Homenaje a Julio Michel (4) / ¡Gracias, Alegría!

Julio Michel. La ilustración es obra de EL CLAVO.

Homenaje a Julio Michel (4)

¡Gracias, Alegría!

Imaginación, magos encantadores, poesía a raudales, pulgas invisibles, una ciudad libre que se rinde, ciega, al arte del títere. Segovia entregada en cuerpo y alma al hechizo de la fantasía. Y detrás de todas esas utopías siempre estaba la presencia oculta de Julio Michel, el gran seductor que supo fundir al artista y al espectador entre el arte popular y la vanguardia de la técnica. Sus compañeros errantes hoy viajan hasta esta estación digital para compartir con él las emociones del corazón y recrearse, por última vez, en los gestos que siempre mimó.

Por ISAAC MACHO

Los integrantes de las compañías que han participado en Titirimundi hablan de Julio Michel como un entusiasta de los títeres, pero por encima de todo, un adorador de los titiriteros. Cuando invitaba a una compañía y a sus creadores a participar en el festival lo hacía, primero, como anfitrión de una fiesta en la que, de paso, estaban invitados todos a disfrutar, a convivir y conocerse mejor. “A vivir”, resume Vita Marcîk de la República Checa.

No solía convidar a esta celebración ni a los mejores titiriteros ni a quienes fabricasen las más maravillosas marionetas. Él tampoco lo era en ninguno de esos campos. Sin embargo, atesoraba una honda maestría en combinar, como dice Chris Geris, de Títeres Plansjet (Bélgica), “el arte de las marionetas de la vieja escuela, tradicionales, con el gran arte moderno de los shows de Avant-Garde con sus luces, sonidos, trucos, humo, fuego… para mostrar a la audiencia, fundamentalmente a los jóvenes titiriteros, que nunca hay que olvidar las raíces”.

“Carisma humano, inteligencia y habilidad para entender el arte” son algunas de las características que destacan los rusos Maya Krasnopolskaya e Ilya Epelbaum, de la legendaria Theatre Tehb de Moscú, sobre la figura de Michel.

Tras la inesperada partida de Michel, con el espíritu juvenil que le caracterizaba, Miguel Oyarzún, de la compañía argentino-chilena El Chonchón, considera que ya “no habrá otro Julio en Segovia pero queda un grupo de amigos que él vio crecer y que aprendieron a llevar un festival tan importante. Ahora depende del ayuntamiento que siga apoyando este maravilloso legado que Julio dejó a la ciudad”, matiza.

Espectáculo “Entre Diluvios” presentado por La Chana en Titirimundi. Foto: Archivo Titirimundi.

Para Jaime Santos, de La Chana Teatro, se ha ido un amigo, un compañero de profesión y un maestro del saber vivir. “Un hombre comprometido, osado y, sobre todo, dotado de la curiosidad permanente de un niño, generoso y humilde como pocos, con una vida que muchos necesitaríamos nacer siete veces para alcanzarlo”.

Santos entiende que se ha marchado alguien comprometido con la ciudad donde habitaba y a la que regaló el más hermoso de los festivales. “Hemos perdido, desde el punto de vista artístico, al autor que nos dio a conocer la tradición y la vanguardia cuando aquí no sabíamos lo que era un títere”, afirma nostálgico pero con contundencia.

En opinión del narrador y titiritero José Antonio López Parreño, conocido artísticamente como Rodorín, “se ha ido la alegría”. Julio Michel “era un vividor, una persona con mucha vitalidad, un referente en el mundo de los títeres”. Este cuentacuentos madrileño y animador a la lectura recuerda la que era una de las grandes preocupaciones de Michel: la verdad en los montajes. “Ahora que prima la producción sobre la creación, Julio, sin embargo, buscaba las obras que tuviesen garra, descartaba las mediocridades, espigaba los espectáculos verdaderos”, apunta.

Olvidados los comienzos del Festival Titirimundi, difíciles desde luego, pero tampoco fáciles en las ediciones posteriores cuando aumentaban constantemente los retos, crecía la oferta titiritera a todos los públicos y escaseaba el presupuesto, Maya Krasnopolskaya e Ilya Epelbaum afirman que lo más importante de Julio y Titirimundi “fue la atmósfera única que Julio creó allí”.

Teatro Tebh en Titirimundi. Foto: Archivo Titirimundi.

Las dos protagonistas de Theatre Tehb, que tan bien conocían el festival segoviano, reivindican su legado. “Él formó una comunidad de espectadores, la vida de la ciudad y de compañías de títeres profesionales. Fue un auténtico festival para todos”, concluyen.

