Jesús Palmero: “Me gustaría que el público traspasara los límites en cuestión de género para vislumbrar otra perspectiva”

Jesús Palmero. Fotografía: Eloísa Otero.

Jesús Palmero. Fotografía: Eloísa Otero.

Por CAMINO SAYAGO

El sonido de We’re All Dreamers es el de las guitarras y las baterías que han acompañado al frío de las tierras maragatas donde el artista astorgano Jesús Palmero se ha curtido y ha indagado tras la estela de la música popular. Allí, entre archivos y recuerdos de otras épocas, ha hallado un pequeño fragmento de su historia, con nombres propios declinados en femenino. Y la puesta en escena en el Musac, la excusa para aliarse con el Purple Weekend y dar un nuevo pulso a cincuenta años de historia de rock, escrito, sobre todo, por las mujeres más relevantes de la escena leonesa.

– Tu propuesta para aproximarte a la historia del rock leonés en esta exposición parte de un amplio archivo, enfocado en esta ocasión al realizado por mujeres. ¿Cómo se desarrolla esta búsqueda?

– El punto de partida para este proyecto fue el libro “Astorga Rock” cuya realización compartí con Ricardo García y Javier del Otero. Fue una experiencia de indagación en la historia local de las músicas populares. Surge como respuesta a la necesidad interior de contar aquellas experiencias creativas que tanto aportaron en mi juventud y en la de otros muchísimos astorganos de diferentes generaciones, puesto que se hace un recorrido desde los años 50 hasta la actualidad. Para ello trabajamos con sus testimonios orales, con un amplio archivo fotográfico y con un importante archivo sonoro, todo ello recopilado en la publicación.

Cuando el Musac me propone trasladar toda esta experiencia documentalista al territorio de lo expositivo, me planteo, como eje discursivo, la escasa presencia de mujeres en esta historia local. En ese trayecto, para mi imprescindible, de partir de la praxis local para alcanzar una lectura trasmutada hacia lo universal, entiendo que una mirada desde el género me permitiría dar respuesta a esa escasa, pero valiosísima presencia de la feminidad en el rock.

– “We’re All Dreamers” incluye documentos sonoros y gráficos y una instalación protagonizada por las historias de doce rockeras. ¿Cómo las has elegido? ¿Son las únicas en 50 años o sólo las más representativas?

– Una vez trazada la línea teórica del proyecto, y entendiendo que una de las herramientas determinantes de esta obra iba a ser el lenguaje documental, decido que sean las protagonistas de nuestra escena provincial las que ilustren con su testimonio una cuestión en absoluto baladí: ¿qué hubiera sucedido si la historia de la música moderna hubiese estado mayoritariamente protagonizada por mujeres?

Como el resultado final no había de estar sometido a la ortodoxia del documentalismo clásico, sino que, por una necesidad personal, tenía que circunscribirse al territorio de la vídeo-instalación, esto me permitía hacer una selección de las mujeres que iban a colaborar desde una cierta aleatoriedad controlada, basada más en cuestiones prácticas y estéticas que en un estricto rigor científico. Evidentemente no están todas, pero considero que de alguna manera todas las que están sí que representan importantes parcelas de lo femenino en el rock.

De la veteranía de Ana de Andrés a la incipiente autenticidad de Pilar Cañas, el recorrido pasa por las múltiples experiencias discográficas de Elena Iglesias o Miryam Gutiérrez, la fugacidad meteórica de Farah García, la experiencia indie de Mila Fernández, las incursiones folk de Esther González, las ensoñaciones setenteras de Yolanda Martínez, la distorsión hardcore de Ana Cadenas, los universos del jazz de Bianca Pérez y María Quiroga o, finalmente, la feminidad en estado salvaje de Alicia García.

– ¿Qué te llamó la atención de su trayectoria? ¿Descubriste algún nexo de unión entre ellas?

– Por supuesto existe un nexo común que vincula a estas 12 mujeres entre si y se fundamenta en la necesidad de afrontar desde lo musical una pasión creativa y por lo tanto comunicativa. Más allá del éxito cuantificable de sus propuestas musicales, más allá del amateurismo o de la profesionalización con la que su música haya sido afrontada, sus diferentes miradas unidas generan la atmosfera de feminidad necesaria para intuir una respuesta a aquella pregunta inicial.

– Una furgoneta, símbolo de la carretera, actúa como contenedor de la realidad contada y amplificador de su voz. Además parece que conecta con toda esa tarea de exploración y búsqueda presente en el proyecto…

– Evidentemente, la presencia en el espacio de la obra de un elemento tan contundente y simbólico como es esta furgoneta Mercedes N1300 de los años 70 me permite amplificar la empatía que el espectador pueda sentir hacia esas narradoras que trasmiten con optimismo, a través de la oralidad, la cotidianeidad de sus experiencias vitales en lo musical.

