Álvaro Caboalles rinde homenaje a las mujeres del carbón en «Carbón. Negro.»

Nº 7 de la colección ‘Libros… a cuentagotas’.

El séptimo número de la colección de libros ‘A cuentagotas’ ya está en las librerías. En ‘Carbón. Negro.’ (Eolas Ediciones), el dramaturgo y performer leonés Álvaro Caboalles vuelca el resultado de su personal proceso de investigación «sobre lo que queda de la minería en León», un trabajo en el que cobran voz protagonista «las mujeres del carbón». El libro es, también, el esqueleto de una pieza performativa homónima, para cuya puesta en escena su autor recibió una ayuda a la creación joven del Injuve.

La colección ‘A cuentagotas’ está auspiciada por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de León, a través del programa de ocio alternativo es.pabila, y nace con criterios de calidad y vocación de continuidad, al cuidado de Eloísa Otero, con diseño exterior y portadas de la fotógrafa y diseñadora gráfica Rocío Cuevas.

Álvaro Caboalles (Ponferrada, 1994) se define como un «creador escénico» en el campo de las «artes vivas». Y eso engloba un cruce de facetas y de saberes: actor, performer, dramaturgo, director, autor, investigador, escritor… Con Carbón. Negro., ha buscado, sobre todo, rendir un homenaje a los mineros y, especialmente, a «las mujeres del carbón» a las que da voz.

Titulado superior en Arte Dramático por la ESADCyL y Máster en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura por la UAM (con un itinerario mixto entre las ramas de Teoría del Arte y Cultura Visual), Álvaro Caboalles desarrolla actualmente su tesis doctoral, «Práctica escénica española tras el 15M: Contextos, Espacios y Compañías». Desde 2020 es profesor colaborador del IED Madrid (Instituto Europeo del Diseño) en el departamento de Visual Arts. Y desde hace unos meses (verano de 2021) ejerce como gerente de MACOMAD (Coordinadora Madrileña de Salas Alternativas), donde desarrolla su trabajo como gestor cultural.

Hace solo unos días, la revista El Cultural seleccionó a Álvaro Caboalles entre las «diez firmes promesas de la autoría teatral que protagonizarán nuestra escena en los próximos meses». Y así es como se resumía la trayectoria de este joven ponferradino que cree que «otro tipo de teatro es posible»:

«Carbón. Negro., desarrollada gracias a las ayudas de creación del INJUVE, y Generación Perdida son sus cartas de presentación. Influido por el movimiento in-yer-face, su teatro busca entre las agitadas aguas de Mark Ravenhill, Falk Richter, Milo Rau y Sarah Kane. En español se deja arrastrar por escenas tan diversas como las de Lorca, Eusebio Calonge, Liddell, María Velasco, Lola Arias, Marco Layera o Emilio García Wehbi. “Admito acudir a propuestas que propongan líneas que están más allá de un teatro de texto. No suelen abundar en la escena española”, señala (…). El tejido alternativo es una de sus más firmes apuestas, esencial para poner los pilares de la cultura de base: “Ocupa el lugar del riesgo, del compromiso y de la experimentación. En las salas off he aprendido cosas que aplico en la actualidad”. Y para los teatros públicos, Caboalles pide riesgo y diversidad porque “seguimos produciendo un concepto de ‘teatro moderno pero sin pasarse’, aunque existen excepciones”. Y por pedir, pues que llegue ya el Estatuto del Artista…».

Y hace solo unas semanas, el jurado de los Premios Arte Joven 2021 (Instituto de la Juventud de Castilla y León) otorgó el segundo premio (accésit) a Álvaro Caboalles en las categorías de «Artes Escénicas: Teatro» y «Letras Jóvenes: Narrativa/Teatro», por su pieza «Generación Perdida + miedo perder(-nos)»(estrenada en el Teatro Bergidum de Ponferrada el pasado 19 de junio de 2021).

:: Fragmento de «Carbón. Negro.»

