PATIOS (4) / Crónica / El jardín no era japonés pero sí mágico, como la música que sonó

Patios (4). © Fotografía: Rafa Murciego.

Patios (4). © Fotografía: Rafa Murciego.

Crónica del cuarto encuentro del proyecto “PATIOS”, organizado por el colectivo Producciones Infames (Pi), y celebrado el martes 11 de agosto. El sorprendente jardín trasero del Colegio Oficial de Arquitectos de León (COAL) se convirtió en el escenario del primer concierto de Heavy Bedroom (un proyecto del canadiense Alex Maltby con la banda leonesa Art & Beauty) en la ciudad de León.

Por ELOÍSA OTERO

El concierto prometía y no defraudó. “Música mágica en un lugar mágico”, como lo definió Genzo P, atento en todo momento a la mesa de sonido para que todo sonara como nunca. O un jardín leonés “convertido en la nueva California”, en palabras de Eneas.

Pero vayamos por partes. Esta vez al pequeño público asiduo a los encuentros de Pi se sumaron amigos y gentes curiosas que, a partir de las ocho de la tarde, empezaron a ocupar las sillas instaladas en el prácticamente desconocido jardín trasero del Palacio de Gaviria —sede del COAL—, ubicado en un solar aledaño a San Salvador de Palat del Rey —la iglesia prerrománica cristiana más antigua que se conserva en la ciudad de León, con más de diez siglos de historia—.

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A este fantástico espacio se accede por una puerta aneja al Palacio, en la calle Conde Luna. Tras atravesar un estrecho pasaje entre el edificio del COAL y la iglesia de Palat surge como por sorpresa el precioso y sencillo jardín, tan acogedor y fresco en la tarde calurosa, dotado de un aire romántico gracias a varios rosales y hiedras trepadoras que, junto a sus cuatro frondosos árboles bien escogidos, las matas de lavanda y el romero, invita a desoxidar la pituitaria.

Mientras los músicos se preparan corre una suave brisa que acaricia la piel y el siseo de las hojas de los árboles estimula el oído, anticipando de alguna manera lo que ha de venir. Algunos comentan la singularidad del lugar. “Aquí los árboles crecen solos, pero claro, esto es un malvar”, comenta Ángel Román, gerente del COAL y generoso anfitrión. Dejamos la explicación para más adelante, porque el concierto está a punto de empezar.

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Alex Maltby parece un chico muy tímido. Arranca en solitario, con su voz y su guitarra en mínimal, y desde el primer tema empatiza con el público mientras algunas personas continúan entrando, en silencio, en ese espacio imantado por la embrujadora voz del canadiense. No sé yo si esto es “post-rock” o, como dice Carlos Luxor, “blues minimalista”, pero hechiza. Carlos Ordás lo define así: “Su estilo es tan personal como de difícil definición; juega y experimenta con las texturas para crear auténticos paisajes sonoros que sirven de base a unas historias de desasosiego emocional y desorientación existencial”.

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El primer desasosiego llega cuando Reyes Paramio se sienta a la batería y Nacho Rodríguez se suma con la guitarra y la lap steel. A Javier, músico experimental, no le gusta como suena todo junto. “Alex tiene mucho gusto cantando. Me recuerda esa cosa oscura del underground, con sus guitarras oscuras y ese tiempo lento… Pero para el estilo que se pretende falta una batería en condiciones y un bajo. Él tiene un tono psicodélico y preciosista en armonías que con ellos se pierde”. Algo con lo que no está de acuerdo Carlos Luxor: “Su rollo va de minimalismo, no de pegada”.

A mí me gusta el resultado, no obstante, aunque no sabría describir esta música. Y el público, en general, asiste como hechizado al concierto, si bien un pequeño grupo (personas mayores y alguna pareja con niños pequeños) opta por marcharse discretamente durante la primera pausa. Lo que da pie a que entren en el jardín otras gentes, para disfrutar durante los tres cuartos de hora que todavía quedan de sesión.

Patios (4). © Fotografía: Eloísa Otero.

Patios (4). © Fotografía: Eloísa Otero.

Y es que… claro que puede chochar un poco el estilo refinado y un tanto björkiano de Maltby con la actitud más bien cruda y punki de Art & Beauty, pero combinan bien y los tres músicos se entienden y son capaces de generar una atmósfera con alma, sí. No en vano Nacho Rodríguez lleva tiempo dedicado a conocer a fondo distintas músicas, entre ellas el rock independiente y underground americanos, mientras que Reyes Paramio sigue explorando las posibilidades de su batería de una forma libre y espontánea, algo que a Carlos Ordás le lleva a evocar los “ecos de la fundacional Velvet Underground, y en especial de su percusionista Maureen Tucker”. Pero sí, los tres juntos funcionan, y el dúo Art & Beauty es capaz de acompañar sin protagonismos y de forma estimulante las melancólicas composiciones de Maltby, subrayando su estilo intimista y sugerente.

