSA OTERO & Cía

A caballo entre Francia y España, Jean-Yves Bériou (Jeumont, Francia, 1948) fijó su casa hace unos años en Barcelona. Es autor de varias plaquettes y de tres libros de poemas en francés: Le château périlleux (L’Escampette, 2003), L’Emportement des choses (L’Escampette, 2009) y Le monde est un autre (L’Escampette, 2013). Algunos de sus poemas y textos diversos, traducidos al castellano, han sido publicados en distintas revistas españolas. A su vez, Bériou ha publicado en francés, en colaboración con Martine Joulia, a algunos poetas españoles como, entre otros, Antonio Gamoneda, Olvido García Valdés, Ildefonso Rodríguez o Miguel Suárez, pero también a Juan Sánchez Peláez, poeta venezolano (será publicado en Francia en 2015).

Como traductor del gaélico, a él, con Martine Joulia y Derry O’Sullivan, se debe la versión francesa de un célebre texto medieval Lamentaciones de la anciana de Beare. Acaba de publicar El arrebato de las cosas (Paralelo Sur Ediciones, 2015), una antología de su obra vertida al castellano por nueve traductores en total: Antonio Gamoneda, Miguel Casado, Cinta Moreso, Amelia Gamoneda, Ildefonso Rodríguez, Ana María Beaulieu, Lucía Fernández García, Miguel Flores-Eloz y Juan-Pablo Roa. En estos momentos, Bériou prepara una edición de poesía medieval traducida del gaélico de Irlanda. Lector empedernido, nunca sale de casa sin un libro o dos en el bolsillo, que aprovechará para abrir a la menor ocasión.

El arrebato de las cosas es una antología de su poesía, en ella usted ha reunido escritura de hace más de veinte años con otra reciente y lo ha hecho voluntariamente sin un orden cronológico, los poemas más antiguos se mezclan con naturalidad con los recientes. Háblenos de ese proceso de montaje…

—El arrebato de las cosas no es exactamente una antología. En efecto, nadie ha elegido nada. Es el conjunto de todas las traducciones de poemas publicadas desde hace 20 años en revistas españolas diversas, con otras no publicadas. Hubiera sido pues difícil seguir un orden cronológico. Y además ¿qué tipo de orden cronológico? ¿El de los tres libros en francés? Esos libros son ellos mismos compilaciones de poemas previamente publicados o no en plaquettes, sin orden cronológico…

Así que me dejé guiar por la intuición para componer el libro en castellano. Más que un montaje, fórmula que muchas veces tiene algo de mecánico, preferí una suite orgánica. He dejado que jueguen las analogías y los contrastes entre los poemas. Fueron los poemas que se atrajeron, se rechazaron. Los deje actuar.

—¿Cómo presentaría usted brevemente este libro?

—Me parece que deriva de lo que acabo de explicar. Un libro de “ida y vuelta”, como se dice en flamenco: traduje algunos poetas españoles, algunos de ellos, y otros, me tradujeron a mí. Se trata del trasvase de un mundo en otro mundo, como una metamorfosis. Eso es lo que diría. Por lo demás, “El mundo es otro”, es el titulo de una pieza del poemario.

—¿Cómo ha planteado su lectura o acto poético en la cripta leonesa de Cascalerías?

—He descartado ciertos poemas ya muy leídos durante dos presentaciones del libro en Barcelona, y una lectura pública en un festival de la periferia. Esta vez he elegido yo —las otras veces eligieron los que leían en castellano—. Y, a partir de allí, he escogido un orden de la misma manera que había organizado el libro: dejando que los poemas se acoplasen, se rechazasen, dejándolos actuar.

—¿Se considera un poeta surrealista? ¿Qué vigencia tiene el surrealismo, cuando muchos ya lo consideran, desde hace tiempo, un hecho puramente histórico?

