Katayama y Marty dialogan con lo sobrenatural a través de lo cotidiano

Los artistas Kaoru Katayama y Enrique Marty, durante la presentación.

Los artistas Kaoru Katayama y Enrique Marty, durante la presentación de la muestra. Foto: Eloísa Otero.

Por CAMINO SAYAGO

45 obras de 30 artistas viajarán el próximo año al MOT de Tokio para conmemorar el Año Dual Japón-España. Entre ellas hay algunas de la japonesa Kaoru Katayama y el español Enrique Marty. Ambos estuvieron el pasado fin de semana en la inauguración de “Lo real maravilloso” en el Musac, la muestra de la que forman parte y en la que ficción y realidad alimentan un mismo argumento. Hablamos con ellos de sus obras y nos introducimos en este viaje a lo real y lo fantástico de la mano de la comisaria de la exposición, Kristine Guzmán.

Dice Kristine Guzmán, en referencia al escritor cubano Alejo Carpentier, que para encontrar lo maravilloso hay que tener un diálogo con lo sobrenatural, y eso a veces tiene que ver con lo imaginativo pero otras es una exageración de la realidad.

En esta colectiva, dividida en tres bloques, el viaje hacia “lo maravilloso” lo preludia la obra “Tres visitantes”, del artista salmantino Enrique Marty, que pretende introducir al público en este trayecto por lo que es real, lo que es onírico y fantástico, o lo que es ambas cosas a la vez o ninguna de ellas. Estas tres esculturas de forma humana y extraña escala acercan a lo monstruoso humano.

Un segundo bloque lo protagonizan Los “tópicos de la cultura española”, que se materializan en la obras de Pilar Albarracín y de Kaoru Katayama. En éstas se funden dos mundos en uno: en el vídeo musical “Dancing Spanish Doll”, de Albarracín, las bailaoras de flamenco son muñecas; en las obras de Katayama, A girl from Salamanca”, Heidi aparece vestida de charra y en “Technocharro”, un grupo de danza tradicional baila al son del techno. La realidad se confunde, son dos mundos en uno.

El itinerario prosigue en un tercer bloque con una reflexión sobre el papel del género en la sociedad, el feminismo, representado por la mirada crítica de Marina Núñez, Carmela García y Cristina Lucas. Crítica a la que se suma Tatiana Parcero con una serie de fotografías de su propio cuerpo con las que aborda la identidad precolonial.

Las obras de Tabaimo (Tokio), y de Javier Téllez son un guiño a la cultura japonesa. Tabaimo utiliza y manipula algunos de sus símbolos para abordar problemáticas sociales, como es el caso de la obra que muestra el cuerpo tatuado de un yakuza, cuyos tatuajes caen poco a poco como las hojas caducas de un árbol, para aludir al ciclo de vida del hombre. Javier Téllez opta por sumergirse en el mito de Edipo a través de un vídeo realizado con máscaras tradicionales niponas.

El misterio y la ficción en la obra de Anthony Goicolea se nutre de los cuentos infantiles que reinterpreta con imágenes manipuladas digitalmente. El paisaje latinoamericano se desvela en la obra de Raimond Chaves y Gilda Mantilla, en una serie de dibujos surgidos en un viaje que ambos artistas realizaron a Caracas y a Lima hasta la frontera de Brasil. Una travesía de cien días en la que plasmaron lo que vieron y que les permitió documentar los acontecimientos sociales y políticos con los que se topaban, como en un cuaderno de viajes.

En “Lo real maravilloso” también encuentran su espacio los paisajes más introspectivos, como la instalación “Living Room partido”, de Diango Hernández,  que hace referencia a cómo viven a diario los cubanos y muestra su espacio doméstico. Un espacio interior escenificado por distintos objetos cotidianos, que prologa el vídeo de Hiraki Sawa.

El recorrido por la exposición llega a sus últimos eslabones con la  instalación “Nube”, de Agustina Otero y Leopoldo Ferrán, que evoca la espiritualidad a pesar de estar hecha de alambre y contrasta con la obra de Enrique Marty “Familia”, una instalación pictórica formada por más de un centenar de cuadros. La realidad de la vida terrenal frente a la vida celestial. “Avalancha”, la videoinstalación de Sergio Belinchón, cierra la muestra.

