Poesía y música se imbrican en “La diáspora de las aves”, primer poemario de Marina Gay Ylla

Portada del libro.

El cuarto número de la colección de libros ‘A cuentagotas’ ya se encuentra a disposición de los lectores y lectoras. En ‘La diáspora de las aves’ (Eolas Ediciones), primer poemario publicado por Marina Gay Ylla, esta joven autora traza la crónica poética de su viaje y estancia en Chile, durante tres años que marcaron su vida, y de su vuelta a España, que ella misma define como «el regreso al no-lugar».

La colección está auspiciada por la Concejalía de Juventud, a través del programa de ocio alternativo es.pabila, y nace con criterios de calidad y vocación de continuidad, al cuidado de Eloísa Otero, con diseño exterior y portadas de Rocío Álvarez Cuevas.

Así presenta su libro la propia autora, Marina Gay Ylla, desde la contraportada:

«Como un perro lazarillo al final del invierno y ahora que las barandillas y los bancos de piedra no están congelados, ni los de madera hundidos en la húmeda neblina nocturna, me relegan, y me retraigo como la carne quemada se retuerce antes de hacerse ceniza y polvo, en una sucesión de curvas débiles e irregulares, próximas a la destrucción de sus facciones hundidas.

Caigo. Como un muerto ladro, muda, el silencio de los otros que no me cabe ya dentro y he de expulsarlo lamiéndome mi propia otredad; acaparando los sentidos que no son sino graznidos estertóricos de la gran ave muerta que ha regresado al no lugar y se regodea en su propia ausencia».

Reproducimos un poema del libro y, más abajo, la ‘Nota de la editora’ que figura al final del volumen:

:: Un poema de “La diáspora de las aves”, de Marina Gay Ylla

:: Sobre Marina Gay Ylla

Marina Gay Ylla nació en Madrid en 1995, aunque su familia se trasladó a vivir a León siendo ella muy niña. A los ocho años ya tocaba la gaita y los whistles, y a los trece empezó a participar en concursos de poesía y relatos cortos, recibiendo algunos premios. Estudió Filología Hispánica, compaginándolo con talleres de poesía y narrativa y colaboraciones con distintos grupos de música, adentrándose en el mundo del jazz y la improvisación. Actualmente cursa en Salamanca un Máster de literatura española e hispanoamericana, teoría de la literatura y literatura comparada.

Marina Gay Ylla (Autorretrato).

POESÍA Y MÚSICA, ARTES IMBRICADAS

No hemos nacido para el canto sino para el acopio de las palabras
en el rechinar de dientes. La música fue toda bondad.

Enrique Lihn (La pieza oscura)

Por ELOÍSA OTERO

Un buen día, allá por 2018 o 2019, Marina Gay Ylla apareció por una de las sesiones mensuales del colectivo de músicos improvisadores Jaula 13, en el bar Ret Marut, y se incorporó a ellos con su trompeta, a veces con otros instrumentos, con naturalidad. A principios de marzo de 2020, con motivo del Día Internacional de la Mujer, participamos ambas, con otras poetas, leyendo textos durante la que sería la última sesión de Jaula 13 hasta el momento. Intenté localizarla después, para preguntarle si estaba con algún libro entre manos; tardé algunos meses en dar con ella. Estábamos en plena pandemia por la covid-19 y Marina se encontraba en Salamanca, haciendo un Máster de literatura comparada, y allí se ha quedado hasta el momento, estudiando y desarrollando artículos de investigación literaria —«sobre fractalidad y género en la escritura de poetas, fundamentalmente de Hispanoamérica»— y componiendo el que será su próximo poemario, después de finalizar La diáspora de las aves.

Marina Gay Ylla nació en Madrid, pero se trasladó siendo muy niña con su familia a la provincia de León. Recuerda que, de pequeña, su abuelo Pepe ya le leía en voz alta poemas de Gloria Fuertes. También su padre le animó siempre a la lectura, con recomendaciones como La casa de la colina negra, de José Antonio Cotrina, que tanto la marcó. «Luego descubriría la cantidad de mitos griegos que el autor había metido en esa novela», advierte ahora.

