TIERRA DE DIATOMEAS: “Las diatomeas nos han hablado de lo que somos a partir de aquello que hemos heredado y de lo que podemos ser”

Susana e Inés Cámara Leret y María Boto Ordóñez. Autoras del proyecto. Fotografía: Susana Martín.

Por CAMINO SAYAGO

El proyecto Tierra de diatomeas, un híbrido de ciencia y arte, concebido por Susana e Inés Cámara LeretMaría Boto Ordóñez para Laboratorio 987 del Musac, ha querido ir más allá en la investigación de estos microoganismos que, por su sensibilidad a los cambios químicos, se utilizan para analizar parámetros ecológicos, como la calidad del agua. Por ello han puesto el foco en las relaciones que las diatomeas establecen con el ser humano en territorio leonés. Y la complicidad con los doctores Saúl Blanco y Estrella Alfaro, de la Universidad de León, ha sido decisiva para crear un lenguaje y una metodología propia sobre sus desplazamientos. Los resultados del proceso de investigación, que han dejado abierto, se pueden ver hasta el 10 de septiembre.

Para Susana e Inés Cámara Leret y María Boto Ordóñez el desarrollo de este proyecto ha sido una experiencia intensa. Viven en diferentes países europeos -Holanda, Inglaterra y Bruselas-, y se han reunido en León para dar forma a su propuesta, la segunda seleccionada este año en la Convocatoria Laboratorio 987 del Musac. Han contado con la colaboración del Laboratorio de Diatomología de la Universidad de León, a cuyo frente se encuentra el doctor Saúl Blanco, y con el apoyo incondicional, en las salidas de campo, de la doctora especializada en botánica Estrella Alfaro. Entre todos han abierto una nueva ventana al mundo del arte, que no aborda en nuestro país demasiadas propuestas que le interrelacionen con el ámbito científico. Su estudio sobre las diatomeas como metáfora les ha permitido crear un diálogo con determinados sucesos y trazar, como pretendían, diferentes narrativas sobre las aguas y sus gentes.

Cada una de vosotras trabaja de forma autónoma. Para desarrollar esta investigación experimental decidisteis uniros, y tal vez sea la primera experiencia trabajando juntas, ¿Qué aprendizajes, conflictos y situaciones destacarías en ese hacer junto a otras personas?

– Sí, cada una de nosotras trabaja de manera autónoma en países distintos e incluso exponiéndose  a lenguajes distintos. Por lo tanto a la hora de desarrollar Tierra de Diatomeas no sólo hemos tenido que explorar el lenguaje del proyecto y una metodología de investigación propia, sino también lidiar con hábitos personales a la hora de buscar un punto de encuentro entre las distintas formas de trabajar y abordar el desarrollo de un proceso abierto de investigación. Esto a veces supuso que cada gesto y cada paso estuvieran constantemente bajo análisis hasta que pudiese fluir la dinámica de grupo. Si a esto se le añade las figuras de los doctores Estrella Alfaro y Saúl Blanco, el contenido del lenguaje se vuelve mucho más rico y complejo. Ellos también nutrieron el proyecto a medida que iban cuestionando ciertas facetas y aportando otras perspectivas. Nosotras hicimos lo mismo con sus planteamientos, los protocolos de investigación que se daban por hecho, el valor del punto de muestreo, etc.,, y esto dio pie a lo que venimos llamando una contaminación mutua entre arte y ciencia.

 – Definís Tierra de diatomeas como un proyecto híbrido de arte ciencia. ¿Qué significa esto? y ¿Cómo surgió esta propuesta?

– La propuesta surge a raíz de la convocatoria del Laboratorio 987, como una oportunidad de trabajar juntas dentro del campo en el que nos movemos y de volver a España, aunque haya sido un plazo limitado de tiempo. Al investigar sobre la región en sí, vimos que habían bastantes iniciativas que ponen en valor el conocimiento del territorio y de ahí surgió, en parte, la idea de trabajar con diatomeas para hacer una cartografía distinta a las existentes, partiendo de otras poblaciones. Es una propuesta en el que arte y la ciencia van de la mano, pero donde a su vez todos los saberes tienen cabida sin ningún tipo de jerarquía. En este sentido, buscamos el desarrollo de una investigación híbrida, como medio para abordar otro tipo de diálogos en la región, como aquellas historias humanas y no-humanas, encontradas al trabajar a través de distintas escalas. Una investigación, donde la producción artística no sirviera únicamente para legitimar el discurso científico, ni viceversa, sino donde el hacer en común pudiera facilitar puntos de unión para dudar de lo conocido y generar espacios de posibilidad.

