José Luis Viñas: “Cualquier cultura debe de participar de un análisis de los entornos humanos, de nuestras expectativas, necesidades, sueños y recuerdos”

José Luis Viñas . Fotografía: Cortesía del Musac.

José Luis Viñas . Fotografía: Cortesía del Musac.

Por CAMINO SAYAGO

El artista madrileño José Luis Viñas es el autor de Comunidad Fantasma (Palencia-Norte), el segundo proyecto seleccionado desde la Convocatoria Laboratorio 987 del Musac. En él ahonda en el declive industrial, demográfico y social de la comarca de Guardo, en la montaña palentina. Sus fotografías, cuentos y dibujos-collage reflejan la exclusión social de sus imaginarios habitantes, a la vez que diseñan un atlas personal y poético de la zona, a medio camino entre documento y ficción.

Comunidad Fantasma (Palencia-Norte) echa a andar en 2004 cuando José Luis Viñas (Madrid 1972) desembarca como profesor de arte en el IES “Señorío de Guardo”. Fue su primer contacto con una entonces incipiente reconversión industrial que condujo al desmantelamiento de los pozos de carbón y de la fábrica de explosivos. Y de ahí, desde ese punto de partida, comienza a documentar viejas construcciones y vehículos varados en Guardo y en localidades vecinas, con los que imagina la vida de sus hipotéticos últimos habitantes.

– El proyecto lleva por título Comunidad Fantasma [Palencia Norte]. ¿Por qué?

– La verdad es que es un título un tanto contradictorio. Se supone que la vida en el seno de una comunidad, el trato con los otros, ahuyenta los fantasmas que acechan al anacoreta solitario. Lo que ocurre es que en ciertas circunstancias, hay comunidades que por su fragilidad, por la extraña vecindad con un espacio abandonado, salvaje e inhumano, no logran poner cerco a las sombras circundantes. Es un recurso muy usado en la literatura y el cine de terror desde Allan Poe o Nathaniel Hawthorne: el viejo pueblo perdido donde moran huraños habitantes que no parecen precisamente celebrar la vida, y que acaso esconden pavorosos secretos.

El epígrafe “Palencia-Norte” mantiene ese tono impreciso, espectral, situando geográficamente el trabajo sin precisar del todo el lugar donde se gesta el proyecto.

– Alude a la situación real de desindustrialización de la zona. ¿Crees que es similar a la de otras cuencas mineras?

– La desindustrialización, es decir, el abandono de lugares donde se llevaban a cabo prácticas industriales obsoletas, es una constante histórica que se ha dado desde tiempos remotos. Ocurre que después de la crisis del petróleo en 1973 este fenómeno toma un auge inusitado en el primer mundo. Primero aparece en Estados Unidos, en la zona conocida como “cinturón del óxido” (rust belt). Más tarde lo encontramos en Gran Bretaña y en cuencas mineras de Bélgica o Alemania. En España el declive de la minería coincide con el de otros sectores como los altos hornos o los astilleros y arranca con el ingreso de España en la entonces Comunidad Europea. En cada comarca llevó un ritmo diferente siempre con un rumbo común, dictado en los salones donde se urdió la mal llamada “reconversión industrial”, en realidad un progresivo desmantelamiento de diversos sectores productivos cuya muerte sería arteramente gestionada.

– Cuáles son los estímulos que hacen posible un trabajo como este y cuál es el contexto en el que surge. Qué pasión o pasiones te animaron a realizarlo, ¿Cómo fue su proceso de elaboración?

– Me gustaría contestar esta pregunta con dos alusiones a sendos autores alemanes. El poeta romántico Friedrich Hölderlin tiene un conocido verso que viene a decir cómo en el peligro también reside aquello que es salvífico. Por otro lado el historiador del arte Walter Benjamin en uno de sus últimos escritos explicaba la tarea del historiador nunca como la restauración total de un pasado preciso sino como la capacidad para adueñarse de un recuerdo, tal y como aparece éste en un instante de peligro. La vida puja con fuerza cuando se encuentra amenazada.

Quizás en el arte pueda pasar algo parecido, cuando en el 2003 me destinaron como profesor de arte a un instituto de enseñanza secundaria en Guardo-Palencia, me sentía totalmente “fuera de onda” como artista contemporáneo. Justo entonces, en semejante “erial” para un estratega de la cultura, apareció un mundo interesante a la espera de imagen. Hölderlin no iba tan desencaminado… y Benjamin me mostró el camino a seguir.

