Isabel Carrasco y sus ejecutoras pertenecían “a la tribu de los dominadores”, a la del “todo vale por el poder”

Ángela Domínguez e Isabel Bajo, junto al Palacio de los Guzmanes (fondo) y la Casa de Botines (izquierda), sedes de la Diputación de León y de Caja España-Duero respectivamente. © Fotografía de Javier Casares.

Ángela Domínguez e Isabel Bajo, junto al Palacio de los Guzmanes (fondo) y la Casa de Botines (izquierda), sedes de la Diputación de León y de Caja España-Duero respectivamente. © Fotografía: Javier Casares.

Entrevistamos a las periodistas Ángela Domínguez López e Isabel Bajo, autoras de El crimen de León. Los 250 pasos hacia la muerte de Isabel Carrasco. Un trabajo que llegó a las librerías, de la mano de La Esfera de los Libros, seis meses después de que, un 12 de mayo de 2014, tres disparos a bocajarro acabaran con la vida de la todopoderosa presidenta de la Diputación y del PP en León. Las autoras han conjugado información, investigación propia, análisis especializado, entrevistas y memoria histórica y personal para construir un relato que sin duda no gustará al establishment, pero que arroja nuevas luces y sombras no solo sobre las posibles motivaciones del insólito crimen, sino sobre la investigación policial de un caso aún no resuelto ni juzgado.

El crimen de León describe “el frío complot de Montserrat y Triana, dos mujeres de la buena sociedad, madre e hija, familiares de un comisario de policía, capaces de matar y condenarse por ambición y odio”. Pero desde sus páginas también se dibuja un “corrupto ambiente político, financiero y empresarial —especialmente asentado en Caja España-Duero (un remedo regional de Bankia)—, así como las corruptelas y silencios sobre los que se asentaba la fortaleza y ferocidad de Isabel Carrasco”.

(Nota: El juicio por el asesinato de Isabel Carrasco acaba de comenzar en León, en enero de 2016. Pero esta entrevista se llevó a cabo en noviembre de 2014)

Por ELOÍSA OTERO

—¿Cuál fue vuestro reto en el momento de plantearos escribir este libro? ¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de abordar un crimen sobre el que todavía penden las investigaciones y las incógnitas, y que aún no ha sido juzgado?

Ángela Domínguez.— Se resume en dos objetivos, posiblemente demasiados ambiciosos, que el libro fuera bueno, como narración literaria, y justo, a la hora de abordar un crimen tan trágico y abyecto como fascinante, al abordar el rostro más siniestro de la naturaleza humana… Y sí, ha sido muy difícil mantener el equilibrio en un asunto aún objeto de investigación y enjuiciamiento sin renunciar a la exposición de nuestra propia investigación y a su envoltura novelada.

Isabel Bajo.— Así es. Ángela lo ha expuesto de forma certera. El libro tenía que ser dinámico, que quedaran ensartadas todas las piezas que responden a unos hechos que se iban investigando, sin perder de vista la necesidad de contar un relato transversal que incluyera el crimen, la investigación policial, el ambiente político, empresarial y financiero. Francamente, nos dio algo de vértigo el hecho de que la investigación judicial siga en curso.

—El libro se presenta como un relato novelado, pero… ¿cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en este volumen?

AD.— Sólo la forma, la narración es ficcionada, los hechos y personajes son reales.

IB.— Es una novela basada en hechos reales.

—¿Hay algún tema que no hayáis podido tocar, por lo que sea?

AD.— Sí hemos tenido que suprimir alguna relación detallada y precisa de dietas cobradas por personajes políticos y sociales en Caja España-Duero y no por censura, no, sino por cumplir con la Ley de Protección de Datos y sus restricciones. Pero algo va…

IB.— Nos hubiera gustado añadir toda una lista de nombres y apellidos con el cobro de dietas, pero entendimos que debíamos cumplir con la normativa legal.

—Habéis optado por presentar la historia a la manera de una tragedia griega. ¿Qué asociaciones o paralelismos se pueden encontrar entre el crimen de León y esas grandes tragedias universales en las que se resumen las grandes pasiones humanas que condicionan y trastocan la vida?