– Están en el agua y también fuera de ella. En una lágrima y en una piedra. ¿Qué os llevó a intentar trazar una investigación en torno a las diatomeas?

– En la región existe una tensión bastante palpable con el agua tanto a nivel histórico como en la actualidad. Al ser tan sensibles a los cambios químicos en el agua, funcionan como biomarcadores y nos hablan sobre las calidades de las aguas que hay o que estuvieron allí presentes algún día. A su vez, vimos que el protocolo para la toma de muestras de diatomeas era sencillo y humilde: únicamente precisaba de un cepillo de dientes y un tubo para preservar la muestra. Esto nos dio mucha libertad a la hora de jugar con las herramientas de investigación y con el proceso en sí de la toma de muestras. Además, donde hay o hubo agua hay diatomeas, y al querer hacer una investigación muy próxima al territorio vimos en la ubicuidad de las diatomeas la oportunidad de poder aproximarnos a la región desde muchos ángulos, dándoles voz y conectando con otras poblaciones locales, a través de su seguimiento.

– Como personas, y como sociedades nuestros vínculos con los procesos cíclicos de la naturaleza tienden, con más frecuencia de lo deseable, a diluirse. ¿Qué papel tiene para vosotras la ecología?

– Entendemos la ecología como la posibilidad de una afectividad, surgida a partir de un acercamiento a diversos procesos de convivencia entre lo humano y lo no-humano, como por ejemplo el mundo de las diatomeas. Por lo tanto, como una ecología afectiva, que asume distintas formas de existir y se plantea otras sensibilidades y necesidades de los muchos mundos que conviven y conforman esos ciclos naturales. El proyecto sugiere distintos tipos de articulaciones con las diatomeas, asumiendo que existen estos agentes no-visibles con las que podemos y debemos negociar una colectividad compartida.

– Y en el ámbito de la creación contemporánea, ¿Cómo se relaciona Tierra de Diatomeas con su entorno social y natural?

 Entendiendo que existen otras formas de hacer y de conocer y exponiéndose, a partir de la fragilidad de un proceso abierto, a otras aportaciones que ayuden a concebir o cuestionen distintas proposiciones y planteamientos previos sobre un hacer colectivo. Esto supone una autocrítica constante, por ejemplo a la hora de desenvolver ciertas metodologías en determinados espacios, para no perder de vista su integración con ese entorno natural y social y por lo menos ser conscientes de las distintas proposiciones y significados que se generan durante el proceso de creación, y aquello que se deja atrás o que perdura después.

– Los procesos del proyecto han estado abiertos desde su arranque, ¿Imaginabais como se iban a desarrollar?`

– Existían una serie de puntos de interés previos a nuestra salida, como fue la Plaza del Grano o Riaño al leer sobre la región y su historia. El primer punto de toma de muestras fue el MUSAC, explorando su entorno y sus diatomeas. Ahí conocimos por primera vez a las Navículas, diatomeas cuya morfología es fruto de una adaptación. Originalmente céntricas, fueron estrechándose hasta llegar a tener esa forma de navío y así poder navegar los ríos. El segundo vino dado en parte por un encuentro que tuvimos el primer día, tras haber aterrizado tan solo unas horas antes, y mientras paseábamos por la ciudad. Nos encontramos con parte de los Guardianes de la Plaza del Grano, esto nos llevó a tomar muestras de las piedras en el suelo, de la iglesia y la fuente… Y poco a poco, dejamos que el territorio y las diatomeas nos fuesen moviendo por distintos puntos de Castilla y León. El proyecto en este sentido siempre se pensó como un espacio abierto de diálogo y de colaboración.

– Se está invitando a participar a cualquier persona mediante la aportación de  muestras de diferentes puntos de la provincia, o de la comunidad. ¿De qué manera se van a incorporar al proyecto las muestras aportadas? Hay otras formas de colaborar con Tierra de Diatomeas?

