“Las marcas del tiempo”, una gran retrospectiva del pintor Manuel Sierra que se despliega en cuatro espacios expositivos

El viernes 26 de julio se inaugura en el Museo de León (Edificio Pallarés), a las 19 horas, una gran retrospectiva del pintor leonés afincado en Simancas Manuel Sierra, titulada “Las marcas del tiempo”. Una muestra que durante todo el verano, de forma simultánea, se extenderá por las paredes de otros tres espacios expositivos de la provincia leonesa: la Fundación Vela Zanetti (del 27 de julio al 28 de septiembre), el Museo de la Industria Harinera de Castilla y León (MIHACALE), en la localidad de Gordoncillo (del 28 de julio al 30 de noviembre), y la Galería Bernesga (del 2 al 31 de agosto).

Manuel Sierra (Villablino, 1951) mostrará una amplia selección —casi 400 piezas— de sus pinturas en tablas o telas, cerca de 150 carteles, medio centenar de ilustraciones realizadas para distintos medios, trabajos para escenografías, obra gráfica e incluso dibujos y obra en papel. Gran parte de esta obra forma parte de la propia colección del artista, cuyas raíces maternas se hunden en tierras de Babia. “Se podrá ver desde mi primer trabajo, que hice en una caja de cartón, hasta el último”, apunta Manuel Sierra.

“Esta es una ocasión para que también yo mismo pueda examinar mi propia narración pictórica porque mientras trabajo me encuentro absolutamente miope en el sentido de que, al estar concentrado en cada cuadro, no dispongo de la visión de conjunto y esto es precisamente lo que facilita una exposición retrospectiva como esta”, añade el pintor, aprovechando esta exhaustiva muestra, además, para echar la vista atrás, detenerse y observar si hay o no coherencia entre los cuadros, y entre los cuadros y el contexto (el mundo que rodea al pintor y del que forma parte).

Estas  cuatro exposiciones se presentan, además, acompañadas de un voluminoso catálogo en el que Sierra muestra su evolución a lo largo de más de medio siglo de trabajo creativo; un libro coordinado por Carmen Palomo, con diseño y maquetación del editor Mr. Griffin, que incluye un buen número de textos de distintos autores, entre críticos de arte, poetas y amigos.

1 Manuel Sierra collage copia

Collage de Manuel Sierra.

Una larga trayectoria en cuatro exposiciones

El Museo de León será el primero de los cuatro espacios donde se colgarán las creaciones de Manuel Sierra en abrir sus puertas, desde la presentación este viernes día 26 de julio, a las 7 de la tarde. Desde las amplias salas del Museo se propone al espectador un largo viaje por paisajes de aquí y de allá, interiores, bodegones, retratos, desnudos, abstracciones y también por otros paisajes como fábricas y edificios abandonados o collages políticos y sus maletas de madera.

La segunda sala en abrir sus puertas con obras de Manuel Sierra será la Fundación Vela Zanetti, el sábado 27 de julio, a las 7 de la tarde. Aquí su producción gira en torno al mundo del circo, un universo artístico que el autor conoció de muy joven y al que vuelve cada cierto tiempo. De esa actividad escénica, le interesan las luces, las sombras, los colores, su belleza, sus gentes, el misterio y como dice Evencio Ferrero “ese mundo mítico y trashumante que es el circo”.

La Harinera de Gordoncillo conectará, asimismo, con los aficionados al arte, el domingo 28 de julio, al mediodía, en una propuesta que recoge su obra en papel. Grabados, estampaciones, serigrafías, litografías, acuarelas, dibujos, ilustraciones, cartelería, etc. se presentan ante su público como una producción que, según confiesa, contiene “tal vez, más elementos autobiográficos dentro de mi colección”.

Finalmente, la Galería Bernesga se pondrá de largo con obra del pintor leonés el 2 de agosto, a las 8 de la tarde. En sus espacios ofrece la obra más reciente pintada en el último año.

“Las marcas del tiempo” tampoco deja fuera la pintura “ideológica” de Manuel Sierra, caracterizada por su acidez, su sobriedad cromática y su componente analítico, contrapunto a su otra obra sosegada y lírica.

