21 de Marzo / Dos poemas de Isabel Urueña en el Día Mundial de la Poesía

Isabel Urueña en los años 70. Fuente: Archivo del pintor Manuel Jular / Cortesía de Toe.

Continuamos en TAM TAM PRESS con la sección de poesía antológica, denominada “LOS POEMAS COLGADOS”*, con textos de poetas muertos escogidos por Ildefonso Rodríguez Eloísa Otero. El vigésimo tercer autor que llega a esta sección es Isabel Urueña Cuadrado (León 1951-Alicante 2018), una mujer extraordinaria y generosa que nunca renunció a reinventarse, y que dejó una profunda huella en cuantos la conocieron. Una auténtica rara avis: compositora de música contemporánea de vanguardia, pianista, directora de orquesta, coordinadora de actividades musicales y profesora de música y humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, pintora, poeta, narradora, crítica de música y literatura, autora de guías de viaje e incluso de un proyecto de tesis sobre la música en la obra del escritor cubano Alejo Carpentier que no llegó a terminar…

Cuando murió, en la madrugada del 29 de junio de 2018, Isabel Urueña contaba 67 años y residía en Alicante, desde donde dirigía la Fundación Almela-Solsona, creada para la protección y divulgación del legado pictórico de dos creadores de los 80 y 90: su gran amigo Fernando Almela (Valencia 1943-Madrid 2009) y Alberto Solsona (Barcelona 1947-Madrid 1988), compañero de juventud de Almela.

En el obituario que le dedicó la periodista Ana Gaitero en Diario de León, titulado “Una compositora pionera que deja un legado para escuchar”, se podía leer al final: “Activa y valiente son dos adjetivos que definen a esta mujer que se fue antes de tiempo y que deja un legado para escuchar y también para leer. Hubiera podido dejar mucho más”.

De su legado literario forman parte dos libros de poemas, “Apócrifas codicias” y “El beleño en su raíz”, publicados por el sello leonés Lobo Sapiens en 2002 y 2003, respectivamente.

El próximo jueves 11 de abril, dentro de los encuentros “Poesía y vino” que organiza la galería leonesa Ármaga, Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero leerán poemas de ambos libros, para recordarla.

Isabel Urueña en los años 70. Fuente: Archivo del pintor Manuel Jular / Cortesía de Toe.

:: Dos poemas de Isabel Urueña

ORACIÓN DE FIN DE AÑO A BÈLA BARTOK

Bèla, Bèla: deseo tanto
enseñar a un ciego el mar
inexistente de leal color donde
las conchas besan los recuerdos y los
caballitos marinos interpretan
a Brahms con sus fiscornos…

Querría también, Bèla, jugar
con él a sumergir bajo las olas
de los días un sentido común,
una prudencia, y trabar nudos
entre sus y mis pestañas hasta que nuestros
rostros se confundan con las algas.

Cabrá, Bèla, en cuatro manos toda
la arena que luego se dispersará
como un misterio (dejaré su rastro
a mis hijos como herencia), y plantaré
un amor inconexo y sin espinas
en su retina, Bèla, sin historia.

Bèla, Bèla, patrón de los músicos
decentes: tú sabrías con qué notas
esenciales de sal desconsolada puede
mostrar un pez abisal su poca luz
despellejada sin hacer pornografía.
Sabrías, Bèla,si estos versos son honrados.

(Del libro “Apócrifas codicias (AJ)”. Ediciones del Lobo Sapiens, León, 2002)

PATRIA VACÍA

Si decides no seguir y desandar los años
hacia el vientre de tu madre,
la encontrarás, de todos modos,
muerta.
Podrás retroceder, pero nunca al calor,
no a la ingrávida humedad sin culpa ni hambre.
Regresarás, pero no a casa,
sino al origen fósil de la vida.
Al menos, calcula el salto y qué llevas para el viaje
(un pájaro que advierta en su agonía
de la nada irrespirable del pasado).
Acalla antes la campana del convocar a incendios
y confunde las huellas;
que no puedan seguirte a donde vas.
Dale vuelta al reloj de los deseos
hasta que quede en punto muerto y
no señale.
Un dolor enfermo irá contigo a la patria vacía.

(Del libro “El beleño en su raíz (A J)”. Ediciones del Lobo Sapiens, León, 2003)

— — —

“LOS POEMAS COLGADOS”

NOTA de Eloísa Otero e Ildefonso Rodríguez: Esta sección quiere ser una Miniantología (que puede alargarse hasta donde nos den las fuerzas y las ganas). Un doble criterio nos guiará: El primero, serán poemas que los autores no podrían colgar por sí mismos, por ser ya de aquellos que Joyce sin más llamó fantasmas (“… alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”). O por decirlo con Quevedo, en nuestra Miniantología viviremos “en conversación con los difuntos”. Y segundo: nuestros propios gustos, que ojalá sepan recoger el hermoso Babel de la poesía, la Gran Republicana.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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