– Las muestras que fueron incorporadas durante la estancia, fueron analizadas y añadidas a la Cartografía viva. El proyecto queda abierto para que se siga participando con la aportación de agua para su análisis, de historias o experiencias en relación a la misma. De momento, hemos creado una dirección de email: proyectodiatomeas@gmail.com para que toda persona que quiera acercarse y contribuir a su desarrollo entre en contacto con nosotras. A su vez, estamos valorando distintas formas de continuar con la investigación a distancia, por ejemplo creando vínculos al Laboratorio de Diatomología, que pensamos podría funcionar como base de revelado. Por otro lado, desde el mismo laboratorio hay mucho interés en el desarrollo de proyectos que vinculen la ciencia con la cultura, y Tierra de diatomeas supone un primer contacto con gente que quiere participar de una manera activa en una investigación en curso mediante la toma y análisis de las muestras.

– Habéis trabajado en tres espacios: en el Laboratorio 987 dentro del Musac, en el Laboratorio de Diatomología de la Universidad de León junto a los doctores Saúl Blanco y Doctora Estrella Alfaro con la que habéis realizado distintas salidas de campo. ¿La complicidad con esta última ha sido crucial?

– Totalmente. El poder trabajar con alguien con tanto conocimiento del territorio y tanta sensibilidad hacia el mismo, y sus habitantes, ha sido un privilegio. Estrella ha ejercido un papel fundamental durante el transcurso del proyecto, conectándonos no sólo con el territorio pero también con tradiciones y paisanos del entorno rural consiguiendo una sintonía con aquella gente esencial para desarrollar el trabajo. Hemos aprendido mucho con ella a nivel personal y profesional. La complicidad y la contaminación se han producido en todos los sentidos.

– ¿Y con Saúl Blanco, qué rol ha desempañado en el proyecto? ¿Qué os habéis encontrado a vuestro paso por la Universidad de León?

– Saúl nos ha acompañado desde el inicio del proyecto, ayudándonos después con el muestreo, procesado e identificación del material una vez iniciada la residencia. Ha sido nuestro guía en el mundo de las diatomeas, contándonos cómo han evolucionado y dejando que fuésemos poco a poco rompiendo esquemas de protocolos, buscando donde no hay, etc…

Durante nuestro paso por la Universidad de León hemos encontrado mucha gente dispuesta a colaborar, que de una manera muy generosa nos han abierto sus laboratorios y despachos para compartir sus experiencias y conocimientos más allá del campo científico. Más allá de Saúl y Estrella ha habido otras personas, dentro de la misma universidad, que han sido muy generosas con nosotras. El profesor José Luis Avello de Filosofía, Yago del departamento de botánica, Antonio de técnicas instrumentales, conocerles ha sido clave para el desarrollo del proyecto. Por otro lado hemos visto espacios de trabajo vacíos, con todas las connotaciones negativas que ello implica. Curiosamente, al inicio de la residencia, nos comentaban en el MUSAC que a veces en los espacios culturales parece que la presencia del cuerpo asusta. Sin embargo, en nuestro paso por la Universidad de León nos encontramos que existía una necesidad de llenar espacios como el Laboratorio de Diatomología de cuerpos, de volver a poblar esos pasillos, mesas de trabajo y estantes de voces y de vida. Una vez más, como en otros puntos de la región, nos encontramos con los efectos de la migración en el desarrollo local.

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– Las diatomeas se encuentran en todas partes. Una de cada cuatro moléculas de oxígeno es producida por estos microorganismos. Son testigos de muchas historias. ¿Cómo os habéis aproximado a su mundo?

– Primeramente, mediante su estética, observándolas y así aproximándonos a sus estructuras microscópicas, comportamientos y formas de habitar distintos espacios. Este proceso supuso ‘aprender a ver’ nuevamente, a través de herramientas de magnificación como los microscopios para acercarnos a su mundo. Sus historias, como venimos diciendo, nos fueron remitiendo a su papel de testigo en la migración de distintas poblaciones, como las originarias por ejemplo de los pueblos sumergidos, o aquellas que emergieron de proyectos como el embalse de Riaño. De esta manera, las herramientas creadas para su estudio fueron a su vez evolucionando, y cruzando distintas escalas, adentrándonos en distintas maneras de sentir su medio, el agua, a través de una serie de encuentros que tuvimos con Luis, un zahorí. Por lo tanto, en sala se dejan entrever partes de sus mundos, desde una aproximación aritmética jugando con las escalas y sus conversiones, a la más etérea buscándolas entre nuestras lágrimas.