El proceso comenzó fotografiando construcciones en ruinas, graneros, cobertizos, vehículos varados en las cunetas…que después imaginé habitados por resistentes, locos, o fantasmas. Lo hice mediante un breve cuento y un dibujo-collage confeccionado con retales de papel más o menos ajados. Con todos ellos fui construyendo un peculiar atlas, tanto de la localidad de Guardo como de otras vecinas de menor entidad. Este conjunto es el que se puede apreciar en la exposición del Laboratorio 987 en el MUSAC

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– Bajo la forma de un atlas de la comarca el proyecto se compone de un conjunto de trabajos artísticos, cada uno de ellos consta siempre de una fotografía documental, un texto y un collage ¿Por qué?

– Suelo calificarme de artista trans-documental. Más allá de la peculiaridad del término, intentaré explicar qué podría significar esta etiqueta. Hace años escuché a la profesora Anna María Guasch intentando clasificar las estrategias visuales en el arte contemporáneo en dos bloques o principios. Por un lado el principio- archivo, tendente a organizar discreta y minuciosamente las imágenes atendiendo a diversos criterios (formales, políticos, biográficos, científicos), mas intentando preservar siempre su identidad y nitidez. Por el otro el principio-collage, que hace coexistir violentamente materiales fuertemente heterogéneos en un totum revolutum de identidades mutantes. Según Guasch, se trataría de principios mutuamente excluyentes. Yo, la verdad, no tengo tan clara su incompatibilidad.

Durante la era fotográfica hemos considerado toda cámara como un artefacto productor de verdad (documental), pero justamente esta creencia se encuentra muy en entredicho en nuestro tiempo. Emergen nuevas posibilidades técnicas y sociales para incluir en la propia práctica documental elementos ajenos a ella: reflexiones poéticas, sueños… COLLAGES. Estas intrusiones no tienen por qué alejarnos de un compromiso con lo real, sino que, en su carácter mestizo, reflejan tal vez mucho mejor la esencial falta de coherencia que subyace a todo acontecimiento, sin llevarnos necesariamente al solipsismo egoísta.

Por otro lado, y ya hablando específicamente de Comunidad Fantasma, no encontré mejor manera de reflejar la exclusión social propia de los imaginarios habitantes en esas ruinas industriales que sustraerlos de la propia fotografía para dibujarlos en un espacio desgajado, una burbuja-collage de la cual jamás lograrán escapar. Únicamente el cuento, la fábula, ese susurro caligrafiado en lapicero al pie de cada imagen documental, traspasa con su vuelo el foso entre ambos mundos.

– ¿Qué te gustaría que sucediera con el conjunto de estas obras?

– Ya en las primeras reuniones con el equipo mediador para la convocatoria Laboratorio 987 estuvo sobre la mesa esta pregunta. ¿Cuál podría ser el destino final de este trabajo? Un proyecto gestado desde una periferia económica y cultural, ajeno al mercado del arte y a su dinámica institucional no podría acabar en el almacén de un museo, ni tampoco en el piso de un coleccionista de arte.

A partir de las dudas iniciales, recordé unas palabras de Martin Heidegger en su celebérrimo ensayo: “Poesía y verdad”. El filósofo consideraba que sólo el amor mantiene a las obras de arte con vida, garantizando su cuidado. En este sentido, el destino final de las obras no podría responder a una lógica económica convencional, sino que debería ser una suerte de ofrenda que posibilitara (sin obligar jamás) un despertar de ese amor, el cual sería el mejor garante para la supervivencia de este trabajo.

Por eso me planteé donar la obra al pueblo de Guardo, previa organización de una convivencia con sus vecinos para –presuntamente- despertar esas dinámicas sociales que hicieran posible un interés local por “Comunidad Fantasma”. En este sentido creo vamos por buen camino gracias a la escuela de artes de Guardo y a la labor de su director Manuel Dos Santos.

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– La grabación audiovisual de una convivencia entre vecinos de Guardo y León que tuvo lugar en la propia sala del museo, completa el proyecto. ¿Cómo fue la experiencia?

– Personalmente, el día de la convivencia y de la posterior exposición me sentí in-corporado a una comunidad que dejó de ser tan espectral, para tomar una consistencia bastante física: me toco estrechar muchas manos y besar numerosas mejillas. Más allá de la anécdota, la jornada tuvo algo de epifanía, en el sentido literal del término: el reconocimiento de algo que se había manifestado allende los intereses cotidianos de un pueblo pero que sin duda poseía un valor. Ocurre que a veces las epifanías son un poco tramposas y por ello veo la experiencia como un primer paso para valorar la vida artística, cultural y por qué no, social de Guardo, bajo una nueva perspectiva. Para este cambio en el punto de vista, fue enormemente valiosa la fila 0 de expertas invitadas por el MUSAC constituida por gentes que trabajan en espacios/contextos extrapolables a Guardo y a su comarca, o bien que son especialistas en abandono rural y estética de las ruinas.