El concepto de transito, y por consiguiente la necesidad de desdibujar los límites preestablecidos, es una idea que a lo largo de estos últimos años en solitario (después de la dilatada experiencia con el equipo Juárez & Palmero) me persigue, y a la que recurro en mis propuestas artísticas. En We’re all dreamers la furgoneta se articula en su función común de contenedor, pero también como ilusión de viaje hacia las irrealidades intuidas.

Además, la colaboración de la Escuela Profesional San Francisco en la restauración de la furgoneta ha sido una experiencia muy enriquecedora en la que los alumnos y profesores de mecánica y carrocería han trascendido su labor diaria para ser partícipes de una práctica que saca su trabajo habitual para ser mostrado a la sociedad desde el arte contemporáneo.

– También recorres la música rock realizada en Astorga desde los años 50 hasta ahora. ¿Cómo recuerdas esos grupos?

– La premisa inicial del proyecto era la de pensar a partir de los materiales documentales con los que había trabajado para el libro. Y efectivamente en esa “Subversión del género” que planteo está el trayecto que va de lo local a lo universal y de lo masculino a lo femenino. Para ello utilizo algunas de las imágenes de archivo que para mi resultan icónicas y las subvierto solapando sobre ellas nuevos conceptos, a través de la literalidad de las letras de canciones escritas por mujeres, o a través de nuevos iconos de lo femenino. Aquí es donde dejo atrás mi proximidad personal con todos aquellos grupos que conocí, que me influenciaron desde la cultura popular, y que son un eslabón incuestionable de mi manera actual de entender la cultura.

– ¿Qué tipo de música se ha producido en este medio siglo en tierras maragatas?, ¿Su sonido ha discurrido en sincronía con el que se hacía en la capital?

– No me interesa tanto la catalogación por géneros desde parámetros cuantitativos como la reacción colectiva que, desde la práctica del rock, generan pequeños colectivos humanos en diferentes momentos históricos. La fiebre beatlemana ha tenido un protagonismo muy destacado en la ciudad desde finales de los 60 con un grupo emblemático como fueron Los Rolls y que llega hasta la actualidad con Europa. Los ecos de las experiencias progresivas dejaron su huella en propuestas como Piel en los 70 o Tarot en los primeros 80. Bandas inolvidables generaron un imaginario colectivo que, con los años, ha ido creciendo. Aquí no podemos olvidar a grupos como Why?, con una propuesta de rock duro incipiente o en un territorio de rock más melódico, como Tony Adams en el tránsito de los 70 a los 80. Para mí, en los 80, Ñosco fue la conexión directa con el universo del rock, experimentando desde dentro la lisergia de un tiempo de ruptura. Después el metal ocuparía un importante espacio sin eclipsar experiencias de garaje, de folk e incluso hubo y hay una buena dosis de indie local. Un importante número de grupos que sería imposible enumerar ahora.

– ¿Cómo planteas la muestra al público?

– Me gustaría que el público que asiste a la exposición lo hiciese con la predisposición de adentrarse en la misma experiencia vital, dentro del territorio del documentalismo, que yo he experimentado a lo largo de estos meses de trabajo. Recorrer el camino que va de la oralidad al análisis del objeto atesorado. Traspasar los límites de lo establecido en cuestión de género para vislumbrar otra perspectiva diferente. Y, sobre todo, esa invitación, para mi importantísima, de la necesidad de relectura.

– ¿Fue sencillo localizar a los coleccionistas de los objetos expuestos? ¿cuáles describen mejor el trayecto?

– Si, fue sencillo porque Ricardo García, Julián León y Gerardo Lumbreras habían aportado ya mucho al libro. Sus casas estas llenas de recuerdos que gracias a su generosidad nos han permitido materializar de forma visible las vivencias musicales de varias generaciones de astorganos.

– Ahora que ya ha finalizado el Purple Weekend ¿qué te parece haber formado parte de la programación del Festival más importante de la ciudad?

– Hoy en día nadie pone en duda la importancia que el Purple tiene como festival de ámbito internacional. El esfuerzo, la fe ciega y la voluntad inquebrantable de las diferentes personas que a lo largo de los años han ido tomando las riendas organizativas de un evento que fundamenta su razón de ser mas allá de las modas o las imposiciones del mercado musical, le otorgan una singularidad que ningún otro tiene. Es más, creo que el Purple Weekend, más allá de su sentido como festival, tiene por si mismo unas connotaciones sociológicas muy potentes.

Para mí ha sido un privilegio que desde el Musac me hayan invitado a aportar esta mirada de indagación retrospectiva en el contexto de un acontecimiento musical con tanto pasado y a la vez con tanto futuro como es el Purple.

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Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

Un Comentario

  1. Pingback: Tres visiones del rock leonés desde el género, en el MUSAC | Tam-Tam Press

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