Además son fosilizables y muy sensibles al cambio químico. Estas características permiten el estudio y análisis de dónde se encuentran y de lo que ha sucedido…

– Estas características las convierten en un biomarcador ecológico y arqueológico de gran importancia. El análisis de su presencia/ausencia, el tipo de comunidades… nos da una idea de lo que ha pasado en un punto y periodo concreto. Por ejemplo, la llegada de los romanos, la revolución industrial. Pero incluso en cambios más recientes, por ejemplo, las aguas cercanas de una planta nuclear tienen una temperatura más elevada y por ello contienen especímenes de diatomeas que se suelen encontrar en países tropicales. Su sensibilidad a estos cambios está tan refinada que incluso ayudan en las investigaciones forenses a localizar la ubicación de los cuerpos según el tipo de diatomeas halladas.

– También tienen muchas aplicaciones. Se han utilizado como emulsionantes para hacer helados y en la pintura de las paredes. También en la agricultura ecológica  y en la industria vitivinícola…

– Lo que se conoce como tierra de diatomeas, es el residuo fósil de diatomeas principalmente marinas. En forma de roca que luego se pulveriza, mantiene la estructura de sílice. La cantidad de maneras en las que hemos estado expuestas a las mismas sorprende y apabulla. Uno de los ejemplos que comentas está presente en la sala: una gradación de diferentes tierras de diatomeas para filtrar el vino. A simple vista  se puede ver una diferencia de color y grano, factores que determinan la capacidad del filtro para retener partículas en suspensión.

Con las diatomeas como metáfora, habéis trazado diferentes narrativas, que giran en torno al recuerdo y la memoria en los pueblos sumergidos, la idea de un suelo vivo en la Plaza del Grano” y la del zahorí. ¿Qué os han contado las diatomeas en estos lugares? ¿Y sus gentes?

– En la Plaza del Grano nos hablaron sobre la necesidad de recordar la herencia material de un pueblo, a través del reconocimiento del suelo vivo, y de la necesidad de luchar frente a su incipiente anestesia local. Entendimos que en una piedra puede existir un universo de diatomeas y que el conocimiento vernacular que las supo dar cabida en ese espacio compartido, todavía sigue vivo. Vivo, como el recuerdo de los pueblos sumergidos, donde sus nietos hoy dan forma a la memoria de sus abuelos para crear nuevos significados en el territorio, que no olvidan su pasado, y que en su hacer posibilitan un futuro. Es también el caso de Luis, el zahorí, quien al vibrar con el territorio compartió con nosotras un sentir del mundo, heredado de sus antepasados. Las diatomeas, por lo tanto, nos han hablado de un sentir compartido, de lo que somos a partir de aquello que hemos heredado y de lo que podemos ser, a través de la creación de un territorio futuro.

– Encontrasteis en la pared de la Iglesia de la Plaza del Grano, que es rara, ¿ha habido más?

– En efecto, buscando donde no hay encontramos una Platessa que según Saúl es rara porque no suele proliferar y es difícil de observar. En cuanto a rarezas, ¡ha habido varias! Curiosamente, nuestra primera diatomea que vimos en vivo fue del agua del tanatorio. Por más que lo buscamos, sólo conseguimos ver el ansiado moco de roca en la sala en una muestra que nos trajo el padre de María de su pueblo. Y luego, claro, encontramos diatomeas donde no había, raspando las madreñas de Nino en Horcadas, en el tapete que estaba en el pilón de la fuente de Boñar, o en un líquen cerca de Riaño, lo cual sorprendió al mismo Saúl queriendo añadir esta última a su colección.

El pasado 3 de julio concluíais la estancia en León ¿Qué creéis que ha supuesto para el proyecto Tierra de diatomeas su paso por la ciudad y el entorno de producción en el que os habéis movido?

– La ciudad ha enriquecido enormemente al proyecto. Su gente y sus historias. Un ejemplo de este enriquecimiento es la réplica de la Plaza del Grano que se encuentra en el Laboratorio 987, desde la que esperamos el proyecto también haya podido contribuir a los procesos de lucha para su conservación y restauración. El entorno de producción ha variado según los hilos conductores que nos han trazado las diatomeas. En el Lab 987 hay dibujos, herramientas y objetos que han fabricado y nos han regalado las personas a las que hemos conocido, a medida que nos narraban su forma de entender el territorio. Por lo tanto la producción como tal se ha desarrollado en las aulas de la misma universidad, en el campo uniendo instituciones científicas como la misma universidad con la institución cultural que es el MUSAC. El Lab 987 ha sido nuestro espacio para digerir todo aquel contenido y situar todo aquello que compartieron con nosotras aquellas personas para narrar ese diálogo en la sala.