Kaoru Katayama y su obra “A girl from Salamanca". Fotografía: Eloísa Otero.

Kaoru Katayama y su obra “A girl from Salamanca”. Foto: Eloísa Otero.

: : Kaoru Katayama y la apropiación de identidad

Durante trece años Kaoru Katayama (Himeji, Japón) ha vivido en Salamanca, ciudad a la que llegó en 1992 para estudiar en la Facultad de Bellas Artes, en donde se licenció y comenzó a dar sus primeros pasos. Ahora reside en Madrid, una nueva etapa en su trayectoria artística y vital desde la que genera su obra y la extrapola a otras ciudades del mundo. La vídeoperformance es el formato que más utiliza para analizar temas relacionados con la inestabilidad cultural, aunque también trabaja con otros medios como el dibujo, la fotografía o la escultura.

Su obra indaga en cuestiones que tienen que ver con su condición de extranjera y el hecho de pertenecer a dos culturas diferentes. Y su obra, muy ligada a la práctica performativa, le facilita mostrar el choque cultural a través de sus diferentes estados de confusión, desánimo o adaptación. Es el caso de una de las piezas que integran esta muestra colectiva, “Tecnocharro”, una videoproyección con música, de 5’35” de duración, que se pudo ver en el Domus Artium, DA2 de Salamanca, en 2002, antes de adquirirlo el Musac para su colección. En esta pieza, la artista invita a un grupo de danza tradicional de Salamanca a bailar en su propio local de ensayo y acompañados de su profesor, bajo el sonido de una sesión de música techno pinchada por dos DJ’s. Vencida la resistencia inicial de los bailarines a unirse a un tipo de música tan diferente a la suya, éstos acaban por encontrar ritmos y pulsaciones familiares a los cuales adaptan sus pasos.

Kaoru Katayama señala que su trabajo recoge este proceso de adaptación a nuestra cultura, que ella misma experimentó, y en la obra se habla de ello, de la comunicación e incomunicación cultural. “Pertenece a una etapa que denomino choque cultural y se estructura en cuatro partes. Es como el encuentro de una pareja en una relación amorosa. Se inicia con una primera fase de emoción y pasión, en la que todo es maravilloso. Le sigue un segundo tramo, la luna de miel, en la que la pareja aún no se conoce ni ha convivido y en el que se generan discrepancias. La tercera parte es un periodo de negociación, mientras que la cuarta está definida por la adaptación”.

Cuando Katayama realizó Tecnocharro, asegura que se encontraba en la tercera fase, de negociación.  “Me visto con el traje charro salmantino  e intento integrarme en esta cultura que me es ajena. Sin embargo tenía algún rechazo, porque mi referencia era la cultura japonesa y no la cultura española”.

El folclore salmantino es también el eje de A girl from Salamanca”, “Una chica de Salamanca”, una pieza de 2005 realizada en técnica mixta (impresión digital en tela, bordados con lentejuelas, hilo de oro, botones charros, etc.), enmarcada en vitrina, en la que un icono de los dibujos animados japoneses, Heidi, aparece vestida con el tradicional traje charro. De nuevo se confrontan ambas culturas. “Sí, cuestionaba mi identidad cultural. Se nota claramente. Heidi, que es un icono de los dibujos animados japoneses, es la protagonista de un cuento ambientado en Suiza y además está vestida con traje charro salmantino; hay una apropiación de identidad de otro país.”

En 2006 Kaoru Katayama ganó el Premio ARCO de la Comunidad de Madrid para Jóvenes Artistas. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales, entre ellas “Ba-ji-toh-fuh, cuando del viento del este sopla al oído del caballo”, realizada en 2012 en San Martín Centro de Cultura Contemporánea, en Las Palmas de Gran Canaria, o “Kaoru Katayama. Mostyn Gallery“ en Llandudno, Inglaterra, en 2011.

En la actualidad expone su trabajo en Pelaires Centre Cultural Contemporany de Palma de Mallorca, en la muestra “High Society”, “Alta Sociedad” –”Una reflexión crítica del primer mundo realizada desde el primer mundo”–, un proyecto comisariado por Gómezdelacuesta que se inauguró el pasado día 19. Presenta dos obras, el vídeo “Trabajos forzados” (2005), en el que se muestra a un grupo de obreros realizando una tabla de gimnasia japonesa, y la videoinstalación “La muerte de Heidi, el suicidio de Wanko-chan” (2004).