AD.— En resumen la esencia es la misma, la perversión de las pasiones humanas: la ambición frustrada y corrompida en odio, el poder ejercido desde el dominio, la cobardía que se desliza en intrigas, la arrogancia que encubre la debilidad… Incluso los personajes también siguen los cánones: la heroína precipitada a una muerte insoslayable, las asesinas que conducen sus propias vidas a los infiernos, el coro que contempla como se engendra la tragedia, y un escenario único, plagado de vida, que se trastoca en un cadalso, la pasarela.

—¿Cuál y/o cómo era “la tribu” a la que pertenecían Isabel Carrasco y sus ejecutoras?

AD.— La de los dominadores, la que olvida que han sido investidos por y para el pueblo.

IB.— La del ”todo vale por el poder”, aunque la víctima y las acusadas no estaban en el mismo plano. Por eso, por querer alcanzar un nivel que les fue vetado, algunos miembros de esa “tribu” conspiraban y ellas llegaron a matar.

—Os habéis entrevistado con abogados y expertos criminólogos para entender el trasfondo de este crimen. Un capítulo fundamental es la conversación con Beatriz de Vicente y su análisis de los motivos que pudieron llevar a la presunta asesina no solo a ejecutar a Isabel Carrasco, sino a destrozarles la vida a su marido y a su propia hija. ¿Qué pensáis vosotras? ¿En qué ha cambiado vuestra mirada sobre este terrible suceso después de escribir el libro?

AD.— La desquiciante Isabel Carrasco ha cobrado para mí una forma más humana. Es triste. La ayuda de la criminóloga Beatriz de Vicente y del doctor José Carlos Fuertes Rocañín nos ha permitido retirar las máscaras con las que algunos de estos personajes han encubierto su vileza.

IB.— La opinión de estos profesionales nos deja al descubierto la motivación de las acusadas, la ambición. No es, simplemente, la historia de una madre vengadora que mata a la mujer que persigue a su hija y le arruina la vida. En realidad, la vida se la arruinó ella a Triana.

—¿Maldad y locura van inevitablemente unidas?

AD.— No. La maldad existe al margen de la locura, aunque la buena gente no pueda ni quiera comprenderlo. Es difícil entender que el mal también habita en (y no entre, sino en) nosotros.

IB.— Si nos atenemos a la exposición del doctor Rocañín, la maldad no necesariamente implica locura. Todos podemos matar sin que hay una justificación patológica.

—A raíz de la lectura del sumario habéis detectado que la instrucción policial presenta “extrañas lagunas” e inexplicables anomalías, como la omisión “de testificaciones esenciales o que algunos registros domiciliarios ni se hayan practicado”…  ¿Contrastan las formas en que se han llevado a cabo la investigación policial, por una parte, y la acción judicial, por otra? ¿Pensáis que ha habido irregularidades?

AD.— Es la conclusión inevitable ante el cúmulo de irregularidades policiales que se cometieron en las pesquisas de este crimen, que paradójicamente concitó el directo interés y la supervisión del jefe regional de la Policía y del propio director general, Ignacio Cosidó, por aquellos días en León. Nos consta que la juez y el fiscal no dan crédito a los errores cometidos y las inexplicables lagunas de la instrucción policial.

IB.— Una vez analizados los folios del sumario, se ve que apenas hay investigación del asesinato. Los datos que se conocen son derivados de declaraciones de testigos y se cierra el caso con muchas irregularidades: pruebas que no se practican, reconocimientos anómalos, mentiras en sede judicial por parte de policías, declaraciones escuetas y confusas… Aunque ahora les hayan condecorado por resolver el caso, lo cierto es que se cerró precipitadamente. La instrucción sigue su curso, así que, supongo… que tanto la juez como el fiscal terminarán por clarificar muchas cuestiones que han quedado en sombras.

—¿Qué intereses políticos puede haber para presentar la investigación policial como un éxito, cuando, tal y como mantenéis en el libro, “todo fue fruto de la heroicidad de un solo hombre”, en referencia al policía jubilado que, al percatarse de los disparos, decidió seguir de cerca a la asesina?

AD.— Miedo. Miedo a las salpicaduras de algunos políticos y miedo a que se detalle el halo de rencor y conspiración que asediaba ala víctima.