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– ¿Hacia dónde veis que evoluciona en estos momentos?, ¿Cuál de los procesos abiertos os gustaría continuar? ¿Sería factible hacerlo?

 – Nosotros entendemos el trabajo Tierra de Diatomeas iniciado en el MUSAC como un proceso de investigación abierto y por ello esperamos que evolucione más allá de la presencia en la sala. Pensamos que puede seguir creciendo al profundizar en alguna de las líneas que han quedado abiertas como las  migraciones de comunidades (humanas y no-humanas) de los pueblos sumergidos y emergidos o el papel del conocimiento tradicional en la preservación del patrimonio cultural y natural. Esto permitiría cuidar las relaciones que hemos establecido con todas las personas que han sido tan generosas con nosotras, ahondar en las posibilidades que han surgido de esta primera toma de contacto y desarrollar dichas temáticas más a fondo.

– El proyecto continúa durante estos meses de verano. Finalizará el 10 de septiembre. Si alguien acude al Laboratorio 987 para conocerlo ¿qué le recomendaríais como primera aproximación a vuestro trabajo?

– Nos gustaría que la gente que acuda a ver el trabajo primeramente se sienta libre de explorar la sala. A su vez, hemos realizado una guía de sala que esperamos sirva como medio de orientación y aproximación al material que queda expuesto. En caso de que sientan la necesidad de saber más, en sala hay también una zona de lectura con una variedad de artículos y libros que nos han informado durante el proyecto. A su vez, pueden ponerse en contacto a través del mail del proyecto: proyectodiatomeas@gmail.com.

:: Sobre las diatomeas

Al ser organismos recubiertos por una pared de sílice, las diatomeas son fosilizables y, a través de su estudio, es posible analizar ciclos agrarios marcados por ejemplo por la llegada de los romanos, la revolución industrial o la ganadería. La fácil dispersión de las mismas hace que se encuentren en cualquier entorno, no limitándose a lugares donde hay o hubo agua. A su vez, las diatomeas también evidencian un mapa de invasión mediante la migración, dispersión y propagación de especies como resultado de actividades humanas.

:: El proceso de trabajo

El desarrollo del proyecto ha contado con una fase de investigación, un periodo de residencia de las autoras en León que se ha desarrollado  entre el 5 de junio y el 3 de julio, y una fase de presentación pública del proceso de trabajo en el Laboratorio 987, que se inició el 17 de junio y concluirá el 10 de septiembre.

“Tierra de diatomeas” comenzó con una fase de exploración, tomando como punto de partida para la toma de muestras el MUSAC y estableciendo paulatinamente rutas y puntos de conexión por toda la provincia de León. Esta toma de muestras ha utilizado herramientas existentes en el ámbito científico, a la vez que ha generado la creación de objetos de carácter híbrido entre arte y ciencia.

La información reunida durante la toma de muestras se trasladó al Laboratorio 987 junto con el material audiovisual producido a lo largo de la exploración. Permanecerá en este espacio del Musac hasta el 10 de septiembre.

:: Sobre las autoras

‘Tierra de Diatomeas’ supone una colaboración entre María Boto Ordóñez, Susana Cámara Leret e Inés Cámara Leret con el apoyo del Laboratorio de Diatomología de la Universidad de León.

María es investigadora de la Real Academia de Bellas Artes de Gante (KASK), donde a través del estudio del color investiga interacciones arte-ciencia y su capacidad para generar conocimiento. Susana (Thought Collider) explora los significados y valores derivados de formas alternativas de experimentar entornos construidos y mediados por (bio)tecnologías emergentes. Inés indaga en conceptos centrales a la ecología, la identidad y la memoria, generando proyectos que migran a través de varias disciplinas.

Tierra de diatomeas

  • Autoras: Susana Cámara Leret, Inés Cámara Leret, María Boto Ordóñez.
    Con el acompañamiento de: Saúl Blanco Lanza (Doctor en el Laboratorio de Diatomología de la Universidad de León) y Estrella Alfaro la (Doctora in especializada en botánica)
  • Proyecto seleccionado por la Convocatoria Laboratorio 987
  • Hasta el 10 de septiembre
  • Lugar: Laboratorio 987, MUSAC
  • Con la colaboración de: Universidad de León

Más informaciön:

MUSAC/ Tierra de diatomeas, un híbrido de arte y ciencia

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

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