—La verdad, me hacen dos preguntas en una. Primero, ¿soy yo un poeta surrealista? Considero que no hay poesía surrealista propiamente dicha, sino surrealistas que escriben poemas. Otros lo dijeron antes que yo. En efecto, el surrealismo no es una vanguardia artística y literaria (algunos surrealistas nunca escribieron poemas ni pintaron cuadros), sino un movimiento que aspiraba desde un principio a cambiar la vida y transformar el mundo. Y que se reveló, poco a poco, ante todo comprometido con un rechazo de los valores de la civilización occidental y una afirmación, en la vida misma y en actos diversos (como la producción de poemas), de otra relación con el mundo y con uno mismo, basada en otro pensamiento que no el horrible racionalismo, un pensamiento sensible, analógico, mítico del deseo universal…

No existe ningún modelo de poesía surrealista: ¿que tienen estilísticamente en común un poema de Breton y otro de Westphalen? ¿Uno de Joyce Mansour y otro de Prévert? ¿Uno de J. P. Duprey y otro de P. Peuchmaurd? Únicamente el soplo de la gran libertad.

No me considero pues como un poeta surrealista, sino como alguien apasionado por el surrealismo, y cercano a algunos de sus representantes, que a veces escribe poemas.

Aparte, el surrealismo está perfectamente vivo. Conoció épocas grandes, como la década de los 30, pero también la de la postguerra que, para mí, es fundamental. Múltiples individuos y/o grupos se reclaman de esta corriente, o se sienten próximos de ella. Muy diversos, incluso contradictorios a veces. Algunos son partidarios de una actividad de grupo, otros al contrario establecen relaciones por afinidad… Existe una profusión de textos, poemas, colages, cuadros, acciones y películas… de Ioannina en Grecia a Madrid, pasando por Chicago o Praga…

Jean-Yves Bériou.

Jean-Yves Bériou.

—En su libro El arrebato de las cosas reúne a nueve traductoras y traductores muy diferentes entre sí, lo cual es un algo insólito. ¿Cómo se ha producido este hecho?

—Como decía antes, solo me limite a reunir los poemas publicados o no en revistas españolas durante 20 años. Habían sido traducidos por gente distinta, para ocasiones especiales, en épocas y para revistas diferentes. Resultan nueve traductores que no se conocen forzosamente.

—Usted, a su vez, es un reputado traductor de poetas españoles, pero también irlandeses, y últimamente griegos… al francés. Se podría decir que ésta es la obra del traductor traducido. ¿Cómo siente sus poemas en otra lengua y mediados por otra voz? ¿Se siente más poeta que traductor o es algo indisociable para usted?

—No sé si soy un traductor reputado de poetas españoles: hay muchos, y muchos más conocidos, pero lo que sí sé es que se trata siempre de traducciones hechas con Martine Joulia. Y no exageremos, la traducción del poema medieval en irlandés la hicimos entre tres, con Derry O’Sullivan, poeta residente en París y que escribe en gaélico. Es verdad que, después, he traducido y traduzco solo unos poemas medievales irlandeses, ayudándome de ediciones filológicas serias, de buenos diccionarios… pero en mí es una forma de hybris, que reivindico. En cuanto al griego, no lo hablo, ni lo leo, así que me sería difícil traducirlo. Lo único que hice fue ayudar a publicar a dos excelentes poetas jóvenes (Katerina Iliopoulou y Yiannis Stiggas), en Francia, en Canadá y en España, buscando traductores, revistas y editoriales.

Nos gusta traducir y solo traducimos lo que nos gusta, nos llena, nos lleva. Nunca aceptamos pedidos.

Cuando leo mis poemas en castellano, siempre me produce estupefacción y cierta inquietud en un principio, aunque poco a poco terminan por seducirme y hacerse míos. Es verdad que tengo la gran suerte de contar con traductores excepcionales.

En cuanto a saber si soy más poeta que traductor, debo confesar que no me siento ni una cosa ni la otra. No soy nada.

—En todo caso, sorprende la unidad del discurso poético de su antología, por encima de la multiplicidad de manos y voces de los traductores. ¿A que lo achaca? ¿Cómo se lo explica como experto en el tema?

—Alguien dijo una vez que solo tenía una voz, supongo que tenía razón. Pero no soy experto en ese tema, ni en ninguno.

—¿Qué es lo que más le interesa y le atrae de la poesía española actual? ¿La relaciona, de algún modo, con la francesa? ¿Qué es lo más destacable de la poesía francesa actual?

—No puedo contestar a esta pregunta pues no estoy interesado ni atraído por ninguna poesía en una base nacional. Me atraen poetas singulares. Y de los poetas “españoles o castellano-hablantes”, hemos traducido los que nos gustaban más (de los que conocíamos, por supuesto) y seguimos haciéndolo (Víctor M. Díez, Juan-Pablo Roa). Entre los franceses (y también canadienses), me vienen a la mente unos nombres: Pierre Peuchmaurd, Anne-Marie Beeckman, Jacques Abeille, Louis-François Delisse, Laurent Albarracin, Paol Keineg, Matthieu Messagier, Benoît Chaput, y olvido unos cuantos seguro.

