El escándalo, compañero del rock & roll

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John Lennon causó tan gran escándalo que hubo lugares donde quemaron discos y fotos de los Beatles. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Los escándalos asaltan la actualidad casi de continuo. Muchos son por causa de pasta o de índole sexual, aunque la droga la estafa, la política la traición… también son origen del escándalo. En el planeta rock & roll se han producido muchos y muy ruidosos.

Actualmente los escándalos ocupan casi todas las portadas y titulares. Los de tipo económico son tan abundantes que ya dejan frío al personal de a pie y apenas provocan sonrisitas de complicidad con los colegas; otra cosa son los de abusos sexuales, que indignan en la calle, en la prensa y en redes digitales y siempre producen asco y desprecio. En la historia del rock eso del escándalo es algo muy habitual, de hecho uno de sus objetivos es la provocación; además, el exceso es casi consustancial a la estrella (a la mayoría, pues también en este entorno hay gente sencilla); por último, el sexo y las drogas, causas principales de sus escándalos, suelen ser sus compañeros (ya se sabe, sexo, drogas y…), aunque no faltan casos de fraude y violencia; por suerte, no hay figuras del rock involucradas en inmoralidades políticas.

El primer escándalo de la era del rock & roll lo protagonizó, cómo no, Elvis, cuando apareció en televisión moviendo las caderas de un modo tan pecaminoso que la pacata sociedad estadounidense de los cincuenta asoció ese nuevo invento a la perversión; hoy, aquellos movimientos sólo despiertan nostalgia, y resulta difícil entender que provocara tanta indignación (fue algo así como un adelanto de las ansias de alboroto de estos modos musicales). Otras deidades de los primeros tiempos del r & r no fueron capaces de eludir estruendosas inmoralidades. El idolatrado Chuck Berry fue sorprendido llevando a una menor de un estado a otro, por lo que fue acusado de proxenetismo y corrupción de menores; además, el gran pionero volvió a las páginas de sucesos sensacionalistas cuando se le acusó de poner cámaras en los baños de mujeres de un restaurante de su propiedad…, cosa que le costó una pasta, desprecio e insultos. Su contemporáneo Jerry Lee Lewis fue también amigo del escándalo: se casó con una prima suya de 13 años, Myra; el caso es que llegó a Inglaterra en 1958 y la presentó como su esposa de 15 años, pero claro, todo termina por saberse, y al poco los escandalizados súbditos de la reina se enteraron de que sólo tenía 13 y además era su prima; las ruidosas e indignadas acusaciones lo relegaron una buena temporada.

También asociado a aquella época es el conocido como ‘caso Payola’, aunque este tipo de estafa se viene observando desde que empezó a emitirse música por la radio. El proceso es fácil: pago por emisión de canciones; concretamente en los años iniciales del rock era habitual ceder derechos de canciones a emisoras, productores e incluso a algún locutor de postín a cambio de emitir ciertos discos; así, tras el alboroto que se produjo al conocerse el asunto, el propio Alan Freed, inventor del término rock & roll, se vio involucrado, lo que le costó su carrera. La lista de grupos y solistas cuyas discográficas y productoras han costeado su presencia en las ondas es tan larga que ya no escandaliza a nadie. Un fraude parecido se descubrió en España con el nombre de ‘La Rueda’, que consiste en  modificar algunos detalles de canciones ya registradas y presentarlas y cobrar derechos como si fueran propias.

Amigo de la provocación era Jim Morrison; fue arrestado en 1969 por simular masturbación y sexo oral durante una actuación, aunque muchos asistentes aseguraron que era una especie de burla; en todo caso, lo sentenciaron a seis meses de cárcel, que quedaron pendientes hasta que, 40 años después de su muerte, la corte de Florida lo perdonó. El difunto Georges Michael también se topó con la fácilmente escandalizable ciudadanía británica; fue condenado a 80 horas de trabajo comunitario y una multa por ser sorprendido realizando ‘actos lascivos’ en un urinario público. De todos modos, ninguno resulta tan repulsivo y pervertido como Gary G. (da asco hasta escribir su nombre), que ojalá no salga nunca de la cárcel.

Para alegría de la prensa sensacionalista (tan deseosa de escándalos de famosos) el asunto Milli Vanilli fue un festín; como se ha sabido, el productor alemán Frank Farian montó la típica estafa de poner un par de guaperas haciendo play back eternamente, o sea, sin cantar nunca; lo bueno es que el tipo ya había probado la engañifa con éxito con los Boney M (a lo mejor tomó la idea de la película ‘Cantando bajo la lluvia’); cuando todo se destapó muchos se rasgaron las vestiduras, pero seguro que la cosa era sabida en los ambientes. ‘La gran estafa del rock & roll’ es el título de una peli que explica cómo embaucar a las discográficas para sacarles pasta impunemente; los pioneros del punk inglés Sex Pistols, de la mano de su sucio manager Malcom McLaren, se las arreglaron para beber, soltar tacos e insultos en la pulcra televisión inglesa, lo que llevó a las escandalizadas ‘disqueras’ a cancelarles el contrato a cambio de jugosas indemnizaciones. Menos conocido es el incidente de Ozzy Osbourne, que protagonizó un alboroto a escala local cuando hizo ‘aguas menores’ en las piedras de la icónica misión de El Álamo, por lo que fue arrestado y se le prohibió cualquier aparición pública en San Antonio, Texas.

Michael Jackson fue muchas veces acusado de conducta escandalosa e incluso delictiva; se sabe de su pasión por los niños, de estar con ellos e incluso de sus ganas de ser niño, cosa que se explica por el hecho de que su padre le hizo trabajar como un adulto y no le dejó ser, vivir y jugar como un chaval, por lo que sentía la necesidad de ser niño y estar con ellos. Varias denuncias de abusos lo persiguieron durante la mitad de su vida (será difícil saber la verdad, ya que los denunciantes se conformaron con dinero), con lo que el escándalo fue su indeseado compañero. Otro gigante escandaloso, pero en este caso por sus arrebatos de ira y su fácil inclinación a la violencia, es el productor Phil Spector, quien mató a una actriz y dijo que se había suicidado; sin embargo, como todo el mundo sabía que al tipo le gustaba tirar de pistola, en realidad casi nadie se sorprendió ni se echó las manos a la cabeza. También los Beatles tuvieron su cuota escandalizante cuando John Lennon afirmó, en 1966, que el grupo era más famoso que Cristo, al que se medían sólo en términos de popularidad, no de valor, sin embargo, muchos se sintieron escandalosamente ofendidos, tanto que los condenaron y quemaron…, sus fotos y sus discos. Asimismo, las drogas también han colocado el cartel de escandaloso a incontables figuras del rock; de hecho, abundan las denuncias, detenciones, acusaciones y gran presencia en los tabloides y prensa amarillista de estrellas del rock por causa de sustancias prohibidas…, tanto que el personal ya ni se sorprende.

Y también hay escándalos buscados para llamar la atención, y escandalillos como que se vea un pezón en un show retransmitido por la tele, así como gestos, posturitas, insinuaciones, simulaciones… con lo que algunos pretenden unos segundos en televisión y muchos visionados en internet para, así, estar en boca de todos..

Sí, la provocación, la desvergüenza y la conducta escandalosa siempre han estado alrededor del rock & roll.

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