Estudió la ESO en Astorga, y una de sus profesoras de Literatura, Margarita Cueto, contribuyó también a abrirle caminos nuevos a la hora de leer. Luego llegarían otras lecturas, como las obras de los grandes poetas románticos, John Keats y Lord Byron (de este último le impresionó sobremanera el poema titulado «Oscuridad», que empieza así: «Tuve un sueño, que no era del todo un sueño. / El brillante sol se apagaba, y los astros / vagaban diluyéndose en el espacio eterno, / sin rayos, sin senderos, y la helada tierra / oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna; / la mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo / consigo el día, / Y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror / de esta desolación; y todos los corazones / se helaron en una plegaria egoísta por la luz…»). A partir de ahí, empezó a plantearse escribir de otra manera.

Con doce o trece años, algunos de sus primeros trabajos fueron premiados en concursos de poesía joven, como el poema titulado «Hoy tu voz esculpe aliento» o el relato corto sobre el maltrato femenino «Dieciocho diecinueve, veinte».

Durante su trayectoria universitaria, en León, Marina siguió escribiendo y publicó en antologías microrrelatos y relatos breves, como el titulado «Higuera», compaginando sus estudios de Filología Hispánica con talleres de poesía y narrativa, pero también con colaboraciones musicales con grupos locales, adentrándose en el mundo del jazz y la improvisación musical. No en vano, esta joven autora cuenta que comenzó a tocar la gaita y los whistles a los ocho años, y que evolucionó después desde los sonidos gallegos e irlandeses hasta otros más cercanos al jazz y la improvisación.

«Escribir y tocar son mis vías de escape», apunta Marina Gay Ylla. «Poesía y música… no las puedo concebir la una sin la otra. En la antigüedad siempre iban unidas, eran un mismo arte. Luego ya se dividió, pero para mí van unidas. Cuando escribo, las rimas, los ejercicios de estilo, el trabajo con el ritmo… tienen mucho que ver con la música. Y cuando algo me sobrepasa y no puedo escribir, me pongo a tocar».

En esa etapa universitaria Marina formó parte, durante un corto tiempo, del colectivo #Plataforma de jóvenes escritores que auspició el poeta Yago Ferreiro desde el bar Belmondo. «Aquello fue importante para mí. Antes ya había recitado, pero estar en aquel proyecto me ayudó a entrar en contacto con gente de mi edad y con inquietudes similares. Fue una época de aprendizaje, de darte cuenta de que no estabas asistiendo a un curso ni a un recital, sino que lo estabas dando…».

Ambas vertientes, musical y poética, «se terminan de asentar durante mi estancia en Chile», subraya. Porque lo que comenzó siendo un intercambio académico de un año, se prolongaría durante tres, marcando un hito crucial en su trayectoria. «Allí entré en contacto con varios grupos de jazz, introduciéndome en el estudio de la trompeta y el saxo. Pero es que en Chile, y en concreto en Valparaíso, donde yo vivía, la proliferación de poesía y de poetas es absolutamente increíble». Marina empezó a frecuentar los círculos de poesía chilenos, postuló para formar parte del taller de poesía de La Sebastiana —sede porteña de la Fundación Pablo Neruda en Valparaíso— y, tras ser aceptada, pudo desarrollar su faceta poética en el ámbito literario chileno. Asistió también a cursos y recitales, donde descubrió la obra de poetas de la categoría de Elvira Hernández, Enrique Lihn, Verónica Zondek o Pablo de Rokha que, según afirma, han marcado su forma de enfrentar y escribir su poesía. «Allí comencé también a musicalizar mis poemas, un proyecto que está todavía en proceso de grabación».

Regresó a León en octubre de 2019, cuando comenzaron los conflictos sociales en Chile «a raíz de la represión y las agresiones (secuestros, asesinatos, torturas y violaciones) que el gobierno de Sebastián Piñera comenzó a ejercer contra el pueblo chileno, que empezó a protestar debido a las presiones económicas y sociales que llevaba años sufriendo. La vuelta a España, a León, fue traumática —en realidad, lo más traumático fue ver cómo lo estaba pasando la gente chilena que yo quería y en general todo el pueblo chileno—; además, no me quería ir».