– En Comunidad Fantasma [Palencia Norte] se podría decir que desarrollas varias facetas, entre ellas la de “artista” y la de “productor cultural” ¿cómo se combinan cada una de ellas?

– Con el papel de “artista” estoy bastante familiarizado desde que era muy joven. Aprecio la libertad que su ejercicio implica; esa continúa apertura para encontrar inspiración o modelos en los rincones más insospechados. Pero, como todo concepto, también tiene su sombra, alimentada por los accidentes, las catástrofes y los tropiezos de la vida misma.

El papel de “productor cultural” implica una relación con el mundo industrial, con la optimización de todo trabajo, mercancía y relaciones sociales. En cierto sentido es un aspecto emergente en mi vida, una nueva responsabilidad que debo afrontar críticamente a medida que mi obra consigue visibilidad institucional.

Lo cierto es que los artistas, a partir del siglo XIX apostaron por una autonomía de lo artístico frente a cualquier otro requerimiento mundano. Esta emancipación trajo sus logros, pero ahora, sin un mundo social que ampare y dé sentido a lo que hacen (más allá de lo puramente economicista), se agosta toda posibilidad de que su trabajo trascienda su existencia de artefacto privado. La conversión en “productores culturales” no es más que la lucha de unas personas por recuperar su inserción en la vida social de las diversas comunidades… con las herramientas de hoy.

– Cultura y comunidad son dos palabras, frecuentemente asociadas a relatos de éxito, ambas resuenan también en tu trabajo realizado en Guardo… 

– Yo no pondría en relación recíproca las palabras “éxito” y “comunidad”. En cierta medida provengo de una tradición filosófica que aborda lo comunitario como una negatividad, algo borroso, inabarcable, discontinuo, esquivo, indómito y espectral. Esa tradición ha dado textos tan hermosos y sugerentes como “la comunidad inconfesable” de Maurice Blanchot o “la comunidad desobrada” de Jean Luc Nancy.

La palabra “éxito” es perfecta para evaluar procesos sociales pero nada nos dice de lo comunitario, pues necesitamos de datos positivos para decidir sobre el éxito de algo. Difícilmente podríamos hablar de comunidades exitosas o fracasadas sin incurrir en maliciosos sesgos.

Si algo resuena en mi trabajo es la posibilidad de la cultura para crear comunidad… sin cálculo ni estrategia. Blanchot hablaba de una comunidad de escribientes a la que siempre acompañaba una ¿misma? comunidad de amantes, gentes volcadas en una exterioridad de la cual es insensato esperar recompensa.

– En esta aventura cuentas con el acompañamiento de una persona de la comarca, la artista e investigadora Sara Cano. ¿Cómo lo valoras y en que ha consistido su participación?

– Fui profesor de Sara en Guardo durante los años 2005-2009. La conozco desde que era casi una niña y la he visto crecer como persona, como estudiante, como artista e investigadora. Para mí es un orgullo que me ayude en este proyecto. Ella ha llevado especialmente las relaciones con los ponentes de Guardo invitados a la convivencia, pero sus funciones han sido muy variadas: logística, asesoría, colaboración continua, etc. Y la verdad su participación en el proyecto está siendo brillante.

"Comunidad Fantasma". Preparativos para la Convivencia entre vecinos de Guardo y León. Foto: JM López.

“Comunidad Fantasma”. Preparativos para la Convivencia entre vecinos de Guardo y León. Foto: JM López.

– Residiste en el municipio de Guardo durante casi una década, ¿Qué aprendizajes destacarías de esa estancia?

– En nueve años ocurren muchas cosas y desfilan muchos pensamientos por una mente; aún así destacaría dentro de este largo periodo dos etapas diferenciadas con sendos aprendizajes propios. En un primer momento, al hallar un lugar tan frágil como desconocido me vinieron a la cabeza aquellas palabras de L.F. Celine (no acompañadas por sus actos morales desde luego) escritas en su prodigiosa novela “Viaje al fin de la noche”; “Todo lo interesante acontece en la sombra, nada sabemos de la historia de los hombres”.

