Valcárcel Medina: “El arte tiene la misión de estar alerta, de decir: ¡Oye, esto se está torciendo!”

El artista Isidoro Vlcárcel Medina, en el Musac. © Fotografía: Eloísa Otero.

El artista Isidoro Vlcárcel Medina, en el Musac. © Fotografía: Eloísa Otero.

 Por CAMINO SAYAGO

El artista Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) regresa a León, dos décadas después, para reflexionar sobre el cambio urbanístico producido en la ciudad. La exposición “De ayer a hoy” en el Musac, titulada como un verso de Góngora, indaga en cómo era León entonces y en qué se ha transformado: cómo estaba en 1991, el cambio y las sugerencias que apuntaba el artista ese mismo año y lo que acabó siendo construido después.

Valcárcel Medina revisa y actualiza en el Musac la exposición que realizó en la galería leonesa Tráfico de Arte en 1991, “Sugerencias de un forastero al Plan General de León”. Cinco propuestas de intervención en espacios públicos de la ciudad: Eras de Renueva, La Chantría, el estadio de la Puentecilla, el parque de la Candamia y la calle Cercas. El punto de partida del análisis de 1991 fue el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que se aprobó entonces. En esta nueva exposición pretende generar un nuevo proyecto “aún más crítico” y que “reflexione sobre cómo estaba la ciudad, qué se propuso y qué es lo que realmente se ha hecho”.

—Parece que no te esperabas esta exposición…

—No, de ninguna manera. Soy muy reacio a repetir las cosas y por eso hemos tenido que inventarnos una excusa para idearla y hacer una nueva. Estoy contento.

—“Sugerencias de un forastero al Plan General de León”, se dibujó como una utopía y continúa siéndolo. No se ha cumplido ni tan siquiera una de aquellas propuestas para la ciudad…

—No en absoluto, es que sería el primer caso. Más que una probabilidad hay una posibilidad, es posible, pero no cabe confiar demasiado, porque los intereses son distintos. El interés de hacer un planteamiento de ruptura y liberador… a hacer un planteamiento de continuismo, pues claro, son opuestos.

—¿Cómo ves León después de todos estos años?

—Pues la veo en el proceso lógico y natural de todas las ciudades de nuestro país y todo el mundo, diría. Todas la ciudades van caminando en una dirección, en algunos casos son escandalosos, como en Valencia, pero generalmente todos van hacia una ruptura con la tradición. Digamos que hay un mimetismo en la cosa urbanística y constructiva.

—Entre las intervenciones de 1991 se barajaba un parque con atracciones de viento en Eras de renueva. Ahora aquel descampado es una zona residencial, donde además se emplaza el Musac. ¿Lo hubieras imaginado? ¿una sorpresa?

—No bueno, en absoluto, es que era un trozo de tierra con unas calles trazadas con unos bordillos y unas farolas, y no había más. Pues claro, yo no me podía imaginar que se iba a hacer, pero el aviso estaba. Es bueno que haya ocurrido y que no hayan puesto… no sé qué decir, hay ejemplos a montones. Bueno, en este sentido bienvenido sea el Musac en las antiguas Eras de Renueva.

—Otra de las sugerencias apuntaba a la zona de La Chantría, donde se instaló poco después El Corte Inglés?

—En fin, eso es casi más natural que esto. Es decir, tiene más poder de implantación un espacio comercial que una institución cultural, pero afortunadamente las dos cosas se han dado, o sea que…

—¿Has pateado la ciudad para ver in situ cómo se encuentra?

—No mucho, sí he estado en los cuatro o cinco sitios que ya se contemplaban en la exposición de Tráfico de Arte. Realmente está como cabe esperar…

—Muy próxima a la calle Cercas se encuentra la Plaza del Grano, muy deteriorada…

—Es que del sitio en el que yo vivo te puedo poner tantos ejemplos como la plaza del Grano, como por ejemplo la eliminación de la zona de tierra sustituida por el granito estándar, por supuesto, no el granito sacado de la cantera. O la eliminación de los bancos para sentarse, de los bancos públicos quiero decir. Todo eso forma parte de la dirección en la que va nuestro urbanismo.

—Es que hasta se han quitado los bancos de las marquesinas para que nadie pueda dormir por las noches, además en estos tiempos… es increíble.

—Claro, eso es así, es muy escandaloso. Bueno en este sentido es posible que esta exposición no sirva para nada. Habrá alguien que la vea y diga ¡fíjate¡ No es que me queje, pero bueno así está.

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—Esta nueva exposición en el Musac nos recuerda que seguimos casi igual que hace una década…

—Bueno, es que el cometido del arte es testimoniar la evidencia que por otros muchos vehículos, por otros muchos caminos, no se quiere ver. El arte dice: oiga mire las fotos, no me va a discutir las fotos. Los que trabajamos en este territorio intentamos que se cumpla esa misión. No se trata tanto de grandes ideas como de grandes testimonios. Es decir la constancia de qué puede pasar con el mundo, con nuestra vida, con nuestro desenvolvimiento si no andamos alerta. El arte tiene la misión de estar alerta, de decir ¡oye esto se está torciendo! Eso mucho más que decir la solución contra ese torcimiento, es esto que yo digo. Limitémonos a decir que se está torciendo, no nos llamemos después a sorpresas.

 —¿Te atreverías a hacer una reflexión sobre un futuro urbanístico más inmediato, a lo mejor a diez años?