Titirimundi echó a andar en 1985 y desde entonces, cada mayo se convierte en un movimiento artístico de marcado interés cultural y social. Para algunos profesionales, el festival tiene el espíritu y el gran corazón de Julio Michel y a él se debe el acercamiento al público de la fantasía, la poética y la alegría que inundan calles y plazas durante esos días de primavera.

Vita Marcík, por ejemplo, dice que “este festival a pesar de ser grande, permanece en un ambiente muy familiar, rodeado de amigos, de gente a la que le encanta el mundo de los títeres, la fantasía, gente a la que le gusta jugar y ver el mundo con los ojos de un niño. En Segovia no me he sentido nunca perdido”, asegura.

Mieke y Chris Geris de Plansjet, creadores y constructores de las tallas de madera que cobran vida al sonido de la flauta, la zanfoña, la gaita o el tamboril, tantas veces expuestas a la atenta mirada de niños y adultos, piensan que el festival de Titirimundi suele mostrar dos aspectos que todo artista tiene que respetar: uno es que “menos es más, y si no simplemente recordad la actuación de Hugo e Inés”.

El segundo elemento guarda relación con el trabajo artístico: “cualquiera que sea lo que hagas en el mundo del teatro o de las artes, tienes el derecho a pensar que lo que tú propones es la mayor o más difícil de las creaciones que pueden presentarse ante los espectadores. Pero estate seguro de una cosa: una marioneta no es el más difícil ni el mejor objeto de las artes pero sí es el arte más completo ya que implica el dibujo del plan, el tallado en madera, la unión de las articulaciones, la disposición del movimiento, el control, pintura, vestimenta, pelo, cuerdas, manipulación, danza, música y, sobre todo, LA PALABRA…”

Estos dos autores belgas actúan a lo largo del año en numerosos certámenes de títeres. “En la mayoría de ellos, llegamos, hacemos nuestro show y nos vamos…sin la posibilidad de ver actuaciones de otros compañeros o establecer contacto con ellos. “Para Julio, sin embargo, una de las cosas más importantes era que los titiriteros no sólo pudiésemos presenciar otros espectáculos sino también el poder relacionarnos entre nosotros, apoyarnos, intercambiar ideas, compartir experiencias, hablar sobre los problemas del mundo durante los desayunos, comidas o cenas que Julio nos ofrecía”.

Geris tiene claro cómo definir esta filosofía: “algo único en el mundo de los titiriteros”. Y concluye con esta pregunta: “¿No es esa la mayor de las artes?”

Obra de Plansjet en Titirimundi. Foto: Arhivo Titirimundi.

En línea con esta manera de establecer las relaciones interpersonales entre profesionales de los títeres, Miguel Oyarzún de la compañía El Chonchón, trae a la memoria su propia experiencia. “Somos muchos los animadores que nos nutrimos de una cultura titiritera impresionante y Titirimundi nos unió a varios porque conocimos en el festival a muchos amigos que aún conservamos. Creo que para Segovia y España, este festival es una muestra valiosa que se proyecta al mundo reivindicando la expresión artística más antigua de la humanidad”.

Tampoco José Antonio López Parreño, Rodorín, se aparta un milímetro de este planteamiento. “Con Julio Michel, Titirimundi era un referente en cuidar a las compañías. Los títeres, a veces, los hemos visto para siete espectadores o para uno, pero todo estaba muy pensado, esta circunstancia no se producía por simple improvisación… Después de numerosos años acudiendo al festival segoviano todavía venían conmigo los voluntarios, y eso que me lo sabía de memoria. La diferencia de las grandes cosas suelen estar en los detalles y Julio estaba en los detalles. Cada vez que hablabas con él, aprendías”.

Después de XXXI ediciones, Titirimundi se ha convertido, como señala Jaime Santos de La Chana Teatro, en “una escuela en la que muchos hemos conocido este arte y que ha dignificado la profesión de titiritero, que, antes de que Titirimundi existiera, apenas era apreciada”. Pero si para los componentes de las compañías de todo el mundo, el festival era un referente, por diferentes motivos, “para el público es una caja de sorpresas en una ciudad que se adapta a este arte como un guante”, remacha con autoridad Santos.

* La traducción de los textos es de Víctor Blanco.

 

Un Comentario

  1. Anónimo

    merecidísimos artículos in memoria del gran Julio Michel al que seguiremos queriendo y añorando pase el tiempo que pase. Antonio Madrigal

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: