“Recuperando la belleza” / Música para despedir la exposición de Miguel Iribertegui en la galería Ármaga

Ovejas. Una de las pequeñas esculturas en bronce de Iribertegui que se pueden ver en Ármaga.

El viernes 24 de enero de 2020, a las 19:30 horas, la galería leonesa Ármaga acogerá una sesión de música improvisada a cargo de Ildefonso Rodríguez (saxo), Cova Villegas (voz), Fernando Ballarín (flauta, teclado…) y Mónica Jorquera (violonchelo). La sesión servirá para clausurar la exposición “Tiempo de manzanas”, compuesta por nueve preciosas esculturas en bronce (“Ángeles, pastores y aluches”) del fallecido artista y escritor dominico Miguel Iribertegui, y por originales sobre papel de catorce artistas leoneses: Alcahud, Escanciano, Febrero, Castorina, Teresa Gancedo, García Benavides, Zurdo, Amancio, Jular, Mestre, Reme Remedios, Tranche, Llamas Gil y Vargas.

Reproducimos un texto del crítico literario Nicolás Miñambres sobre “Papeles de Tambopata”, uno de los libros de Iribertegui que se pueden encontrar también en la galería Ármaga:

RECUPERANDO LA BELLEZA

Miguel Iribertegui
Papeles de Tambopata
Edita Selvas Amazónicas. Misioneros Dominicos, Valladolid, 2014, 110 pp.

Por NICOLÁS MIÑAMBRES

Este es el objetivo de Tiempo de manzanas: recuperar el recuerdo de lo estático (las bellas esculturas del dominico Miguel Iribertegui, que mostró a León en la iglesia de Palat del Rey) y divulgar Papeles de Tambopata, una muestra viva de la realidad americana donde él pasó parte de su vida.

Pero hay una diferencia esencial entre la suprema belleza, inerte, de los bronces expuestos, que choca felizmente con la realidad dinámica de las tierras amerindias. Con el alma vegetal de espacios lejanos, recogidos en las páginas de Papeles de Tambopata: Relatos de la región peruana de Madre de Dios con su gran río del mismo nombre; donde otro río, Tambopata, da nombre a una Provincia, con su capital Puerto Malgdonado, fundada hace 100 años.

Para captar la bella actividad americana del dominico Miguel Iribertegui, hay que recordar espíritu renacentista, polimórfica, mística. Y conviene dedicar unas líneas al alma reflejada en las abundantes fotografías de las misiones dominicas del sur-oriente peruano en el curso 2002-2003. No cabe duda del comportamiento de su espíritu al llegar: “Llegó a Perú y entró desde el primer momento en la selva amazónica peruana y en el corazón se sus gentes, aunque tal vez sería mejor decir que fueron sus gentes las que entraron en su corazón”. Esta pretensión se materializa en el aspecto tan sui generis de la obra, compuesta de una presentación, media docena de apartados con el título de “Papeles de Tambopata” y una addenda.

Cada uno de los capítulos, aunque creados literariamente por el padre dominico, parecen lozanas ramas del paisaje selvático de la zona que cubre sus riberas. O las ondas que mueven el agua de sus ríos. Todo queda reflejado por la sensibilidad y el puño del padre Iribertegui, hundido en esos espacios con pasión verdadera. La obra está compuesta con fervor y admiración, “viajando por el centro de una herida”.

Hay que felicitar a Ármaga por el acopio de estas muestras estéticas, de tiempo de manzanas, que exhibe nueve esculturas en bronce del padre Iribertegui y obras de diversos artistas leoneses, Originales sobre papel. Sin olvidar la delicadeza y discreción de Papeles de Tambopata, creando así una edición repleta de novedades.

En el último apartado figuran como colofón tres apartados: apuntes de Quillamaba, notas del Cuzco y notas de Lima. Son los factores que marcaron intensamente el alma y la sensibilidad profunda del padre Iribertegui. Bien se observan sus sentimientos en los tercetos de su poema “Soneto al huevo”:

Redonda vida y absoluta dieta, / esqueleto, de luz, pero esqueleto, / que esconde entrañas simples, mundo nuevo. / Se viste para adentro, en la discreta / apoteosis de cal guarda el secreto, / domicilio del sol; / ¡eso es el huevo!

Y no olvidemos su reflexión final, presidida por la rosa:

Aquel que sienta sus manos vacías antes de morir. Si quiere hacer algo grande, que no se intimide: que cante la plenitud de todo. De la vida y del beso. Se oirá su canto más allá de la muerte”.

Enero de 2020

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