—No me atrevería, pero, por otro lado, no es nada difícil, no quiero ser derrotista porque me gusta más ser visionario de lo positivo pero también es cierto que tengo que rendirme a la evidencia, y decir: ¡oye! todo va siempre en el mismo sentido. La dirección que llevamos desde hace unos siglos es la misma. De vez en cuando hay un quiebro, un charco que nos pilla por sorpresa, pero luego la cosa vuelve otra vez a la reiteración del predominio del poder, digamos. Dentro de la palabra “poder” puedes meter lo que quieras, la religión, el capital, el dinero, puedes meter todo lo que quieras, pero en esa dirección. Nosotros vemos constantemente cómo el disparate se instaura. Tiene gracia muchas veces porque, por ejemplo, en Madrid hay ahora mismo una contaminación bestial, tremenda y… varias de las estaciones donde se mide la contaminación han sido clausuradas. Y una cosa llamativa casi divertida, por no llamarla de otra forma, es que el autobús de recogida de donantes de sangre ha sido eliminado porque, como es de diesel, contamina mucho. Tú imagínate lo que significa eliminar un autobús que curiosamente tiene una función eficaz… pues esto ha pasado.

—Has pedido colaboración ciudadana para apilar documentación gráfica y luego has contado con un pequeño equipo para realizar la radiografía del presente. ¿Cómo valoras el resultado?

—Yo lo valoro de una forma absolutamente positiva y desde luego tengo que decir que gracias a eso la exposición se ha podido hacer, es que esa colaboración pone esas gotas de justificación de las que yo hablaba al principio. Gracias a que se ha podido hacer eso, gracias a que hemos contado con eso, yo me he decidido a hacer esta exposición, si no la repetición de lo de Tráfico de Arte no venía a cuento veinticinco años después.

Isidoro Vlacárcel Medina en un momento de la entrevista. Fotografía: Eloísa Otero

Isidoro Valcárcel Medina en un momento de la entrevista. © Fotografía: Eloísa Otero.

—¿Cómo ves el país en estos momentos con varias elecciones a la vista? ¿Y el mundo de la cultura?

—El mundo de la cultura se ha perjudicado porque han querido que se perjudicase, porque realmente la crisis podría haber aportado amplitud de ideas, porque de las crisis salen las ideas, y como estoy en crisis pienso algo. Lógicamente esto no interesa a los rectores y dicen eso de “como estamos en crisis, lo primero que tienes que hacer es pagar la parte alícuota de ella”. Y a la vista está el comportamiento de las instituciones culturales. En este sentido nada sorprendente ¡A ver si podemos recortar! dicen, porque piensan que los recortes se comen la cultura, ¡A ver si podemos recortar por aquí para que estos tíos puedan expresarse menos! Luego, además, los que quieran expresarse en este mundo de la supuesta abundancia en el que hemos vivido, en el cual los creadores creían que tenían disponibilidad de todos los subsidios, apoyos, para sus ideas, pero marginando siempre las ideas, lo cual viene como anillo al dedo para los que mangonean el asunto. Es decir, esto es marginable. Es como el caso que te he contado del autobús de los donantes de sangre en Madrid. Todo esto, los llamados artistas han consentido en una gran medida con ello y se han limitado a llorar y patear. Pero realmente lo que hay que hacer es decir: ¡Señores!

—Repito, ¿cómo ves el país?

—Lo veo tristísimo. No soy poseedor de una gran información pero no conozco ningún personaje del ámbito de la política que me merezca confianza. Nadie. Es curioso, por ejemplo, que los que votamos en blanco, como yo… luego no se refleja nuestro voto. Hombre, habría que cambiar infinidad de cosas pero los mangoneantes que tenemos… y ahí están…

—Y ¿qué opinión te merece la irrupción de Podemos?

—Es una opción que pudiera ser que estuviera bien. Yo desde luego no me juego el tipo por ellos, pero lo cierto es que no son tan sinvergüenzas como los otros. A lo mejor solapadamente lo son también, pero todavía no se ha manifestado que sean tan sinvergüenzas.

—El retroceso que se ha vivido en la cultura ¿ha contagiado al público?

—Lo que pasa es que nuestra cultura está medida por el número de visitantes. Pero eso no es cultura aunque evidentemente más vale muchos que pocos, pero hacer hincapié en ese detalle, en las cifras, es peligroso. Cuando se dice que el Louvre tiene tres millones de visitantes, o los que sean, y el Museo Reina Sofía uno y medio, bien venidos sean. Pero hay que preguntarse ¿por qué han ido esos tres millones ahí, o el uno y medio, y qué poso les ha dejado? Eso es lo importante. Es una situación peliaguda.

—No obstante, a ti siempre te ha interesado mucho la interacción con el espectador y por tanto me imagino que no pondrías entre comillas a los que van al museo a pasar el rato o a guarnecerse del frío…

—En absoluto. Imaginemos que realmente están a gusto aquí. Yo no puedo añadir nada. No podemos decir que es un ámbito cultural y que no está pensado para eso. Pero bueno, vamos a ver dónde está la tijera ¿hasta dónde llega la cultura? O sea, es como decir que ese banco no es para sentarse culturalmente. Yo lo veo estupendamente.

—Por último, ¿en qué proyectos estás metido?

—Bueno, claro, por supuesto siempre estás en algún tinglado. Estoy preparando algo para Portugal. Algún tipo de trabajo sobre la relación España-Portugal, que es una cosa tan antigua, y tan cuestionable en los dos sentidos, que tiende tanto a la unión como tiende a la separación. Es una cosa curiosa de dos países que cuando se mira el mapa son uno, y que, sin embargo, no son uno de ninguna manera aunque luego hay zonas de… una cosa muy curiosa.

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Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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