IB.— Tampoco hay que olvidar que la cantidad de noticias que en aquellos días se publicaban iban directamente a la línea de flotación del PP. Dos militantes de ese partido matan a la mujer más poderosa de León y, al mismo tiempo, comienza a escudriñarse en las miserias de la intrahistoria del partido; de ahí, que también se filtraran simultáneamente las investigaciones del caso. Así se desviaba la atención.

—Entre las piezas que no encajan en esta historia negra destaca el extraño papel que representa la agente de policía Raquel Gago, amiga de Triana, en cuyo coche apareció el arma homicida. En el libro desveláis importantes incógnitas sobre este asunto, y avanzáis que no fue investigado como se debía…  ¿Se han escamoteado pruebas decisivas?

AD.— Si inexplicable es el papel de Raquel Gago, más aún lo es la acción policial que se activó con el hallazgo del arma del crimen, en posesión de la agente local… Quizá no eran pruebas decisivas, pero sí pesquisas elementales que no se practicaron. Y lo terrible sería que algunas pruebas queden invalidadas por anomalías policiales. Ojalá no ocurra.

IB.— Raquel es el personaje más indescifrable de esta historia macabra. Sin embargo, el hecho de estar poco antes tomando café con las imputadas, estar a escasos minutos de distancia del lugar del crimen y también a escasos minutos de la detención, o sus silencios, la dejan en entredicho.

—¿Pensáis que habrá sorpresas durante el juicio, previsto para mediados de 2015?

AD.— Posiblemente sí. La defensa puede levantar algunos velos que envuelven el caso y el ambiente político de León.

IB.— Ante un juicio con Jurado, no lo creo. Otra cosa muy distinta es el resultado final de todo el proceso judicial, con los recursos incluidos, que bien puede variar la suerte de alguna de las responsables que hoy están encarceladas.

—Las escenas del libro discurren en torno a dos territorios narrativos, el del crimen y sus personajes, por un lado, y el de la intrahistoria del poder político, financiero y empresarial leonés, con sus principales protagonistas, por otro. Dos territorios curiosamente entrelazados que confluyen simbólicamente en la pasarela sobre el río Bernesga. ¿Por qué las palabras “crimen” y “poder” caminan tan inexorablemente unidas en esta terrible historia de ambiciones y venganzas?

AD.— Porque, enlazando tus entrecomillados, ambición anhela poder y venganza es preámbulo de crimen. Ninguno de los cargos políticos y empresariales que mencionamos en esa intrahistoria están vinculados al asesinato ni siquiera al complot para matar. Que quede claro. Nada les acusa. Pero no podían estar ausentes de la historia de Isabel ni de las ambiciones y las venganzas que se desatan en nuestro querido viejo Reino.

IB.— Efectivamente, no podemos abstraernos de todas las intrigas políticas que rodeaban a Isabel Carrasco en las luchas intestinas por el poder. Ninguno de los personajes que se citan tuvieron que ver con el crimen, sin embargo, sí conocían la animadversión que estas mujeres sentían hacia la presidenta de la Diputación.

—Francisco Gómez, el concejal del PAL-UL que consiguió que se imputase a Carrasco por el cobro irregular de dietas de kilometraje con cargo a Caja España, lamenta —en una conversación reproducida en el libro— que este proceso judicial haya quedado inconcluso, al ser archivado tras el asesinato de la imputada. “Si hubiera sido juzgada, incluso condenada por esas dietas, quizá no hubiera sido asesinada… ¿se creyeron las asesinas el brazo bastardo de la justicia, precisamente porque la verdadera justicia no actuó? ¿Una condena habría salvado la vida de Isabel?”, cuestiona.
Son preguntas sin respuesta, pero… ¿qué pensáis vosotras?

AD.— Eres la pera limonera… (y no quites esta frase de la entrevista). Eres la primera persona que se percata de la hondura de estas palabras, de la tremenda reflexión que nos ofrece Francisco Gómez, un hombre inexpugnable por honesto para Isabel. Aquella mañana, en una terraza ante el Bernesga, cuando Paco  nos regalaba sus confesiones, yo me sentí impactada por esas mismas palabras…

IB.— Es difícil saberlo. Lo cierto es que los ciudadanos necesitan creer que la justicia funciona. Si falla, puede llegar a albergar resentimientos que se canalizan de forma dramática.

—¿Se puede extraer alguna lección de este terrible suceso?

