CRÓNICA / En San Miguel de Escalada

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El escritor y editor Gonzalo Blanco nos envía esta crónica del VII encuentro poético que el pasado 25 de junio se celebró en el monasterio de San Miguel de Escalada (León), y en el que participaron los poetas Blanca Sarasua, Antonio Manilla, Sara Otero y Antonio Praena, y los músicos Sara Marina, Clara Campos y Emilio Villalba. Las fotografías son de Antonio García Ceballos.

Por GONZALO BLANCO

El pasado sábado 25 de junio fue un día que heredó los ruidos descomunales del Brexit y el de los fragores de la última campaña para el voto del 26-J. Ese mismo día por la tarde a eso de las seis se celebraba un encuentro de más intensidad humana y de mayor hondura de futuro en el templo mozárabe de San Miguel de Escalada. Era el Séptimo Encuentro Poético que, con el subtítulo de “Cuentas para un collar mozárabe… y otras perlas”, desgranaba entre las pulcras hileras de columnas un recital de música y un puñado de lecturas poéticas en vivo. La música pertenecía al núcleo musical de “El Collar de la Paloma” –recreación de las veladas en patios y salones de Al Andalus. Y así, en las manos de Emilio Villalba, instrumentos musicales históricos como el ouz árabe, el saz turco, la viola, el salterio, la zanfona sonaron, y sus sonidos se fueron entrelazando con el silencio sacro del templo en melodías de hace mil años, en sonoridades inspiradas en músicos árabes y en poesía oriental. A un lado del intérprete instrumental, Sara Marina de hondas raíces cordobesas y sevillanas, recitaba fragmentos de leyendas que en el ámbito de San Miguel sonaba a la vez a salmo, a canto, a plegaria y a melodía desobediente, acompañaba el sonido de las cuerdas, con percusiones muy atinadas sobre el duff, el rik o el pandero cuadrado. Al otro lado Clara Campos, heredera musical de antecesores músicos metidos en fados y óperas, insertaba en las melodías, fragmentos cantados de romances sefardíes. Un lujo, una experiencia de aliento místico, una inmersión de gran entidad humana en valores muy antiguos henchidos hoy de energía de futuro.

En la segunda parte les tocó el turno a cuatro poetas, dos varones, dos mujeres, que dieron el relevo a músicos y cantores y detrás de un atril recitaron poemas, y versos varios, que habían sido impresos previamente por Pie Ediciones –una de las entidades financiadoras del evento— en un libro que se repartió entre el público asistente, que llenaba el templo de San Miguel.

La bilbaína Blanca Sarasua dejó caer sobre el público versos de una pregunta al río, o alabó la belleza de los puentes de piedra, o midiendo el territorio hermético y lacerado del “Semáforo rojo”, o denunciando el estilete feroz de la “Línea recta” que no dialoga cuando se dirige al infinito.

Después salió al atril Antonio Manilla, leonés, grandón pero con huellas de infancia no marchitada. Uno de sus poemas se titula “Canción del optimismo” y se percibe en efecto, al trasluz de sus escritos un optimismo resuelto en su lírica. “Escribo la palabra amor –dice en uno de sus cantos– para con ella intentar abarcar lo inabarcable”. He aquí un excelso propósito.

Sara Otero, leonesa, finalista del premio Adonis de 2004 y 2012, confesó lo siguiente “las mujeres como yo / andamos descalzas sobre libros de poemas, / devoramos puntillas, / somos / un manantial de alas rotas / ante los nidos vacíos”, versos primeros del poema “Raza de Mujeres”. Leyó también a lo largo de su recitación poemas del, libro “Grmática de las cigarras” y concluyó con un elogio del tejer, luces y miserias de este oficio, y cuyo título es “Mercería peccata minuta”.

Cerró la intervención de los poetas Antonio Praena, granadino de 1973 y teólogo en activo. “Poeta de indomable caridad y del yo agónico y buscador” –dice de él Luis Antonio de Villena en el prólogo del libro de Praena Actos de amor. Dio, donó en el sentido estricto un prodigioso recital En uno de los poemas sobre su nacimiento –“ocho de junio”— advirtió que “toda la luz se derramó en mi sangre…” y fragmentos espléndidos de esa luz discurrieron ante el público al leer el contenido de los títulos “Responso”, Castidad”, “Enmanuel”, entre otros. Respondió el público con un aplauso largo seco, atronador.

Fue ya digo en la tarde del sábado 25 de junio cuando en las cancillerías de Holanda, de Noruega, de Bruseles, de Berlín, sonaba el filo de cuchillos diplomáticos, entre micros y cámaras, por la catástofe del Brexit y en diferentes ámbitos políticos de nuestro país se hablaba en tono elevado de los malos presagios posibles de las elecciones del 26 J.(que en gran medida se confirmaron. Contra los pronósticos, a la noche siguiente)

De Noruega, de Holanda, de Alemania, son precisamente los más abundantes de los visitantes fieles al cenobio de San Miguel de Escalada a lo largo del año. Gentes que ignoran las convulsiones bursátiles pero investigan, exploran y a doran la belleza casi intacta del monasterio leonés.

Fue una celebración gozosa de poetas y músicos y casi un centenar de fieles seguidores hicieron esa tarde un poco más cómoda, un poco más ancha, un poco más acogedora la convivencia en el mundo.

Un Comentario

  1. Isabel Recio Corra

    Que bonito,que lujo de velada,como en un patio andalusí con la música,la poesía, la mistica….
    Gracias por organizar esto tan raro en estos momentos, en ese marco tan lleno de paz y belleza

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