Semejante afirmación, pronunciada en este tiempo de caza-tendencias que a lomos de Google creen saber todo sobre todo humano, se convierte tanto en una exhortación como en un acto de resistencia. El mundo conserva un poder efectivo para sorprendernos; hace falta mirarlo, ponerse a la escucha.

En una segunda etapa, ya más consciente del progresivo deterioro del lugar, mis aprendizajes viran hacia la posibilidad de una vida-más o menos feliz- en entornos decadentes. También en los momentos de declive crecen flores y las personas intentan enamorarse. Muchos de los últimos trabajos que realicé muestran seres empecinados en una tarea quimérica, como en esa obra donde aparece un Santa Claus venido a menos que, a pesar de ser un pordiosero y tener poco que regalar, continúa planeando su campaña navideña. No lo hará bien pero… ¿alguno de nosotros lo haría en semejantes circunstancias?

Porque en la vida hay partido hasta el último minuto.

– ¿Te recuerda las situaciones vividas en Guardo a otras que conozcas? ¿Cuál o cuáles y por qué?

– Siempre digo que Guardo es un laboratorio social de una sociedad futura incapaz ya de albergar otro porvenir que no sea su decadencia. En realidad, lugares como el elegido para Comunidad Fantasma no son tan extraños, de hecho son progresivamente más frecuentes a medida que la Humanidad sedienta se da de bruces con los límites ecológicos de Gaia. Durante un tiempo, su existencia fue silenciada por el glamour de la narrativa consumista. Hoy ese relato de seducción posee demasiadas grietas y afloran por doquier historias alternativas, Comunidad Fantasma es sólo una de ellas.

Curiosamente, a partir de 2010 he apreciado un desmontaje del tejido suburbano en mi ciudad natal, Madrid, que me recuerda en bastantes aspectos al de Guardo, salvando las palpables diferencias.

Leon Tolstoi escribió en “Anna Karenina” que todas las familias felices se parecen mientras las desgraciadas lo son cada una a su manera. A menudo me he preguntado si pasa lo mismo en otros grupos sociales: ¿son todos los pueblos prósperos iguales mientras los decaídos lo son cada uno a su manera? Lo cierto es que sí hay un conjunto de rasgos que se repiten en el infortunio económico, aunque las variantes son numerosas. Existen pensadores muy interesantes en nuestro tiempo dedicados a estudiar estos procesos como Dimitri Orlov, Jared Diamond, Joseph Tainter, Richard Heinberg, Ramón Fernández Durán o John Michael Greer. Todos ellos trazan posibles rumbos hacia una sociedad ecológicamente más simple; unos transitan recorridos más siniestros y otros vías más luminosas.

– Si dejamos a un lado la connotación artística que guarda un trabajo de estas características, en cuanto a la posibilidad de mostrar una “narrativa local”, aparecen otros ángulos que nos sitúan en un plano más abierto, con otro tipo de tensión, más ligados a la idea de cultura. ¿Qué papel juegan los agentes culturales de Guardo como interlocutores de una idea de cultura y de sus prácticas políticas?

– Está claro que la minería supuso para muchas provincias del país un vector de modernización importante durante el siglo XX, en pocas décadas se pasó del Neolítico a la vanguardia industrial del capitalismo fordista. Luego, con un ímpetu gemelo pero más sombrío la energía que activaba tales lugares fue intencionadamente menguando dejándolos en un limbo histórico y social. Esta doble transformación, tan abrupta, por fuerza tuvo que tener un correlato cultural… que no se ha estudiado. La obra de un pintor tan interesante como Ambrosio Ortega, nacido en Barruelo de Santullán (Palencia) refleja perfectamente las convulsiones padecidas por las gentes y el paisaje.

Hay una falta general de relato, que ahonda la falsa idea de la zona como hostil a la cultura, como si los cuadros, poemas, canciones o danzas fueran artículos para el lujo de la burguesía urbana y no expresiones de una urgencia vital que no se deja encerrar en etiquetas. Las autoridades políticas locales han de tener claro que no existe la “cultura” como entidad de prestigio (y últimamente como oportunidad de  negocio) sino como respuesta a problemas, acontecimientos, devenires, no específicamente “culturales” y sí políticos, ecológicos, climatológicos, demográficos, etc. Pero parece ser que no nos quieren a los productores culturales en ese terreno, temen nuestra voz.

La convivencia entre vecinos de Guardo y León, Documentada audiovisualmente y resumida en unas actas, pone sobre la mesa una cuestión primordial: cualquier cultura que merezca la pena debe de participar de un análisis global de los entornos humanos, de nuestras expectativas, necesidades, sueños y recuerdos.

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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