(…) Una amiga de Carmen María nos espera con un café.
Me enciendo un cigarro y consumo otros tres más sin apenas tiempo para notar la falta de nicotina en mi cuerpo.
Ellas me hablan de lo que fue Fabero, yo pienso en lo que fueron estas comarcas y me acojono.
Y pienso en el sentido de contar todo esto, con qué derecho asumo esta historia.
Escucho sus palabras.
Y me invade la rabia.
Y me invade la historia.
Y me invaden las historias de tres mujeres.
Me abren las puertas de sus casas.
Enciendo la grabadora y comienzan a contar su historia. (…)
[…]
(…) Quizá el sentido más íntimo de esto sea llevar por apellido el nombre de un pueblo minero.
Quizá esto no haya sido la historia oficial contada.
Quizá algunas personas se hayan ofendido por lo vivido aquí.
Quizá algunos políticos piensan que lo hicieron bien.
Quizá algunos hoy nos miren desde allá arriba con una sonrisa.
Quizá podamos pensar que esto no se ha terminado para siempre.
Quizá nunca logremos olvidar la minería como ejemplo de la lucha de la clase obrera. (…)

Álvaro Caboalles.

:: Sobre «Carbón. Negro.»

LUMINARIAS DESDE LA MEMORIA
[Nota de la editora]

«Los destellos de las lámparas recorren la galería en un baile macabro hasta detenerse en un punto. Siguiendo ese cordón de luz hasta su origen hallaremos un cuerpo desplomado. Se apagan los hombres y siguen sus luminarias indicando un camino que ya no recorrerán, pero si seguimos esa llama siempre les encontraremos».
(A Orlando, José Luis, Roberto, Manuel, Juan Carlos, Antonio y a tantos otros…)

Juan Carlos Pajares (“Poética del desamparo”)

Por ELOÍSA OTERO

Luminaria. Es la palabra que surge en mi cabeza cuando leo Carbón. Negro., el texto performativo de Álvaro Caboalles que viene a ser como el esqueleto, o soporte textual, sobre el que se asienta su trabajo homónimo sobre el escenario, pero también una investigación personal, que ahonda en las raíces familiares del autor, y un ejercicio de memoria arropado en la voz de “las mujeres del carbón”. Cuna, cuenca, hulla, huellas.

La cita que encabeza este texto (la recordé y busqué en el último libro de Juan Carlos Pajares, cuando apareció en mi cabeza la palabra «luminaria») está dedicada a los seis mineros (cuatro leoneses, uno asturiano, uno gallego) que murieron el 28 de octubre de 2013, intoxicados por un escape de grisú, en el Pozo Emilio del Valle, en la localidad leonesa de Llombera de Gordón. Faltaba solo una hora para que acabara su turno cuando, al picar carbón, se produjo el escape. No hubo explosión, según el servicio de Emergencias de Castilla y León. Pero el gas se llevó por delante a Juan Carlos Pérez, Manuel Mouro, Antonio Blanco, Orlando González, José Luis Arias y Roberto Álvarez. Ninguno de ellos había cumplido los 50 años. En ese mismo accidente, el más grave de la última década, otros ocho mineros resultaron heridos. Desde entonces han pasado ocho años sin que un juicio haya depurado las posibles responsabilidades.

Año y medio después de aquel terrible accidente, en marzo de 2015, falleció otro minero, José Pereira Díez, de 42 años, por un derrumbamiento en la mina de Salgueiro, en Torrre del Bierzo, entonces propiedad de Victorino Alonso. Y es este último accidente el que dio a pie a esta investigación de Álvaro Caboalles, a quien le gusta hablar en tiempo presente:

«En ese momento yo estoy estudiando Arte Dramático en Valladolid, y cuando escucho la noticia pienso: ¡Todavía hay gente que muere en la mina! Mi familia es de Páramo de Sil, de Toreno… mis raíces se hunden en las comarcas mineras… Así que empiezo a investigar sobre lo que queda de la minería en León, visito el pozo Salgueiro, hago fotos… Sigo haciendo visitas a sitios abandonados, al Pozo Santa Cruz, lavaderos… E intento que me acompañen mi padre o mi madre, y que me cuenten historias que les contaban sus padres…».

Según avanza en su investigación, Álvaro, que ya había realizado pequeñas performances, empieza a pensar en que esta puede ser su primera gran pieza escénica. Y en 2018 se presenta a la convocatoria del Injuve.

«Estando en París, me entero de que me han concedido la ayuda para poder producir la pieza, y claro, ¡menuda alegría recibir apoyo económico institucional por primera vez en mi vida! En esas fechas, por otras historias que me contaba mi abuela, me pongo también a bucear o intentar entender cuál es la visión de la mujer, con un posicionamiento de género por mi parte, en el sentido de visibilizar a la mujer, que es la que se queda en casa, la que cuida los hijos y el hogar. Y en enero de 2019 lanzo un mensaje en Facebook, destinado a los grupos de FB vinculados a la minería, explicando que me gustaría conocer testimonios de mujeres del Bierzo y Laciana».

Es así como contacta con «las mujeres del carbón» –como les gusta denominarse a ellas mismas– y empieza a realizar las primeras entrevistas para construir la «autoficción colectiva» que quiere ser Carbón. Negro. En todo ello juega un papel importante Raquel Valbuena, que fue quien le facilitó una reunión con las mujeres del carbón de León. «A partir de su testimonio —son horas y horas de grabaciones, de las que elegí los momentos mejores— construyo la segunda parte de la pieza, más allá de lo artístico y de lo personal, para representar también el propio proceso de construcción de la obra».

Álvaro Caboalles en un momento de «Carbón. Negro».

El estreno en el Museo del Ferrocarril de Ponferrada resultó, según recuerda Álvaro, «muy especial y muy emocionante», con mujeres de las distintas cuencas mineras entre el público. «Hubo un momento muy bonito en que ellas de pronto empezaron a gritar: Aquí están, estas son las mujeres del carbón… Sus compañeros entendieron perfectamente el lugar desde el que se hablaba…».

No está de más recordar, aquí, que hasta hace menos de treinta años las mujeres tenían prohibido entrar en las minas de carbón de nuestro país, aunque antaño sí realizaran trabajos en zonas exteriores, como los lavaderos. En diciembre de 1992, una sentencia pionera del Tribunal Constitucional reconoció el derecho de cuatro mujeres a acceder a sus puestos de trabajo en el interior de los yacimientos de la empresa estatal Hunosa (Hulleras del Norte) en Asturias, sentando precedente en la historia de la minería en España.

Conviene no olvidar, tampoco, que en nuestra provincia, como en otras, el carbón enriqueció durante más de un siglo a un número muy concreto de empresarios mineros —en su mayoría codiciosos sin demasiados escrúpulos— a costa del trabajo duro y en condiciones tantas veces extremas de miles de trabajadores, leoneses y foráneos que se asentaron en las cuencas; y a costa, también, de la muerte de un significativo pero todavía desconocido número de ellos por intoxicaciones, explosiones, derrabes, desprendimientos, también por incumplimientos de las medidas de seguridad…

Y es que, aunque parezca increíble, el número de muertos en accidentes mineros en León nadie lo ha sumado todavía, después de más de un siglo de extracción de carbón en esta provincia.

Lo leo en un reportaje de Manuel C. Cachafeiro, fechado el 6 de marzo de 2021 en el periódico decano de León: «Solo existen cifras oficiales de las últimas décadas del siglo pasado, aunque de todos y cada uno de los accidentes debe haber el correspondiente acta en los diferentes archivos, explica el antiguo dirigente sindical y hoy teniente de alcalde de Fabero, Pedro Monasterio. (…) “Serán cientos, miles incluso durante más de un siglo”, añade Monasterio, recordando que todavía en los años 90 se mataba un minero casi al mes en las cuencas leonesas». Y eso sin hablar de los muertos por silicosis.

«Sería importante, para nuestra memoria colectiva, saber cuántos hombres murieron en total. Sería interesante que alguien hiciera ese recuento», comenta el director del Museo de la Siderurgia y la Minería de CyL, Roberto Fernández, en ese mismo reportaje, y añade: «Solo en Hulleras de Sabero esa cifra de muertos alcanza las 164 víctimas. Están las de las grandes empresas y, no nos olvidemos, las de muchas pequeñas minas y chamizos durante más de 100 años».

Sí, cada cuenca minera, o lo queda de ellas, guarda todavía en su subconsciente colectivo el relato de las grandes tragedias que marcaron su historia y las vidas de sus habitantes, dejando viudas y huérfanos. Y de eso habla este libro.