Manuel Sierra trabajando en un mural. Foto: Serge Barba.

Reproducimos, bajo estas líneas, los cuatro textos de los pequeños folletos que ha preparado el pintor para cada una de las cuatro exposiciones simultáneas, tres de ellos firmados por él mismo, y uno por Evenio Ferrero:

“LAS  MARCAS DEL TIEMPO”

Museo de León
Del 26 de julio al 29 de septiembre

Por MANUEL SIERRA

Desde niño tuve una afición irreprimible por pintar para decir, dibujando y coloreando, lo que veía y lo que imaginaba (más bien lo que veía). Los árboles, el agua, los montes, los pájaros, los cuencos con leche, el pan… siguen presentes y de manera reiterada en mis “pinturas” actuales; en cualquier caso, no fui muy distinto de los demás niños. Al fin y al cabo, pintar es nombrar lo que tenemos a nuestro alrededor y lo que bulle en nuestro interior, y los niños utilizan la representación visual con más frecuencia e intensidad que los adultos, tal vez por no disponer de tantas herramientas como ellos para hacerse notar.

Recuerdo el primer cuadro que hice teniendo, más que conciencia, la sospecha de que aquello era un cuadro. Vivíamos en Galicia y mi regalo de Reyes, aquel año de 1958 o 1959, fueron unas zapatillas para casa. Dentro de la caja de cartón venían también cuatro tubos pequeños de óleo (azul, rojo, amarillo y negro) y otro más grande de blanco de zinc, así como dos pinceles y dos botellitas con aceite de linaza y aguarrás. A los Reyes se les olvidó el soporte donde poder pintar y ese soporte acabó siendo el fondo de la caja de zapatillas: mi primer cuadro, que incluso firmé “Manolín”.

De mi paso por la Universidad para estudiar Derecho recuerdo apenas las asignaturas y sí dos  serigrafías, una con la imagen clásica de Carlos Marx acompañada de las primeras líneas del Manifiesto Comunista y otra dedicada a Galileo, con la imagen de su cara repetida unas cuantas veces y su frase lapidaria, e pur si muove (?).  También recuerdo mi primer grabado hecho en linóleo para apoyar a los juzgados en el Proceso 1001.

Obra de Sierra fechada en 1982.

Cuando he ido reuniendo la colección que expongo en el Museo de León, he comprobado que mi memoria —tumultuosa, cambiante y contradictoria las más de las veces— está cifrada en cada cuadro, en cada dibujo, en cada grabado… Una vez reunidos así en una exposición retrospectiva, adquieren en su conjunto una inesperada y deseada coherencia.

Esta exposición —con este título tan explícito: Las marcas del tiempo— reúne los cuadros que fui reservando a lo largo de los años, procedentes de muchas  otras muestras de lo que se da en llamar “obra reciente”. Son cuadros con los que tengo una relación especial, cuadros imprescindibles para mí; ni mejores ni peores que los demás, pero sí —o eso pretendo— los más representativos y significativos de mi andadura pictórica.

Cuando construyo una exposición como esta, suelo reunir las obras con un orden no necesariamente cronológico para que sean ellas las que aporten una información añadida y relativa al propio oficio de pintar, al quehacer de los pintores y de mí mismo en este caso. A lo que aspiro con ello es a encontrar sentido al trabajo y a la vocación que contienen estos cuadros, y también el sentido que tienen todos ellos en conjunto. Al mismo tiempo, deseo adivinar (y comprobar a veces) si subyace una lógica entre todas estas obras, producto de un proceso introspectivo y silencioso como es pintar, y el exterior, el contexto, lo que está alrededor del pintor…, los otros. Porque las obras de un autor, así reunidas, constituyen una superestructura que desborda el microcosmos del cuadro y al propio autor.

Obra de Manuel Sierra fechada en 1994.

Las obras así reunidas dialogan entre sí y nos permiten descubrir otras lecturas incluso al margen del propio pintor que, si está atento, dispondrá de una información valiosísima para su propia formación porque nunca terminas de aprender y porque a una exposición de este tipo no solo acuden los cuadros, sino que acude también el tiempo cosiendo el pasado con el presente y con el futuro (?) y permitiéndonos saber más.