Este libro, La diáspora de las aves, es en realidad una crónica de su viaje a Chile desde sus inicios —y de eso habla en clave metafórica, «de la necesidad de un periplo y un alejamiento de la clave territorial y cultural española»— pero también de su estancia en Valparaíso que, para ella, «marcó la medida de la distancia» con el hogar y consigo misma. Y, por último, habla de su regreso a España, de lo que ella de ne como «la vinculación del viaje y su consecuencia del regreso al no-lugar».

Porque en realidad Marina siempre se ha sentido en un «no-lugar» y nunca ha acabado de encontrarse, ni en Madrid, ni en Astorga, ni en León… «Es una sensación de no pertenencia a un lugar, por eso necesité irme… Pero una vez que te vas, si encima te gusta el lugar al que te has ido, cuando vuelves estarás dividido para siempre. Yo tengo ahora esa sensación de hogar dividido».

En este libro hay aves en diáspora, como la propia Marina Gay Ylla, a quien su madre siempre llamó «golondrina»; aves que buscan su lugar en el mundo. Y también hay poemas con sus claves secretas, como el titulado «Correspondencias», en el que la sopa no es sino una metáfora del amor entendido como alimento. «Es un poema que habla de amor realmente, de cuando tendemos a enfriarnos y ponemos un muro tan grande que somos incapaces de sentir calor», explica la autora.

Entre los poetas españoles se decanta por Antonio Colinas, cuya lectura ha supuesto para ella «un antes y un después». «La de Colinas es una poesía muy vinculada a la música», matiza.

Ella se siente afín «a corrientes narrativas como el barroco frío», y defiende que hay que «dejar vía libre a la escritura fractal». Sostiene que escribir poesía es como tocar jazz o improvisar con sus instrumentos. «No deja de ser discurso de monólogo interior». Por eso ha llevado más o menos bien los meses de encierro por la pandemia, que ha aprovechado, entre otras cosas, para terminar este libro, cuya segunda parte fue escrita en Chile. «La escritura se lleva mejor con la soledad que la música», advierte. «Puedo tocar sola, aunque a veces eso me crea desazón, porque de lo que tengo ganas de verdad es de tocar con más gente, me gusta tocar con gente…».

:: Sobre la colección ‘A cuentagotas’

‘Libros… a cuentagotas’ es una iniciativa del programa de ocio alternativo es.pabila (Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de León) para dar visibilidad al trabajo literario realizado por jóvenes autores y autoras menores de 35 años y vinculados a León. “Más allá del empeño entusiasta que han puesto en ella cuantos participan en su gestación, esta colección espera servir de acicate y estímulo, pero también de conocimiento del medio a quienes empiezan a dar sus primeros pasos como escritores y escritoras”.

La colección, al cuidado de la escritora y periodista Eloísa Otero, está abierta a todo tipo de géneros literarios: ensayo, poesía, narrativa, teatro y escritura experimental, entre otros, y nace con criterios de calidad y vocación de continuidad en el tiempo.

La imagen exterior de los libros ‘A cuentagotas’ es obra de la fotógrafa y diseñadora gráfica Rocío Álvarez Cuevas, que fue seleccionada a través de una convocatoria dirigida a jóvenes ilustradores para realizar las portadas. La selección de la editorial encargada de publicar los libros se realizó a través de un concurso administrativo adjudicado a la Librería Universitaria de LeónEolas Ediciones.

Los libros de la Colección

  1. ‘La poesía leonesa y la Colección Adonáis. Una historia revisada’ (Ensayo), de Sergio Fernández Martínez.
  2. ‘Continente’ (Poesía), de Silvia Abad Montoliú
  3. ‘El velamen del desvelo’ (Metapoesía), de Mareva Mayo
  4. ‘La diáspora de las aves’ (Poesía) de Marina Gay Ylla

Se pueden adquirir online en:

Portadas de los cuatro primeros números de la colección de Libros… “A cuentagotas”:

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