Javier Panera: “En Warhol, el gusto por la música no era una pose. Le ayudaba a crear”

Javier Panera. Fotografía: Cortesía del Musac

Javier Panera. Fotografía: Cortesía del Musac

Por CAMINO SAYAGO

El libro “La música de Andy Warhol”, editado por el Musac, es la primera monografía que se publica en España sobre la relación del artista con la música. Su autor, el investigador y profesor de Historia del Arte en la Universidad de Salamanca Javier Panera, descubre facetas desconocidas y reveladoras de Warhol, claves para entender su proceso creativo y también la dinámica del arte contemporáneo. Su fascinación por las estrellas de la música y sus gustos eclécticos, no eran una pose. Era un omnívoro musical y la ópera era su pasión secreta.

– ¿Por qué este libro?

– Me pareció oportuno que además de la exposición “Exploding Plastic Inevitable. Re-Make / Re-Model”, que se expone actualmente en el Musac, era una buena oportunidad para editar este libro, coincidiendo con el Purple Weekend, que recupera los años sesenta. De alguna forma el libro cierra el proyecto que he comisariado en torno a la figura de Warhol y que tuvo una primera referencia con “All Yesterday’s Parties. Andy Warhol, Música”, que también acogió el museo entre mayo y septiembre.

– ¿Cómo surge la investigación que da forma a “la música de Andy Warhol”?

– En realidad este libro nace a partir de un proyecto de investigación conjunto, del Departamento de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Salamanca, sobre las relaciones entre artes visuales y música popular. Llevamos cuatro años de trabajo, con publicaciones,  participando en congresos y el proyecto aún está abierto.  Y aunque hay un antes y un después en la colaboración de Warhol y The Velvet Underground, es el primer artista que coge elementos de la música popular y la sitúa en el terreno de las artes visuales. Abrió un camino que otros artistas han seguido.

– El trabajo de documentación ha sido laborioso…

– Si, ha sido un largo proceso de año y medio dedicado a recabar toda la información posible. Vaciar toda la documentación en el Museo Andy Warhol de Pittsburgh, en Pensilvania, la ciudad en la que nació, ha sido una tarea ardua. Imagínate, el museo cuenta con alrededor de doce mil piezas. Pero la búsqueda ha dado un gran resultado, como ejemplo, un disco colectivo editado por la revista Interview Magazine que incluye una canción del artista  (un minuto de silencio) y otra de The Velvet (solo ruido).

– ¿A quién está dirigido?

– En especial a los aficionados a la música, que no al arte. Van a descubrir facetas desconocidas del artista, en un trayecto que comienza en los años 50, su época de estudiante de diseño y concluye con su muerte en 1987.  Además el libro incluye más de un centenar de canciones que ayudan a entender su obra.

– Su estructura es cronológica y temática…

– Tiene tres fuentes, (El primer capítulo), los diarios y entrevistas de Warhol desde principios de los 60, donde él constantemente hace alusiones al papel que juega la música en su proceso creativo. Alude a músicos con los que se relaciona y a conciertos a los que asiste.  Y hay otro elemento importante, las cápsulas del tiempo, la memoria del tiempo de Warhol. Comenzó a crearlas en 1974 y todos los meses, hasta su muerte en 1987, realizaba alguna; eran unas cajas de cartón en las que introducía sus “cosas”. Bocetos, entradas de conciertos, revistas, fotografías, correspondencia y otros elementos que le interesaba guardar. Una vez llenas la sellaba y la marcaba con un título o una fecha y las incorporaba a su archivo. Hace poco el Museo de Pittsburgh las ha revisado y son muy útiles para conocer sus gustos. Era como un trapero, hay 1600 cápsulas del tiempo. Son como un itinerario paralelo que ofrece una visión única a su mundo privado y al contexto cultural  que le tocó vivir.

Otra fuente es su obra. Desde los años 50 sus obras se retroalimentaban de su relación directa con la música, tanto con la clásica, como con la más experimental de la vanguardia neoyorkina de 1950 a 1960. Un vínculo que inició con Jhon Cage y prosiguió en los sesenta con The Velvet Underground. En los 70 su centro de atención fueron los Rolling Stones y en los ochenta Debbie Harry.

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– Los músicos le servían de inspiración para su pintura.

– Su proceso creativo se ha nutrido de sus vínculos con distintos músicos.  Y esas relaciones han dado origen a conceptos que antes no había utilizado ningún artista, como el concepto de silencio, explorado con John Cage y The Velvet; el concepto de suspensión temporal que empleó en sus películas y el concepto de apropiación y repetición, que también se utilizan en el minimalismo.

– El capítulo dedicado a La Factory es el más extenso.

– Sí lo es, porque en el legendario estudio situado en Manhattan la música jugaba un gran papel. Como recuerda Warhol en sus diarios, en la Factory los discos de ópera se mezclaban con los de rock. Se escuchaba música de todo tipo, pero en particular música pop que fue uno de los sustratos sobre los que se construyó su producción artística. A mediados de los sesenta la Factory era el epicentro de la cultura underground de Nueva York y allí surgieron colaboraciones entre creadores de distintos ámbitos artísticos, en especial entre las artes visuales y la música rock, como la Velvet. Y mucho antes con músicos del folk psicodélico como The Fuss y  Holg Modal Rouunderi.

– Warhol sentía fascinación por las estrellas de la música…

 – Le atraían. Desde María Callas a Mick Jagger. Le fascinaba además acercarse a ellas. Un ejemplo de ello fue la visita de los Rolling Stones al  domicilio de Warhol para componer las canciones de uno de sus discos. Estancia que el artista  aprovechó para realizar a lo largo de un mes retratos de Mick Jagger.

-¿Era muy ecléctico en sus gustos musicales?

-.Ya desde muy joven estuvo vinculado a todo tipo de música, trabajó como diseñador gráfico para diferentes sellos discográficos como  Columbia, MGM o RCA. Era un omnívoro musical. Combinaba la música experimental con el rock, e incluso se zambulló en la música disco a través de sus visitas a Studio 54.

Tenía, sin duda, gustos muy eclécticos. Su colección personal de discos incluye desde grabaciones de melodías de Broadway de intérpretes como Judy Garland, a compositores clásicos como Chopin o Beethoven, Elvis Presley  y mucha ópera, su pasión secreta. El gusto por la música no era una pose, realmente le interesaba. De la lectura de sus diarios se extraen afirmaciones muy ambiguas. Pero cuando habla de música, es muy directo y poco ambiguo. La música le ayudaba a crear.

Hasta el último momento de su vida tuvo una relación directa con la música. De hecho, cuando le tuvieron que operar de vesícula, le ingresaron un martes y ya tenía las entradas para la ópera del domingo, un abono anual para la temporada de Ópera Metropolitana de Nueva York.

:: EXPLODING PLASTIC INEVITABLE. RE-MAKE / RE-MODEL

  • Sala Anexa. Musac
  • Hasta el 8 de enero
  • Comisario: Javier Panera

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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