A la hora de reunir las obras para una exposición retrospectiva, no todo vale si quieres que sea algo más que un montón de cuadros; más bien al contrario: se trata de seleccionar las piezas, ordenarlas e iluminarlas correctamente, encontrar el ritmo que deben tener en las salas y poder elegir el lugar adecuado. En este y otros sentidos, mi agradecimiento a Luis Grau por invitarme a hacer esta exposición aquí y poner a mi disposición un edificio como este, el Museo de León, la Casa Pallarés, un espacio icónico donde los haya y mítico para alguien como yo, a quien atrajeron siempre mucho estos edificios que parecen quillas de barcos, que se alzan en esquina, hermosos para ser vistos desde fuera y fascinantes desde dentro, edificios que te invitan a mirar a lo lejos, a buscar, a abrir brecha rompiendo los hielos.

Espero y sé de antemano que los cuadros que desembarcaron para esta exposición aquí, en el Museo de León —un espacio tan sobrio donde la belleza y la funcionalidad se dan la mano—, se van a encontrar muy bien alojados para dialogar entre ellos y con todos nosotros.

“CUADROS DEL CIRCO”

Fundación Vela Zanetti (León)
Del 27 de julio al 28 de septiembre

Por EVENIO FERRERO

Esta pequeña exposición titulada Cuadros del circo forma parte de la exposición retrospectiva de Manuel Sierra titulada a su vez Las marcas del tiempo, que estará expuesta simultáneamente en el Museo de León, en la Galería Bernesga, en La Harinera de Gordoncillo y aquí, en la Fundación Vela Zanetti.

Las piezas que la componen giran en torno al circo, a sus colores, a sus luces y a sus sombras, a sus gentes, a sus animales, a su belleza, a su misterio y, en definitiva, a ese mundo mítico y trashumante que es el circo.

A principios de los años setenta del siglo pasado, cuando este pintor no lo era aún (?), entre sus dibujos de línea clara realizados con tinta aparecen, en clave cuasi metafísica, trapecios suspendidos, esferas ingrávidas y alambres de funambulista en atmósferas claustrofóbicas.

Obra de Manuel Sierra.

Antes incluso, cuando tenía quince o dieciséis años, el crítico de arte Enrique Gavilán le compra un cuadro (el primer cuadro que vende) y en él aparecen unas barracas de feria con vocación circense. Era un cuadro con influencia tardo cubista resuelto con un tratamiento frontal y colores planos y opacos, que rezumaba ingenuismo quizás intencionado. Más adelante, y con una curiosa cadencia de seis o siete años, pintará el circo en cuadros grandes (?) en los que aparecen personajes que se convertirán en recurrentes como recurrente es el circo mismo: domadores, amazonas, felinos, caballos y funambulistas, gentes del trapecio, malabaristas…

Los tratamientos pictóricos irán variando, así como los soportes, los tamaños y los formatos (óleo, acrílico, ceras, lápiz, acuarela, tela, cartón, papel, tabla…) a lo largo de sus exposiciones. Por otra parte, los enfoques y la elección temática, incluso dentro del tema “mundo- circo”, también han ido cambiando en distintos estadios: desde la contemplación de las puras formas, de la belleza y la elasticidad de los cuerpos hasta la caracterización teatral, pasando por un circo menos hedonista y más dramático e inquietante con ecos surrealistas.

En sus cuadros más recientes, Sierra abre las puertas no ya a lo extraordinario=fantástico, sino a lo atípico, a lo singular, a lo insólito y tal vez a lo psicoanalítico (?)… Y me parece que, llegado a este punto, sus obras escapan cada vez más del orden y de la propia voluntad del autor, ojalá.

“OBRA EN PAPEL”

Museo de la Industria Harinera de Castilla y León (Gordoncillo)
Del 28 de julio al 30 de noviembre

Por MANUEL SIERRA

La exposición retrospectiva titulada Las marcas del tiempo (…) contiene —aquí, en La Harinera de Gordoncillo— esta muestra que subtitulo “Obra en papel” porque se trata de obras hechas en el papel como soporte.