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Cuando todo termina, habrán pasado por este concierto unas cien personas o más. Muchas de ellas, con ganas de seguir, comparten sus sensaciones. “No es la música que a mí me gusta, pero ha estado muy bien; la voz de Alex me recuerda a la del vocalista de Placebo”, dice Notone. “A mí me ha encantado, su voz me ha sonado un poco a Sonic Youth”, apunta J. M. Donis. “Combina muy bien esta música en este entorno casi mágico; cuando sonaba el viento los seseos estaban también ahí sobre los platos de la batería…”, advierte Eneas, mientras Sevi asiente: “A mí también me ha gustado mucho, este chico canta con gran sentimiento y el acompañamiento ha estado muy acorde”.

Patios (4). © Fotografía: Rafa Murciego.

Patios (4). © Fotografía: Rafa Murciego.

Jandro, que ha llegado casi al final, capta también las impresiones de unos y de otros: “Lo que más me mola es cómo parece haber sorprendido este concierto a todo el público en general”, señala. También Miriam Vega ha llegado un poco tarde, imaginando que “un concierto tan atractivo en un patio tan chulo iba a alargarse hasta las tantas de la noche”.

Eso pensaba también la baterista, Reyes Paramio, quien al finalizar el concierto animaba equivocadamente así a la gente: “No os vayáis, que ahora hay una sesión de Dj’s”. Ojalá. Pero no. No hay más. Y da pena marcharse, la verdad, porque se está requetebién aquí, mientras cae la tarde. Así que mientras el equipo de Pi recoge las sillas y los aparatos aprovecho para preguntarle a Ángel Román y a los amigos y arquitectos que le acompañan por algunos detalles de este patio.

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Me entero así de que bajo este suelo de tierra con arena y gravilla, sobre el que antaño tuvo su sede la Imprenta Casado, hay un cementerio plagado de antiquísimas tumbas (de ahí lo de “malvar” o lugar donde se crían malvas). El estudio de los restos óseos de este camposanto en el subsuelo ha servido en los últimos años, además, para conocer cómo eran físicamente, a qué se dedicaban y en cuántos años se cifraba la esperanza de vida de los  leoneses que vivieron entre los siglos XIII y XVIII [aquí se puede leer más información sobre la tesis doctoral realizada por María Edén Fernández a este respecto]. Y sí, quizá esta sea la causa del esplendor vital que muestran los cuatro árboles del patio —un nogal, un tejo, un bambú y lo que seguramente sea un haya, aunque no hay acuerdo entre los presentes— plantados cuando el Colegio de Arquitectos adquirió el solar a principios de este siglo XXI.

Cuando le pregunto a Ángel Román por qué se le llama a este patio “jardín japonés” me saca del error: “No, éste es el jardín trasero, el patio japonés está dentro, junto al salón de actos”. “¿Entonces… el japonés es el patio grande en el que está el pozo?”, inquiero. “No, ese es el patio central; es que el edificio tiene tres patios… Ven, que te lo enseño”. Y me lleva a verlo: el jardín japonés es pequeñito, unos cuatro o cinco metros cuadrados, sin puerta de acceso, aunque se puede contemplar a través de dos grandes cristales, y en su interior hay un bambú y una instalación-escultura titulada “La senda del rey” de Kiyoshi Yamaoka, un artista japonés que pasó por León en los años 90, cuando Carlos de la Varga gestionaba la mítica galería Tráfico de Arte.

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Al salir de nuevo al jardín aprovecho para charlar un rato con Alex Maltby, ya que Reyes Paramio, que es un encanto y está feliz con el resultado del concierto, se ofrece a hacer de traductora. Alex lleva unos cuantos meses en León, pero habla muy poco español y tampoco parece haberse percatado demasiado del ambiente musical leonés. Dice que le gusta cómo ha sonado la sesión, que el evento le ha parecido muy creativo y que se necesitan más cosas así. Pero describe esta ciudad como “muy pequeña” y piensa que “aquí en León la música no es muy importante, a diferencia de otros lugares, como Madrid o Gijón, donde hay más salas, más conciertos, más escena, algo que acaba creando comunidad”. Me despido pensando que se equivoca, que este canadiense no ha llegado a conocer lo que se cuece de verdad en esta ciudad. Pero esa es otra historia.

PATIOS (4). 11 de agosto. Heavy Bedroom. Jardín trasero del COAL.

PATIOS (4). 11 de agosto. Heavy Bedroom. Jardín trasero del COAL.

Información relacionada:

  • Todos los PATIOS en TAM TAM PRESS (medio de comunicación oficial del proyecto “PATIOS”)

Contacto:

Patios (4). Eloísa Otero, la cronista. © Fotografía: Carlos Ordás.

Patios (4). Eloísa Otero, la cronista. © Fotografía: Carlos Ordás.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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