—Una pregunta muy convencional, pero nunca obvia: ¿Qué concepto nos daría de la poesía en general y de la suya en particular, incluyendo los negativos, lo que NO es poesía?

—Como lo dice P. Peuchmaurd en el prologo de mi libro, “La poesía, de tanto preguntarse lo que es la poesía, suele acabar mezclando sus figuras o viéndola demasiado desnuda, dos maneras, entre otras, de mirar hacia otro lado”. No quisiera contribuir a ahondar la confusión con una tentativa de definición. Me limitaré a afirmar de manera elíptica:

“La poesía es una propiedad de la materia” (Maurice Blanchard)

La poesía no existe sólo en el poema, existe antes y después del acto poético que puede constituir la escritura del poema, u otro acto…

La poesía es un modo de pensamiento, es el pensamiento por la imagen, no por el concepto. Tres de sus grandes formas son los pensamientos mágico, mítico y analógico.

La poesía está relacionada con la inmanencia, únicamente con la inmanencia, y se levanta contra toda transcendencia. Cuando habla de otro mundo, es aquel que es otro. El otro mundo está dentro de este. No hay misticismo.

La poesía no es un genero literario (hay muchos poemas sin poesía). No es literatura.

Para mí, la verdadera poesía escrita es la poesía de la imagen, sea del tipo que sea (de Dylan Thomas a Miltos Sajturis, pasando por Benjamin Péret).

—Usted vive en Barcelona, le gusta el flamenco y ha encontrado a los poetas españoles que más parecen interesarle —pues los ha traducido en compañía de su compañera, Martine Joulia— en el noroeste de España. ¿Cómo concilia estos extremos en su visión del país?

—Tengo ganas de contestar por una “broma”: es como tener afición tanto por el gazpacho como por el suquet de peix o el cocido. Depende de los momentos.

—Es curioso que cuatro de los poetas españoles traducidos por ustedes: Antonio Gamoneda, Ildefonso Rodríguez, Miguel Suárez y Víctor M. Díez, estén vinculados con León; ¿qué explicación tiene para esta coincidencia, si es que tiene alguna?

—No, no tengo explicación alguna, sino las casualidades de la vida, de los encuentros, etc.

—¿Le ha llegado a seducir la poesía catalana?

—¿Y qué pasa con la gallega? ¿Ha descubierto algo ahí o todavía no?

—¿Su políglotía le ha llevado a indagar también en la poesía vasca?

—¿Y qué le dice la poesía del sur de España a un apasionado del cante jondo como usted?

—No puedo contestar a estas cuatro preguntas por no tener suficiente conocimiento y porque, como ya lo dije antes, en poesía no entiendo de fronteras, idiomas, sociedades…

Portada de

Portada de “El arrebato de las cosas”, de Jean-Yves Bériou.

Información complementaria en TAM TAM PRESS:

: : Un poema del libro “El arrebato de las cosas”

El clavo de la infancia

Para Orial

Mar sin gaviotas, corazón de plena noche.

Niño clavado en el grito de un invierno de arena fina, tu castillo lo abandonan los vasallos, en la bruma se borra tu blasón, y te quedas dormido.

A lo lejos, en la colina donde los amigos sueñan, los harmónicos de un saxo, un molino de sangre, la muerte está errando, enseña los dientes, gruñe y retrocede: agarro mi copa.

Y la vacío. Viene el pájaro, viene la pájara, viene la brisa con sus piernas finas, y nuestro cómplice titubeando.

Tus ojos de hojas secas donde la luz da vueltas sin cesar, hasta ennegrecer, tal el ángel que no dice su nombre.

Aprieta los dientes, tienes aquí el sendero abriéndose en el claro; el cielo es una mano grande que encubre el desorden de los riachuelos, la angustia de los zorros, tu cólera y sus venas negras.

A las reinas de la noche.

(Traducción: J.-P. R.)

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

Un Comentario

  1. Pingback: Jean-Yves Bériou presenta su antología “El arrebato de las cosas” en Valladolid | Tam-Tam Press

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