Reseñamos aquí algunos pocos de esos accidentes, los más terribles que se han producido en León desde mediados del siglo pasado:

· El 10 de junio de 1954, en una mina de Casetas de Oceja, en La Ercina, murieron catorce mineros por una explosión de grisú.

· En Gordón no se olvida la tragedia del Grupo Socavón, en los años 50 del siglo XX, con nueve muertos, y ya en este siglo, el 28 de octubre de 2013, el escape de grisú en el Pozo Emilio del Valle de la HVL, una de las minas más seguras, donde perdieron la vida seis trabajadores y ocho resultaron heridos.

· En Laciana no se olvida una fecha, el miércoles 17 de octubre de 1979, en pleno ‘boom’ de la minería, cuando perdieron la vida diez mineros en el Pozo María de la MSP, en Caboalles de Abajo.

· En Fabero el peor accidente fue el de Combustibles (Grupo Río), en el que ocho mineros perdieron la vida un 19 de noviembre de 1984.

· En Caboalles de Arriba, en octubre de 1996, un desprendimiento de carbón dejó dos mineros muertos en la mina Escondida.

· En Villablino, octubre de 2000, dos picadores de Unión Minera del Norte (Uminsa) murieron sepultados en una pequeña explotación de montaña, concesión de la MSP.

El último accidente que tuvo lugar en León, en 2015, fue el que llevó a Álvaro Caboalles a indagar en estos temas y preparar una pieza escénica que se estrenó meses después de que las últimas 26 minas de carbón que quedaban en Asturias, Aragón y Castilla y León echaran el cierre definitivo un 1 de enero de 2019.

Álvaro Caboalles en la obra ‘Carbón. Negro’.

«(…) La explosión le había metido el carbón en la carne. Bajo la piel de sus manos, unas manchas negras recordaban aquella sepultura en vida. De pequeña me quedaba mirándolas, intrigada. (…)»

Noemí Sabugal (“Hijos del carbón”)

Para Álvaro Caboalles, este texto final de Carbón. Negro. entra dentro de lo que se entiende como «escritura performativa». «Sí. Es una pieza construida desde el cuerpo, y hay en ella mucho de poner el cuerpo, de sumergirme en el viaje que viví [hasta entender lo que estaba sucediendo con la minería]», apunta.

Él mismo se define como un «creador escénico» en el campo de las «artes vivas». Y lo explica así: «Escribo mis piezas, me dirijo a mí mismo, actúo, intervengo… como autor, como creador, en un cruce de elementos y de saberes».

Sirva este texto, pues, de homenaje a los mineros y a «las mujeres del carbón» a las que Álvaro Caboalles ha dado voz (aplausos), y sirva también de memoria y denuncia de un sector que durante más de cien años llenó de vida y manchó de sangre las cuencas mineras leonesas para luego dejarlas devastadas y abandonadas a su suerte, así, sin más, trocando las esperanzas y el futuro de miles de personas y de familias en una ausencia total de alternativas, paro y pobreza sin expectativas… de las que será muy difícil salir a medio plazo, por no decir imposible, y mucho más después de que nuestros gestores públicos malgastaran o dilapidasen las millonarias ayudas para «la reconversión del sector», sin que nunca haya nadie a quién pedirle cuentas.

(Tristeza. Más aplausos… Cae el telón)

Como creador, Álvaro Caboalles —licenciado en Arte Dramático y Máster en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura, con un itinerario mixto entre las ramas de Teoría del Arte y Cultura Visual—, explica que sus intereses se centran «en la creación escénica contemporánea y, más concretamente, en las artes vivas, bajo los condicionantes de la identidad, la herencia cultural y la noción de sujeto político dentro de la sociedad», con una especial atención a «los conceptos relativos a la cultura de internet, lo performativo y lo (re-)presentable», situándose a sí mismo «en los límites de las artes y las expansiones y periferias de lo escénico».

Desde el curso 2020/2021, es profesor colaborador del IED Madrid (Instituto Europeo del Diseño), en el departamento de Visual Arts. Y en el verano de 2021 asumió la gerencia de MACOMAD (Coordinadora Madrileña de Salas Alternativas), donde desarrolla su trabajo como gestor cultural. Todo ello lo compagina con el desarrollo de su proyecto de tesis doctoral, Práctica escénica española tras el 15M: Contextos, Espacios y Compañías, bajo la dirección del profesor Mauro Jiménez en el departamento de Literatura Comparada de la UAM.