De forma paralela en Italia, desde el 14 de septiembre, también participa en la muestra colectiva, Transart 2013, en Castel Ganda, Bolzano, con el vídeo “Dancing in the space” (2005).

Marty y  su obra "Los personajes". Fotografía: Eloísa Otero.

Marty y su obra “Los personajes”. Foto: Eloísa Otero.

: : Enrique Marty y el estudio del entorno

“Los visitantes”. Así denomina Enrique Marty a sus esculturas, que han viajado por múltiples escenarios, además del propio espacio del Musac, entre ellos la Feria de Arte Contemporáneo ARCO. Forman parte de las piezas seleccionadas para esta cita junto a otras dos instalaciones. “Las hice expresamente para la individual que realicé en su día en el Musac. Estaban en medio de la feria de monstruos que recreaba la exposición y fueron adquiridas en ese momento para la colección. Estos personajes estaban ubicados en medio porque era la forma de dar a entender que dentro de esa feria de monstruos, los más monstruosos eran los visitantes. Es un juego: el espectador de repente se identifica con ellos y dice: yo también soy monstruoso”. Preguntamos, ¿es un juego de espejos?. “Sí, podría ser”, responde Marty.

La instalación titulada “Familia” es otra de las piezas seleccionadas para “Lo real maravilloso”. Recuerda Marty que “la primera vez que se expuso fue en el Museo Reina Sofía, en Espacio 1, una muestra comisariada por Rafael Doctor, el primer director del Musac. En aquella ocasión la instalación estaba formada por trescientos o cuatrocientos cuadros, que ocupaban la totalidad del espacio. Y cuando se estaba planteando todo el proceso de creación del Musac, ya se estaba adquiriendo obra para inaugurar el museo con una colección propia. Y fue en este momento cuando esta pieza se unió a la colección”. Marty añade que “aquí hay una selección, son un centenar de cuadros y forman parte de esta serie que hice hace años y se basa en un proceso de documentación de mi familia y de mi entorno más cercano con fotografía polaroid que después pinté en cuadros basados en esas fotografías”.

Al fondo, instalación 'La familia', de Enrique Marty. Foto: E. Otero.

Al fondo, instalación ‘La familia’, de Enrique Marty. Foto: E. Otero.

Utilizar a su familia como temática surge, según el artista, como un proceso natural dentro del estudio de su entorno. “Mi trabajo tiene mucho de sociología, aunque desde mi punto de vista particular. Desde ese punto de vista es como analizar la institución a través de mi propia familia”.

Enrique Marty fue uno de los primeros creadores de Castilla y León a los que el Musac dedicó una exposición individual. Dice que ha estado distanciado de la supuesta crisis que vivió el Musac recientemente, y que desconoce las presiones políticas de las que hablaban varios de sus ex directores. “Si te digo la verdad, y no es para tirar balones fuera, en cuestión de política intento ni fijarme, porque me distrae de lo que es mi trabajo, que es hacer mi obra y mostrarla. Pero no olvidemos que el Musac es un referente mundial, quizás el museo más conocido fuera de España y que debe ser cuidado”.

Japón no es un destino nuevo para el artista salmantino donde ha expuesto en distintas ocasiones y su obra ha sido adquirida por museos de este país. Entre sus proyectos recientes y otros más inmediatos se encuentran varias exposiciones, en Buenos Aires, Suiza y Bélgica.

El mundo de fantasía, tan inherente a la cultura japonesa y tan presente en la religión sintoísta, en sus fantasmas y dioses, fascinan a Marty. Escritores como Haruki Murakami se han encargado de transmitir este legado a occidente. Hablan de lo real y de lo sobrenatural y encajan en su obra. “Toda la tradición del terror japonés encaja muchísimo con mi trabajo. Soy un gran fan de las películas de terror japonesas, de las clásicas. Los fantasmas son totalmente distintos a los fantasmas de occidente, como esa figura fantasmal que literalmente es un paraguas, que es un fantasma que tiene forma, que tiene ojos, pero a fin de cuentas es una sombrilla; eso nos puede parecer muy grotesco en occidente, pero en Japón es un monstruo clásico, como aquí puede ser Frankenstein”.

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Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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