Son estas las obras que tal vez contengan más elementos autobiográficos dentro de mi colección y esto es debido a la esencia misma del papel como material cotidiano, cercano y carente de imposiciones previas; un material efímero al que se le asigna una suerte de provisionalidad, de caducidad e incluso de intrascendencia. Son consideraciones todas ellas falsas (aunque no del todo), pero que conmigo funcionan bien porque, dibujando sobre papel, traduzco inmediatamente mi deseo de contar algo.

Serigrafía de Manuel Sierra.

Otra condición del papel es (al menos para mí) su accesibilidad y la facilidad de uso: estamos rodeados de papel en libretas, cuadernos, folios, cartulinas, periódicos, envoltorios, servilletas de bares y cafés (con mesa incluida)… En fin, que si no dibujamos no será por no tener dónde hacerlo. Ya sé que hay papeles de “mírame y no me toques”, pero ese es otro cantar que apenas tiene que ver con alguien como yo que aspira a que la vida y la pintura sean algo así como un todo, sin solución de continuidad (¡ja!), un lugar donde las pretensiones “artísticas” dejen paso a las aspiraciones expresivas y, en el mejor de los casos, comunicativas, máxime siendo yo un pintor figurativo o un narrador o algo así.

Otro capítulo que tengo muy en cuenta respecto al papel es su condición de soporte donde reproducir las obras y conseguir así que sean más accesibles y más asequibles para todos. Por eso, en esta exposición, los dibujos comparten protagonismo con carteles, grabados, serigrafías, acuarelas y estampaciones de todo tipo, como parte de este oficio y esta vocación que practico y defiendo. Así está la cosa y a quien dios se la dé, san Pedro se la bendiga.

“OBRA RECIENTE”

Galería Bernesga (León)
Del 2 al 31 de agosto

Por MANUEL SIERRA

Estos cuadros con los que acudo de nuevo a la Galería Bernesga, al amparo de Marili, forman parte de una exposición retrospectiva Las marcas del tiempo y están realizados en los dos últimos años y, salvo dos o tres que se refieren a lugares zamoranos de Aliste, fueron pintados en la casa materna de Cabrillanes en Babia.

Creo que en todos estos cuadros se respira la atmósfera que me rodea (eso pretendo) en las distintas temporadas en las que me recluyo allí para pintar, provocando ese estado de abducción que necesito cuando trabajo en este oficio de pintor, hecho de colores, de luces, de sueños y, sobre todo, de silencio y de observación; un estado de escucha, tal vez de vigilia, como cuando esperas la aparición de las estrellas fugaces a mediados de agosto.

Obra de Manuel Sierra.

Estos ingredientes, unidos al propio entorno donde fui creciendo, a los sonidos de las maderas, a la luz de las galerías (a pesar de la nave tan injustamente construida por el Ayuntamiento que, desde hace años y para siempre (?), nos impide ver la vega y el río Luna y los montes de Peñalba), al piar de los pájaros, a la dulzura violeta de la nieve, al agua de la lluvia en la pedrera, a los tazones con leche, a la hogaza de pan, al amor de las camas, a las cigüeñas mientras crían, a la bóveda oscura y estrellada de las noches sin luna, al rumor del río, al ladrido de algún mastín a lo lejos, al crepitar del carbón en la cocina…, a todo esto y a mucho más que aún no sé, convocan la tormenta perfecta que me conmueve lo suficiente como para pintar sin descanso.

Y así la pintura va dejando que me acerque a ella y me enseña de nuevo, yendo de su mano, los colores; y así voy viendo cómo sus ojos y los míos son los mismos ojos que ven cómo el cuadro emerge y las luces y los trazos y las sombras y la composición toda se alinean como una constelación, y entonces siento que mi mano se mueve ligera y sin miedo, y la pintura respira pausada y yo respiro pausado. Y, cuando menos lo esperas, el cuadro que te estaba esperando sin tú saberlo está ahí, frente a mí y frente a ti.

Obra de la serie “Maletas” de Manuel Sierra.

 

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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