Hasta ahora, ha publicado sus trabajos de investigación en revistas académicas de estudios teatrales como Revue Sken&graphie (2021), PYGMALION: Revista de teatro general y comparado (2020) o en Acotaciones: Investigación y Creación Teatral (2018). También ha presentado parte de sus trabajos en congresos y libros colectivos.

Como intérprete, ha trabajado en producciones como En la Fundación, con La Joven Compañía, o Quorum, con Rui Horta. A nivel no formal ha realizado «procesos vinculados a la creación contemporánea y las prácticas artísticas situadas fuera del canon» con artistas y creadoras como Jan Fabre, Rui Horta, Alex Rigola, Niño de Elche, Pilar Albarracín, La Tristura, Guillermo Weickert, Alberto Velasco, Abel Azcona o Yolanda Domínguez. Sus trabajos se han podido ver en teatros, festivales, museos, galerías y espacios alternativos del territorio nacional…

«Me gusta la diversidad. Me encuentro cómoda en ella», afirma con sencillez.

:: Sobre la colección ‘A cuentagotas’

‘Libros… a cuentagotas’ es una iniciativa del programa de ocio alternativo es.pabila (Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de León) para dar visibilidad al trabajo literario realizado por jóvenes autores y autoras menores de 35 años y vinculados a León. «Más allá del empeño entusiasta que han puesto en ella cuantos participan en su gestación, esta colección espera servir de acicate y estímulo, pero también de conocimiento del medio a quienes empiezan a dar sus primeros pasos como escritores y escritoras».

La colección, al cuidado de la escritora y periodista Eloísa Otero, está abierta a todo tipo de géneros literarios: ensayo, poesía, narrativa, teatro y escritura experimental, entre otros, y nace con criterios de calidad y vocación de continuidad en el tiempo.

La imagen exterior de los libros ‘A cuentagotas’ es obra de la fotógrafa y diseñadora gráfica Rocío Cuevas, que fue seleccionada a través de una convocatoria dirigida a jóvenes ilustradores para realizar las portadas. La selección de la editorial encargada de publicar los libros se realizó a través de un concurso administrativo adjudicado a la Librería Universitaria de LeónEolas Ediciones.

“Más allá del producto final (un pequeño libro), lo que nos importa en este proyecto es que los jóvenes autores puedan conocer de primera mano el proceso de elaboración de un libro, desde que se escribe hasta que se publica, y que tomen contacto con el funcionamiento del mundo editorial”, apunta Eloísa Otero, editora y coordinadora de ‘Libros a cuentagotas’. Tanto ella como la diseñadora de las preciosas cubiertas de los libros, Rocío Cuevas, al igual que los editores de Eolas, Héctor Escobar y Raúl Sánchez —que son los que al final envían el libro a imprenta y lo publican en su sello—, tienen claro que lo que ponen en este empeño, además de su profesionalidad, es tiempo, cercanía, paciencia, mimo, cariño y buen hacer, acompañando a los jóvenes autores en su aventura de publicar un libro, probablemente su ópera prima, y también a la hora de presentarlo al público.

Los libros de la Colección:

  1. ‘La poesía leonesa y la Colección Adonáis. Una historia revisada’ (Ensayo), de Sergio Fernández Martínez.
  2. ‘Continente’ (Poesía), de Silvia Abad Montoliú
  3. ‘El velamen del desvelo’ (Metapoesía), de Mareva Mayo
  4. ‘La diáspora de las aves’ (Poesía) de Marina Gay Ylla
  5. ‘Diario para perder el tiempo’ (Escritura experimental), de Luis Martínez Campo
  6. ‘Pan de mar’ (Poesía), de Sara Abad Reguera
  7. ‘Carbón. Negro.’ (Escritura performativa), de Álvaro Caboalles
    En preparación:
  8. ‘Todas las aves fénix’ (Poesía), de Álvaro Delgado Ordás
  9. ‘Carne y Barro’ (Escritura experimental), de Pilar Cañas Martínez

Se pueden adquirir online en:

Seis primeros títulos de la colección. Las cubiertas son obra de Rocío Álvarez Cuevas.

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