Para leer sin temor… y que se haga el milagro

Laboratorio poético 2020 / Con TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

LEE SIN TEMOR

Por MAGALI LABARTA
FotoS: JUAN LUIS GARCÍA

“Estar aquí un puñado de corazones que creemos en la fuerza, por nebulosa que esta sea, de la poesía… es realmente conmovedor. Mientras ahí arriba el aire sigue envenenado y todo es así de extraño, sin naturalidad ni espontaneidad ni cercanía posible, nosotros nos hemos metido tres días durante unas horas aquí, en esta especie de refugio, de búnker, en que pronunciamos palabras que traen la vida en ellas, que dan sombra, que dejan algo parecido a un resplandor ingobernable que nos orienta, que nos seduce y nos colma. Es necesario ahora más que nunca hacer cosas así: lecturas, conciertos, representaciones, películas, conversaciones al margen del drama monográfico que recorre el mundo. No hay que dejar secar el espíritu, no siendo que entonces estemos alzando los primeros cimientos para que la desatención llegue, aún más, a toda manifestación del espíritu. Somos unos resistentes, alegres resistentes, que nos hemos reunido aquí abajo para mantener vivo el latido de algunas palabras que nos empujan a seguir entendiendo la versión que se nos da de la vida desde otro punto de vista, más allá de lo previsible socialmente. En eso creo; en eso he creído todavía más estos días, aquí, con vosotros”.

Con esta reflexión finalizaba Tomás Sánchez Santiago el módulo “Leer sin temor” del Laboratorio poético 2020 organizado por 7° año consecutivo por Víctor M. Díez. Toda una hazaña o un milagro haberse podido llevar a cabo, en palabras de éste último.

A lo largo de 8 horas repartidas en 3 días que se nos han antojado pocos y han pasado demasiado deprisa, Tomás y Víctor nos han guiado por el camino que lleva a vencer el miedo a afrontar la lectura de un texto poético tanto para uno mismo, como para otros.

Empezaba Tomás poniendo al lector en el papel de co-creador del poema, pues “(el del poema) es un lenguaje que se basta a sí mismo, que empieza y acaba en sí mismo y que es diferente cada vez porque tiene que ver con la lectura”.

Los minutos irían fluyendo hablando de incertidumbres, de extrañezas, de márgenes donde queda amontonado el sentido, de significados que se alejan de su significante, de acercarse al silencio, de desmitificaciones y de “dar doble luz al poema para ser leído de frente y al sesgo” que decía Antonio Machado.

También hubo tiempo para los “juegos”, como éste en el que había que crear un nombre a instrumentos, oficios, sensaciones como las siguientes:

– Aparato para medir los colores que se nos suben a la cara.

– Persona que vive de afilar bien el palo de las cerillas.

– Instrumento de percusión con un mazo diminuto que suena como si estallara un espejo.

– Los pliegues menudos de las orejas.

– El recuerdo de los nudos del árbol en los muebles de madera.

¿JUEGAS? Estoy segura de que a Tomás le agradaría que lo hicieses…

Muchas gracias a Víctor M. Díez y a Tomás Sánchez Santiago por el milagro.

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