AD.— Nuestra vieja España siempre aprende del error y del horror. Lecciones escritas sobre cicatrices.  Y sí, que hay límites para el poder y la ambición. Y esa frontera infranqueable es la lealtad al pueblo y el honor.

IB.— Comparto la respuesta de Ángela. Cuando no hay límites para el ejercicio del poder y la ambición se llega a situaciones límites y eso genera ira en la ciudadanía.

—El libro ya estaba en imprenta cuando la Operación Púnica entró en escena, salpicando a la Diputación de León y alcanzando de lleno al sucesor de Isabel Carrasco, Marcos Martínez Barazón, y al interventor de la institución. Si hubierais podido ¿habríais añadido algo a vuestra investigación en relación con los nuevos delitos y sospechas de corrupción que están saliendo a la luz?

AD.— Bua, bua (onomatopeya de llanto mocoso)… Sin duda, sí, pero la editorial no lo vio factible, porque el libro estaba editado y distribuido.

IB.— Fue una lástima, pero no pudo ser. En cualquier caso, la detención de Marcos Martínez Barazón abre nuevos interrogantes en el caso de Isabel Carrasco, ya que la investigación con escuchas telefónicas se inició en el mes de enero, con Isabel aún viva.

—¿Qué puede haber pasado con los “dosieres” que atesoraba Carrasco sobre sus enemigos y adversarios? ¿Alguna vez llegasteis a ver esos dosieres de cerca?

AD.— Los dosieres no son un mito, existen y yo los vi. No sé quién los custodia, lo único que deseo es que haga un uso honesto. Y que salgan de las sombras a la luz.

IB.— Ojalá se lleguen a conocer públicamente. La existencia de dosieres deja patente que algunos tenían algo que ocultar y alguien los utilizaba como chantaje para someterlos. Eso es terrible.

—Casi los únicos políticos leoneses que no salen mal parados en el libro son Francisco Gómez y Javier García Prieto. ¿Tan mal está la cosa?

AD.— Espero que no. Hay más, no sólo Paco, por supuesto, o Javier, cuya situación comprendo plenamente. Opino que la política debería exigir sabiduría y que la honestidad debería estar implícita, por supuesto, como es una condición intrínseca a la de ciudadano. No creo que haya tantos políticos corruptos como políticos honestos, pero encubridores de la corrupción. Y lo peor, es que eso último tampoco lo perdono.

IB.— El hartazgo de los ciudadanos para con los políticos responde a criterios reales. El mapa del país está sembrado de manchas por la corrupción, y eso que sólo se conocen aquellos casos que se investigan… A pesar de todo, apuesto por que todo esto sirva para un relevo de políticos honestos, que por supuesto también existen.

—El libro se cierra con una especie de inscripción lapidaria que resume con inteligencia, pero también con respeto y sensibilidad, las grandezas y miserias de Isabel Carrasco, la gran víctima de esta tragedia. ¿Es quizá una manera de paliar el injusto “aquelarre” digital y social al que fue sometida tras su brutal asesinato?

AD.— No es una respuesta a nada, sino un ejercicio de sincera comprensión que llegó con la luz del día tras una noche de sombras.

—Son muchos los asuntos turbios vinculados a la vida política, empresarial y financiera leonesa que quedan apuntados en las páginas de este libro. Como que todavía existen muchos temas que investigar en León. Como periodistas… ¿os gustaría hincarle el diente a algún tema especial?

AD.— Ser periodista en este país y en estos momentos es una misión sublime y apasionante. En una sola palabra: ¡Claro!

IB.— Desde luego, pero a mí me gustaría más que les hincara el diente la justicia.

—¿Seguís creyendo en el periodismo, un oficio capaz de enviar al paro a sus mejores profesionales en una época de crisis como la que estamos sufriendo? ¿Se puede seguir siendo “periodista” en estos tiempos duros?

AD.— Más que nunca, porque estamos inmersos en la aniquilación de ese mal que corroe nuestra libertad y nuestra joven pero cansada democracia. La verdad y la justicia son el único camino para reencontrar la esperanza que da fuerza a un pueblo.

IB.— Claro que sí. En estos momentos son los periodistas, los jueces y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado quienes están destapando la porquería para hacer una limpieza.

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Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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