Canción triste de un piel roja (XI)

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La impresentable política de los 28 en el asunto de los refugiados deja sentado de vergüenza al autor del artículo que, pese a todo, tiene que pensar en el teatro como herramienta para mover conciencias e intentar cambiar el rumbo de las cosas. Difícil papeleta para un actor y director teatral que tiene constatado fehacientemente el desprecio de los poderosos con la cultura, la gente, el mundo. Pero su obligación es intentarlo.

Por FÉLIX FRADEJAS

He de escribir sobre teatro, sobre artes escénicas, porque es de lo que vivo o he vivido hasta ahora… porque supuestamente es de lo que entiendo, porque es lo que vivo… pero en estos días no puedo dejar de pensar en esas personas que no pueden ni siquiera pensar en ir al teatro, en disfrutar de nada cultural, que se agolpan hambrientos, enfermos, muertos de frío, a las puertas de Europa, esa vieja Europa enferma y moribunda, desalmada… sé que he de hablar de teatro que es lo mío, pero me duelen las personas, que también son lo mío y me lloran los dedos mientras tecleo el ordenador y veo las ciento tres teclas de mi portátil y pienso en ciento tres personas, y multiplico esos ciento tres por diez, por cien, por mil y aún me quedo corto… y ahora intenta tú escribir de teatro…

Mucho se habla de la crisis del sector teatral, una crisis que si bien es cierta se me antoja insignificante frente a la verdadera crisis que es la crisis moral, que a ojos de este pobre diablo que teclea y teclea, no es más que la cosecha de una siembra hecha a conciencia diseñada para enriquecer a esas pocas élites que manejan el mundo, esos que odian el teatro, que odian cualquier forma de arte que no engrose sus cuentas corrientes, que odian cualquier forma de pensamiento que se aleje del liberalismo económico, a los que no sólo no les importan las vidas humanas, al menos aquellas que no ejerzan compulsivamente su derecho a consumir…

Y mientras el “primer mundo” paga por librarse de un “problema” uno se pregunta por qué y para qué seguir haciendo teatro en este mundo carente de empatía, de sentimientos, y la respuesta es la misma pregunta, porque se necesitan personas críticas, inconformistas, que le muestren al mundo su verdadero rostro… y por eso me sigo levantando cada mañana con la intención de crear un poco de belleza, una pizca de ternura, de aire fresco que remueva nuestras conciencias y nos ablande el corazón y la vista

Y sigo pensando “qué coño haces ahí sentado hablando de tonterías cuando lo que necesita el mundo es que salgas a la calle y grites y abraces a la gente y ayudes a quien lo necesita y destrones a los que se apoltronan en sus sillones generación tras generación controlando un mundo a su servicio…” pero sigo aquí inmóvil tecleando y pensando en teatro porque es lo único que sé hacer para intentar cambiar el mundo mientras siguen llorando mis dedos sobre el teclado mientras pienso en las miles de personas agolpadas en las puertas de la vieja Europa, como se agolpan las teclas de mi viejo ordenador…. VERGÜENZA

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* Félix Fradejas
es director de la compañía de teatro Ghetto 13-26.

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